Aquello que fue un símbolo de los tiempos, se encuentra hoy muy cerca de ser una locación para The Walking Dead. Templo máximo de nuestra cultura, crooner del consumo chato y mega estructuras que desde mitad del siglo XX multiplicaron las superficies de placer y anonimato, construyendo algo mucho más fuerte que un no-lugar, un espacio donde se pasaba como si nada la infancia y adolescencia, donde se formó la mística de generaciones enteras entrenadas para consumir y olvidar de forma mecánica, como sus escaleras, como la atención de los empleados, gestando la actual identidad mecánica zombi ensimismada en un embudo tecnológico de daños colaterales y egos fuertes pero huecos que terminan siendo muro de los lamentos de millennials y fundamentalistas del aire acondicionado.

Los shoppings que mueren ya están causando estragos en los suburbios de Estados Unidos. Uno de ellos, Rolling Acres Mall en Akron, Ohio, abrió sus puertas en 1975 y se convirtió en el principal destino de compras para esa comunidad. Pero el tráfico de clientes comenzó a desacelerarse hace más de una década, las grandes tiendas abandonaron sus contratos de alquiler y el centro comercial comenzó a irse a pique. En 2013 se fue la última marca.

Durante ese período, Rolling Acres Mall fue escenario de varios crímenes. Un hombre sin hogar fue condenado a un año de prisión por vivir en una tienda que estaba vacía, otro hombre fue electrocutado tratando de robar alambre de cobre y el cuerpo de una posible víctima de asesinato fue encontrado detrás del centro comercial. El alcalde de Akron pidió a los residentes en julio del año pasado “mantenerse alejados de la zona”. Y tres meses más tarde comenzaron el proceso de demolición de las instalaciones.

Al igual que Rolling Acres, gran parte de los centros comerciales de todo el país están desapareciendo o en proceso y, en algunos casos, dejando a las comunidades sin trabajo y los edificios abandonados. Hubo 1500 delitos reportados en un centro comercial de Memphis entre el 1 de enero de 2012 y el 15 de julio de 2017, según una investigación realizada el verano pasado por el WBC Action News.

Los estudios demuestran que los que antes eran usuarios de estos lugares ahora están eligiendo cada vez más gastar el dinero en tecnología y experiencias como vacaciones sobre la ropa. Cuando hacen compras para vestirse, un número cada vez mayor de ellos va a las tiendas de descuento como Family Dollar, Dollar General, Dollar Tree, TJ Maxx y Walmart o directamente no se mueve y hace pedidos por Amazon.

Los lugares sagrados se van transformando en santuarios fantasma. Al mismo tiempo que cierran, van generando una red de nostalgia online que desde principios de los dos mil está dejando rastros. En Deadmalls.com, por ejemplo, la autoridad que a menudo se cita sobre el registro de las ruinas de consumo en los cincuenta Estados, funciona desde principios de este siglo, haciendo un trabajo arqueológico en resguardo de la memoria colectiva de una nación que lleva al consumo como un tatuaje.

La rutina de fotografiar los centros comerciales muertos o casi, donde generaciones enteras pasaron su juventud se ha convertido en una forma omnipresente de nostalgia compartida en internet. Para aquellos cuyos centros comerciales de la infancia ya no existen, están vacíos o se tambalean al borde del cierre, actúa como una forma de catarsis.

Desde entonces, los malls se han convertido en lugares de peregrinación para los que quieren dejar en claro lo que representaba en sus vidas. El fotógrafo Tag Christof es uno de ellos. Nacido en Nuevo México en la década de 1980, Christof, que creció visitando Villa Linda Mall en Santa Fe y Coronado Mall en Albuquerque, ha pasado los últimos cinco años cruzando el país en un esfuerzo por documentar los sitios arquitectónicos que desaparecen del paisaje. Si bien su proyecto fotográfico, llamado America is Dead, no se centra exclusivamente en los centros comerciales, juegan un papel central en la ilustración de su visión de una América que ya no existe.

A diferencia de otros fotógrafos que frecuentan los malls zombis, en particular los que trafican con el tipo de porno de ruinas que domina internet, alimentando una creciente obsesión pública por paisajes distópicos, el enfoque de Christof es mucho más fresco. Sus fotografías están impregnadas de color y luz natural que resucitan temporalmente los pasillos, super estacionamientos y sobre todo las entradas de los shoppings desiertos de Estados Unidos. 

Las imágenes de Christof ofrecen un viaje directo al sueño americano y sus consecuencias no deseadas, atravesado por la realidad de lo que sucede cuando las economías fallan y la gente deja de comprar. “Cada fotografía es tanto sobre el pasado como sobre el presente y el futuro, cuya afinidad por los paisajes estadounidenses y las escenas cotidianas muestran reverencia por los lugares comunes que se vuelven sagrados en nuestras vidas”. También aborda su trabajo con un profundo interés no sólo por el lugar que está fotografiando, sino también por la gente a la que le importaba. En las conversaciones que ha tenido con gente fuera de los malls, Christof ha descubierto que su papel consiste tanto en mirar como en escuchar. 

