Una embajada usada como bunker narco para luego derivar cargamentos en valijas hacia destinos europeos y rusos. El 13 de diciembre de 2016, el embajador de Rusia en Argentina, Viktor Koronelli, y tres miembros del servicio de seguridad federal ruso informaron al gobierno argentino sobre un descubrimiento de 12 valijas sospechosas en el anexo de la Embajada de Rusia en Buenos Aires, en el corazón de Recoleta.

En la noche de ese mismo día, gendarmes entraron a la Embajada rusa para chequear la información y ver qué había en las valijas. Se encontraron con 389 kilos de cocaína de máxima pureza.

Ante el shock por la cantidad y calidad encontrada en un espacio diplomático, los gendarmes lejos de reprimirse, no perdieron tiempo y decidieron ir al Mercado Central a buscar la misma cantidad pero de harina teniendo en cuenta que a las 6 de la mañana entraba el personal de la Embajada para trabajar. A las 3 de la mañana fueron al mercado junto a personas de la policía fronteriza para comprar casi 400 kilos de harina. Las siguientes horas las pasó el equipo de gendarmes reemplazando la cocaína con harina y colocando un rastreador GPS dentro de cada una de las valijas.

Fue el comienzo de una investigación que duró más de un año, llena de bordes cinematográficos y que desencadenó una operación llamada 12 Reinas, entre policías y agentes de los servicios secretos rusos y argentinos.

El 22 de febrero de 2018 se conoció oficialmente la noticia con fotos de paquetes con la cocaína que tenían un signo de una estrella grande en cada uno, todos esperando ser despachados desde un edificio anexo de la embajada en Buenos Aires. Un funcionario diplomático ruso y un oficial de la policía argentina están entre los más complicados, además de otras cuatro personas que colaboraron en la logística.

El envío (de harina), después de un año de espera con idas y vueltas en el depósito del anexo, llegó a Rusia en diciembre de 2017, estaba disfrazado de equipaje diplomático en un avión oficial del gobierno ruso.

Iván Blizniouk (35), es un subinspector de la policía de la ciudad, hijo de rusos. Había ingresado a esa fuerza el 10 de agosto de 2013 proveniente de la Prefectura Naval Argentina. Blizniouk venía de años de contacto con el gobierno ruso, allí hizo estudios de posgrado en perfiles criminales y seguridad marítima, con conocimientos en controles y contactos aduaneros en la Universidad del Ministerio del Interior de San Petersburgo. También viajó a Rusia para cursar una tecnicatura superior en Lingüística y Literatura. Pero terminó siendo el nexo entre el cártel colombiano y los narcos rusos y alemanes que estaban esperando las valijas. Lo atraparon en el aeropuerto de Ezeiza, cuando regresaba de Roma junto a su pareja, acusado de proporcionar contactos para pasar por los controles aduaneros.

Sus socios en Buenos Aires fueron un ruso nacionalizado argentino llamado Alexander Chikalo y el ex contador de la embajada Ali Abyanov, quien dejó su cargo en julio de 2016 y se lo señala como quien ingresó las valijas a la sede de la calle Posadas.

Quien piensan que lideraba la operación, el ruso Andrey Kovalchuk, está prófugo. Vivía en Alemania, pero visitó Argentina en varias oportunidades como encargado de la logística para la salida del cargamento.

Según información oficial, las 389 kilos tenían un valor de más de € 50 millones ($ 62 millones de dólares), se estima que eran de origen colombiano y que tenían como destino principal el turismo en el Mundial de la FIFA.

El envío de las valijas a través de la correspondencia diplomática sin pasar por los habituales controles aduaneros significaba que serían remitidas directamente a la puerta del avión.