En el corazón del Islam, skateboarders, scouts, campos de béisbol y fútbol, school bus amarillos y casas ploteadas para navidad en diciembre. En Dhahran, una ciudad de unos 10.000 habitantes en Arabia Saudita que viven en una comunidad que simula ser San Francisco; un oasis de callejones sin salida llenos de árboles, piscinas y petróleo.

Allí nació en 1933, Aramco, que produce unos 10,5 millones de barriles diarios de petróleo y tiene reservas estimadas en más de 260.000 millones de litros, lo que la convierte en la mayor compañía petrolera del mundo. La compañía construyó el campamento de Dhahran poco después de su fundación para alojar a empleados que venían del exterior, sobre todo de Estados Unidos.

Para eso creó una maqueta con todos los clichés de los suburbios de la costa oeste americana, incluyendo canchas de tenis, de bowling, shoppings, callejones sin salida y otros toques occidentales.

Un nuevo libro documenta la vida dentro del complejo.

La fotógrafa Ayesha Malik creció en este típico suburbio americano. Sin embargo, su ciudad natal, Dhahran, se encuentra en la costa este de Arabia Saudita, a unos 8.000 kilómetros de distancia del barrio de California que se modeló después. Fuera de Aramco, las mujeres no pueden conducir, las tiendas cierran varias veces al día para orar, y los restaurantes están separados entre familias y hombres solteros.

“Legalmente, puedo tomar fotos en público, pero no siempre fue así. Durante años, los teléfonos con cámara se prohibieron en el centro comercial, pero no hay manera de que se pueda controlar en estos días”. Dentro del barrio, las mujeres conducen, se permiten conciertos de música, hombres y mujeres pueden ir de compras juntos. El alcohol está prohibido como en el resto del reino.

Con sus orígenes paquistaníes, su pasaporte estadounidense y sus antecedentes saudíes, Malik está perfectamente posicionada para documentar la identidad saudita, que ahora forma parte integral de su trabajo como fotógrafa. “Trato de no dejar que las restricciones a las mujeres se interpongan en mi camino”, dijo Malik hace unos días a TIME.

Ahora viviendo la mayor parte del tiempo en Nueva York, Ayesha Malik nació a un km del pozo No. 7 de Dammam, el pozo que inició la industria petrolera saudí en 1938. Se crió entre algunos de los campos petroleros y refinerías más grandes del mundo. Sin embargo, su hogar fue un oasis dentro del reino: la comunidad cerrada construida por las compañías petroleras estadounidenses que poseían Aramco antes de su nacionalización en 1980 para albergar a empleados de la compañía estatal que se conoce hoy como Saudi Aramco.

Ella documentó el entorno del complejo y el área cercana en una serie de fotografías impactantes que está publicando en su libro Aramco: Above The Oil Grounds. “Se parece a donde creciste, si creciste en una ciudad suburbana de Estados Unidos. Imagínate eso, pero también imagínate que está en plena Arabia Saudita”. El padre de Malik consiguió un trabajo en Aramco en 1980 y la fotógrafa creció dentro de sus límites practicando fútbol y sóftbol, jugando en la pileta después de la escuela y aprendiendo a conducir en el estacionamiento cerca de su casa, un privilegio negado a la mayoría de las mujeres de Arabia Saudita.