American Apparel llegó a facturar a mediados de los 2000, unos 600 millones de dólares en ventas anuales y operó cerca de 300 tiendas en todo el mundo, según Bloomberg. Entre los principales minoristas de ropa líder, fue explícito en su compromiso con Made-in-America. Con unos 2.600 empleados, su base en el downtown de Los Angeles, fue la mayor fábrica de ropa en los Estados Unidos.

Pero el sueño americano una vez más terminó derretido. Una suceción de hechos desafortunados hicieron que American Apparel sea sinónimo de explotación sexual y concurso de quiebras.

Después de la caída del mercado de Wall Street 2008-09, AA estaba muy endeudada y en paralelo comenzaban a salir del closet denuncias contra su fundador y CEO de entonces Dov Charney: cuatro mujeres ex empleadas presentaron una demanda acusándolo de acoso sexual en 2011, incluyendo demandas de que él abusó sexualmente a uno de ellas durante una entrevista de trabajo. En 2012, fue acusado de agredir física y verbalmente a una gerente de tienda de American Apparel.

También se dijo que había comprado juguetes sexuales para los empleados como regalos y que varias veces se lo vio corriendo por los pisos de la fábrica usando solo calzoncillos. Sin embargo, las demandas fueron resueltas, y la firma apoyó públicamente a su fundador en ambos casos. Charney dijo en ese momento, que él era “un blanco para demandas infundadas”.

Pero en el momento de los juicios, la empresa le soltó la mano. En 2014, Charney fue derrocado como CEO por cargos de “mala conducta” y luego despedido por el consejo de AA. Al año siguiente, American Apparel se declaró en bancarrota. El intento de su fundador de recomprarla con la ayuda de dos firmas de inversión fue negado. Lo que siguió fue un derrotero de futuros compradores, el cierre de todas sus tiendas y despidos masivos.

Creada por Dov Charney en 1989 como un proyecto que tuvo la mística de los de Silicon Valley (comenzó la empresa en su dormitorio en la Universidad Tufts) esta semana, a través de sus redes sociales, los nuevos propietarios (un holding canadiense muy reconocido en el mundo textil deportivo, Gildan Activewear) anunció el regreso triunfal.

Después de una serie interminable de controversias, entre las que también se cuentan sus campañas publicitarias abiertamente sexuales prohibidas en varios países, a principios de este año, se pensó que las tiendas estarían regresando de inmediato, pero el nuevo CEO dijo que eso no iba a suceder sino sólo de forma online y con el foco en la venta mayorista, aunque también en dos semanas se abrirá el stock para compras individuales. 

El punto más fuerte de la marca tenía que ver con cierto marketing enfocado en la transparencia a la hora de saber cómo y dónde se confeccionaba su ropa. En este caso, todo se hacía en su fábrica de Los Angeles, donde funcionaba su sede con instalaciones también en el centro de LA, Garden Grove, La Mirada y South Gate. 

Justo en tiempos donde Donald Trump le exige a las principales corporaciones de Estados Unidos fabricar sus productos en casa, los nuevos acreedores de la marca ya no piensan así. “California es un lugar muy costoso para tener personas que cortan y cosen”, dijeron. “Si quieres ser una marca americana, hay 50 estados en el país donde lo puedes hacer. ¿Por qué hacerlo en el estado más caro?. Según informaron, los nuevos productos se harán junto con Gildan Activewear en países como Costa Rica, Honduras y áreas del Caribe. 

We'll be back soon! Use #AAmodels for a chance to be part of our next campaign!

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