Por Ash Moros

La ciudad de Perth vio nacer a un puñado de bandas que conforman lo mejor que ha ofrecido la música australiana en los últimos tiempos y entre las que se destaca Tame Impala. En el epicentro de este semillero está un multiinstrumentista de 29 años que fue y es parte de todo, y que hoy demuestra ser más que la suma de sus proyectos con un disco solista que sorprende en cada giro y compás. Con ustedes, Cam Avery.

Contame un poco sobre tu infancia. ¿Cómo empezaste a relacionarte con la música?

Nací en Fremantle, Perth (Australia), pero viví mi primera infancia en un pueblo desértico, muy alejado de todo. Mi padre trabajaba manejando barcos y era además un líder religioso, por lo que los primeros siete años de mi vida crecí en un ambiente muy cristiano. Mi madre después lo dejó y volvió con nosotros a Perth, donde compartíamos una casa con su mejor amiga. No teníamos mucho dinero, y mamá tenía que manteneros a mi hermano y a mí. Finalmente conoció a mi padrastro, a quien considero mi verdadero padre. Con respecto a la música, de muy chico estuve en el coro de mi colegio, donde me animaban a cantar, y también tomé clases de piano, aunque nunca aprendí a leer música, era muy terco. Nos criamos escuchando jazz y soul; esa es la música que más resonó conmigo. A los 15 o 16 mi amigo Adam me enseñó a tocar la guitarra y al tiempo aprendí a tocar blues. Estaba obsesionado con Son House, Skip James y Muddy Waters, y después me empezó a gustar Jimi Hendrix. ¡Tocaba todos los días! Luego empecé una banda en el colegio con la que tocábamos covers, y a los 17 empecé a componer. Ser músico sucedió inconscientemente; de adolescente tenía una beca por jugar bien al golf, así que pensaba que me iba a dedicar a eso.

Fuiste parte de numerosas bandas: The Growl, Allbrook/Avery, Pond y obviamente ahora sos parte de Tame Impala. ¿Cómo llegaste a participar de todos estos proyectos?

The Growl empezó siendo un proyecto solista al que no quise llamar por mi nombre. Mi amigo Clint Oliver se unió y grabamos el primer EP, que se volvió bastante popular en Perth. Empezamos a llenar un local que se llamaba The Bakery donde tocaban todas estas bandas; de ahí nos embarcamos en una gira nacional. Luego me mudé con Kevin Parker justo después de que él llegó de una gira y empecé a grabar el primer disco de The Growl en un estudio que teníamos en casa, el mismo en el que Kevin hizo Lonerism. En aquel tiempo ya había conocido a todos los chicos de Tame Impala y Pond, y me hice muy amigo. Con Nick Allbrook empezamos a grabar juntos como un proyecto lateral, ya que The Growl y Pond se habían vuelto muy grandes para tocar regularmente en Perth y queríamos seguir haciendo shows. A Pond me uní cuando Kevin ya no podia estar más en la banda. Me preguntaron si quería tocar la batería y les dije que sí, aunque no sabía tocarla. Pasé todo un verano aprendiendo a tocar para poder irme de gira con ellos. Por entonces salió Beard, Wives, Denim y me pude ir con ellos de gira por Norteamérica. Finalmente, me uní a Tame cuando Kevin invito a The Growl a que abrieran sus shows en una gira, hace ya cinco años.

¿Cómo se siente ser parte de una banda tan conocida como Tame Impala? ¿Qué es lo más importante que hayas vivido con esta experiencia?

Me permitió ver mucho el mundo y conocer a personas increíbles. Las cosas más importantes que aprendí las aprendí de Kevin. Pude verlo crecer y convertirse en el músico más talentoso que conozco. Fue muy inspirador haberlo visto conseguir todo lo que logró como artista. Eso es lo mejor de estar en Tame.

¿En qué momento decidiste mudarte a Estados Unidos?

Estaba de gira con Tame cuando conocí a Jonathan Wilson. Estaba pensando en mudarme a Nueva York, así que le dije: “Man, creo que me voy a ir a vivir allá y a experimentar otra cosa; no muchos tienen la oportunidad de hacerlo así que la voy a aprovechar”. Me ofreció ir a pasar unas semanas con él a Los Ángeles para ver si no me gustaba más; y ya no me fui de ahí. Terminé de grabar mi disco solista, que inicialmente iba a ser para The Growl, en Los Ángeles. Hace muy poco me mudé a Nueva York.

