Desde los primeros días de noviembre, 416 Snack Bar es un nuevo bar de tragos y snacks gourmet (o picadas, en castellano), made in Canadá y directamente importado de Toronto. De hecho, el numero 416 no corresponde a ningún barrio, dirección o calle de Buenos Aires si no que justamente representa el código telefónico del District de Toronto. 

En Buenos Aires, la historia del bar tiene que ver con la primera iniciativa de su gerente, Mike: un joven emprendedor de remera larga y con gorra hip-hopera, ex-empleado de una agencia de Marketing y gran fan de la buena vida, quien dejó todo para instalarse en Buenos Aires. El lanzamiento del proyecto fue imaginado desde el inicio mismo del concepto; Mike fue primero un cliente del Snack bar en Toronto antes de volverse su nuevo manager en Argentina.

En Canada, solía cenar en su Snack bar preferido tres a cuatro veces por semana. Así se conocieron con Adrian, el dueño del concepto inicial, y con Cristobal, el Chef del primer restaurante y actual Chef del nuevo lugar en Buenos Aires; ellos tres siendo al principio vecinos antes de hacerse socios y amigos. Convencido y enamorado de la ciudad desde varios años, Mike, junto con sus nuevos colegas, pudo duplicar acá este mismo espacio « etnico chic »; un bar downtown para noches de after-work, o el último refugio de la comunidad creativa y multicultural de la capital.

416 Snack Bar en Toronto

Ubicado en el corazón de Palermo, cada noche el 416 recibe un mix/urbano de diferentes públicos, mitad argentinos – mitad extranjeros, gente con quienes hoy en el bar se habla inglés, castellano, ruso, japonés o portugués. El lugar está lleno, los clientes se saludan y se sonríen, todos parecen conocerse y desde ya, tener sus costumbres en el bar a pesar de su reciente apertura. La atmósfera ruidosa y cálida que planea ahí, crea un ambiente en el que uno se siente bienvenido y tratado con una atención muy especial (hasta personificada), y se deja mecer por un flow musical de lo más sexy, por la buena onda y la sensación de volverse un conocido, un reconocido. La música suena moderna, de estas playlists under dentro del genero electro-pop actual y sobre todo, de lo más groovy que pueda ser, me contesta Mike. « La hospitalidad es la llave » insisten Mike y Cristobal, quienes llaman a todos sus clientes por su nombre y de vez en cuando, se levantan de la mesa para abrazar a unos, como si reunían y encontraban ahí otra pertenencia/familia de la noche.

« Service is the focus, and a warm regular contact », concluye Mike en unas cortas palabras con acento canadiense, y con todo el estilo de la síntesis, y de la eficacia anglosajóna! En el 416 se pica con las manos, se comparten mesas largas y altas de madera ubicadas en el centro del bar, y desde las que se puede mirar el show del staff actuando ahí. « 6 people in front and 3 in back » me confirma Mike.

Exigencia y refinamiento también definirían el 416 Snack bar. La carta del lugar, bastante corta y precisa, ofrece tragos y cocteles elegantes y una selección de vinos de alta calidad, de los más finos que pude probar en un bar de la capital últimamente. Especialmente, en esa noche en la que conocí el 416, el vino blanco Vicentin de cepage Malbec fue una delicia de frescura seca, a la vez suave y tónica en boca, con la justa tonalidad. El único vino rosado « Laborum », hecho en Cafayate por la bodega El Porvenir, se revela increíble. De un rosa intenso, va dejando una ronda de lagrimas finas en la copa, dando ligeras reverencias secas y a la vez muy frutales en boca, sin caer en algún mal paso de demasiado dulzura/espesa. Igualmente, el bar propone cuatro tipos de cervezas artesanales, fabricadas por productores locales argentinos, y un solo cidre, todo resultando de una selección especial y rigurosa. 

Por fin el menu del 416, muy variado, deja explorar la esencia real del Snack bar. Se compone exclusivamente de bocaditos « etnicos » con base en recetas tradicionales de los cinco continentes, y cuyos sabores exóticos y reinventados halagan a grandes clásicos de la gastronomía internacional. Los « snacks » o « dishes » del lugar se proponen como una reinterpretación de las típicas « tapas » españolas, u otras cazuelas bistronómicas, de forma en que cada plato se vuelva una degustación para compartir. La carta representa una cuisine pop y multicultural, fiel a la imagen y al ambiente del lugar. Invita a un nuevo descubrimiento culinario lo cual solo pretenderá satisfacer a un hambre momentáneo, dando para unas mordidas no más, y responde a todo tipo de ganas. Cocina asiática, caribeña, francesa, mexicana, italiana o judía, picante o no.

korean fried chicken

« Es una forma social de poder compartir las diferencias culturales que cohabitan en las ciudades de hoy. En Toronto, la noción del compartir desde la comida extranjera está muy desarrollada » me explica Mike. Para los pueblos urbanos, el fuerte mestizaje ciudadano, lo cual resulta de olas de inmigraciones viniendo de todos horizontes, ya se volvió el color real de las metrópolis, llevando con el nuevas costumbres, gustos y formas de cocinar de orígenes extranjeros, convidando a abrir su mente y sorprender sus papilas. Mientras sigo conversando con Mike, me preparan unos snacks de la selección del chef Cristobal. Y tal como están nombradas en la carta, me presentan en inglés cada una de las picadas que, esa noche, parecen llegar sola a la mesa.

reuben sandwich

El primer snack es un Spicy Tuna Handroll, servido tipo wrap en forma de cono con su salsa de jengibre, fresco y muy liviano. Cuando aparece el segundo plato me quedo sorprendida por el cambio radical de sabor, y ya siento que sería mi preferido:  un Steak Tartare revisitado sobre un tartine de pan de campo casero, un rústico crunchy y ritmeado con mucha mostaza. Desde/para mi, son unos 10 sinceros puntos! El Steam Bun, que lleva veinte horas de proceso para lograr obtener esta típica masa vietnamita del Bahn boa, viene relleno con un salteado de cerdo versión taiwanesa. Desde lejos, fue el mejor Boa que pude comer desde hace dos años, lo cual también me parece ser un plato de los más delicados en el 416. Según las indicaciones del chef quien me acompaña en mi degustación, termino probando el Korean Fried Chicken ; aquellos bocaditos « estrella » del lugar en Canada como en Argentina. Hechos con pollo frito y salsa coreana gochujang, se torna en una explosión de calor y especias en la boca. 

steak tartare

Cristobal, hijo de padres Chilenos, quién se formo con un Chef francés en Toronto, reafirma su intención de brindar una propuesta que realmente pueda sorprender, o que tampoco se adapte al gusto local. Seguro de que la ciudad de Buenos Aires ya este lista para recibir este concepto, y seducir así a la noche porteña. « …crazy night life here in BA! » se exclama Mike como si fuera escondida ahí la razón /la llave de su éxito.     

Abierto todos los días desde las 17h de la tarde hasta las 2h de la mañana, el 416 Snack bar es un nuevo concepto en BA, animado por gente trendy, dinámicos y optimistas quienes hacen lo que les gusta. Es el lugar perfecto para desconectar en after-work o salir una noche de semana en un ambiente a la vez chic y muy relajado.

416 Snack bar – Carranza 1940 – Palermo – De miércoles a lunes de las 19 hasta las 02.