“La gente recuerda las visitas de celebridades, las decoraciones navideñas, las primeras citas incómodas, sus primeras compras por derroche, los primeros trabajos y el ahorro de sus asignaciones para comprar algo en alguna juguetería resplandeciente, la sala de máquinitas de juegos con los primeros pinballs de arcade, la primera película, etc”.

En su libro “Shopping Mall”, publicado este mes, Matthew Newton dice que describir estos centros comerciales como muertos es casi injusto. “En todo caso, han entrado en una nueva fase, en la que los árboles se arraigan en baldosas agrietadas y los gatos salvajes pasan desapercibidos, en la que los curiosos y artistas encuentran un sentido en la vida después de la muerte de un lugar que ha sobrevivido durante mucho tiempo a su intención original. Estos son los centros comerciales fantasmas, lugares donde el pasado, el presente y el futuro se derrumbaron simultáneamente”.

Pero si hablamos de internet también hay espacio infinito para lo pornográfico en cualquiera de sus sentidos, y en este caso puntual, los lugares sagrados son mostrados con morbo, ya no desde el exterior sino que se sumerge en las profundidades de ratas, derrumbe y destrucción. El fotógrafo Seph Lawless es uno de los que más reconocimiento tuvo por sus imágenes de alto impacto de una América post-apocalíptica, viajando por los suburbios y registrando el impacto de la crisis financiera y el auge de las compras en Internet sobre estos establecimientos, para su libro Black Friday.

“Empecé a hacer estas fotos hace un par de años”, dice Lawless, “Porque pensé que había una gran desconexión entre los estadounidenses y la realidad que los rodea, como que vivían en una burbuja que estalló, y quería mostrar las partes más abandonadas del país. Comencé con hospitales y casas y después fui por los shoppings”.

La decadencia de estos espacios sigue a la decadencia de las comunidades que los alimentaron. Sigue Lawless: “Cuando los adolescentes entraban en edad de salir con amigos, los padres los dejaban en el shopping. Era el sitio ideal para comer, ir al cine, y gastar, en un entorno controlado, con gente y guardias de seguridad. El mall como se lo llama en EEUU, era un símbolo del país. A su alrededor se estructuraba la vida social en los suburbios. Vivir en una zona con un buen centro comercial en el que hubiera tiendas caras y restaurantes de calidad no sólo era motivo de orgullo, sino que también elevaba el precio de los activos inmobiliarios del área”. Entre 1956 y 2005, EEUU construyó 1.500 malls. 

Esta documentación no para y también va por fuera de la fotografía. En YouTube, una serie documental llamada “Dead Mall” apunta a registrar esta ruptura. “Los jóvenes estadounidenses ven a los malls como un reliquia del pasado. Los ven como una cosa de sus padres, no de ellos”, cuenta el cineasta Dan Bell, que produce la serie que propone un tour fantasmagórico. 

En Argentina aún estamos en la fiebre, no hay ni signos de que los shoppings se mueran, todo lo contrario, por diversas razones. El comercio online es muy precario con un sistema de correos insólito (en Estados Unidos el correo está antes que la familia) y una aduana ídem, además de una trayectoria de estafas de las plataformas online que generan desconfianza. El nivel de construcción de shoppings en las afueras, rodeando autopistas, también creció en los últimos años de forma desquiciada.

La Ciudad de Buenos Aires sigue siendo la que tiene más de estos lugares por metro cuadrado, al igual que estadios de fútbol. En los 90s se pudo apreciar su época dorada (en todo el mundo) con una mística Disney en sus patios de juegos, cadenas de fast food y vacaciones de invierno con Pluto y Minnie.

Pero luego del 2001 todo cambió. Disney se fue y se tuvieron que ajustar, algunos desaparecieron, varios mutaron en sus directorios, y hoy la mayoría son manejados por un mismo grupo empresario que controla todos los Altos.

También sucedieron algunos fenómenos alrededor. Los floggers nacieron en Fotolog pero se hicieron tribu en las escalinatas del shopping del ex Mercado del Abasto. Allí pudimos conocer a Cumbio, las primeras peleas internas, las primeras selfies sin cámara frontal, pudimos ver a Nike conquistando otro mercado, con otros colores.

Y en los últimos años estamos viendo cómo los narcos, cual tribu urbana, arreglan sus internas ya no en las escalinatas sino en los estacionamientos de los shoppings mal. También sus patio de comidas, especiales para el anonimato masivo, son espacios que eligen para reunirse o en el peor de los casos, traicionarse.

 

 

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Julián es Web Editor en REGIA MAG. Escribe sobre temas de sociedad, cultura digital y artes visuales. Vive en Buenos Aires. Podés contactarlo por mail a julian@regiamag.com.