La diferencia entre lo que hacías con The Growl y tu disco solista Ripe Dreams Pipe Dreams es enorme; pareciera que cuando empacaste para mudarte a miles de kilómetros tu trabajo atravesó un proceso similar. ¿Cómo fue la transición de tu música hacia esta dirección hermosa, grandilocuente y cinemática?

Estaba en Los Ángeles y pasaba mucho tiempo con Jonathan Wilson y su amigo Omar Velasco. Ellos me animaron a hacer un disco en el cual se me pudiera escuchar cantar. Vivir en Hollywood tuvo mucho que ver. Siempre comparo la especificación musical de Nueva York con la de Los Ángeles. En Nueva York las personas laburan nueve horas por día y luego se van a un bar, así que no tienen tiempo de escuchar música lenta y cinematográfica; quieren escuchar sonidos más movidos. The Strokes es New York. En cambio, en Los Ángeles las personas tienen esta mentalidad de que siempre brilla el sol en la ciudad. Todos tienen trabajos temporarios y estrellas en sus ojos, porque es la ciudad donde se hacen las películas; por eso se toman el tiempo de escuchar música más lenta. Tiene mucho que ver también con que los estudios son impresionantes. Al empezar a grabar le presté atención al lado de mi cerebro que ama la música con la cual crecí, la que me ponía mi madre de chico. Y me di cuenta de que ese tipo de música es la que más adoro; no fue que cambié mi gusto musical sino que volví al principio de todo, a lo que realmente me hace feliz. No se puede hacer un álbum así a los 18, porque a esa edad querés ser ruidoso y rebelde, tener mucha fuerza con tu guitarra, y este tipo de música no es popular. Me dejó de importar el que el disco llegase a ser un éxito o un fracaso, y terminó siendo lo más indulgente que he hecho: es lo que me gusta y lo que quiero hacer.

¿Cómo influyó en el sonido del disco el hecho de vivir en Los Ángeles?

Tuve la oportunidad de grabar la mitad de las cuerdas del disco en el mismo salón donde hicieron el tema de Psycho de Bernard Herrmann. Es la ciudad en la que se produjeron todas esas películas, una ciudad que facilita la ambición. Si querés crear algo nuevo ahí, te dicen que lo podés hacer. ¡Es Hollywood! Los sonidos de los salones, de los micrófonos viejos y las baterías tienen mucha historia, y así suena cuando escuchás el resultado; si querés que tu disco tenga un sonido un poco más antiguo, ese es el lugar para hacerlo.

Siento que actualmente muchos músicos le prestan más atención a la melodía y tal vez menos importancia a las letras. Tus composiciones son muy emocionantes, pero para mí sobresalen las letras. Se siente el romanticismo y la intimidad, se nota que escribiste algo muy personal. ¿Cómo es tu proceso al escribir música?

Siempre empiezo con las letras. El disco habla de cómo me siento al respecto de ciertas cosas o con personas. Se trata en parte del fin de una relación amorosa que tuve antes de irme de Australia, y se estiró hasta hablar de mi experiencia más reciente. Se basa en lo que me estaba sucediendo y ocupando mis pensamientos, y fue catártico, porque escribir esas cosas y poder usarlas para algo bueno fue muy liberador. Las temáticas del disco van de estar completamente enamorado de una persona a sentirse perdido en las manos de alguien. Claro que también hay temas como “Dance With Me” que son más metafóricos y no hablan de “bailar con alguien” realmente. El álbum se convirtió básicamente en un comentario de mis interacciones con chicas [ríe].

El disco tiene una composición poética notable. El uso de palabras y frases magníficas como “total, tender and tragic”, presente en una escena de la película Le Mépris de Godard; las referencias al alcoholismo; la prosa en “Whoever said Gambling’s for Suckers”… Tu manera de escribir podría verse como una versión moderna del estilo de Serge Gainsbourg, el último de los grandes poetas malditos. ¿Qué pensás sobre esta comparación?

Tengo esa frase de Godard tatuada en mi brazo. La letra de ese tema dice “I wear my confession on the inside of my arm, it reads total, tender, tragic”. Comparto ese tatuaje con otra persona, por eso escribí eso. Miramos la película juntos y siempre se lo decía; así de personales son las letras. Volviendo a la pregunta, siento que es muy halagador lo me decís pero creo que la referencia a ese término puede llegar a tomar forma en muchos estilo de música hoy en día. Si te ponés a escuchar ‘To Pimp a Butterfly’ de Kendrick Lamar te das cuenta que es muy auto-despectivo. Escribe su comentario sobre el mundo de una manera increíble, pero también hace un comentario personal en forma de monólogo que atraviesa todo el disco. Obviamente no suena como Gainsbourg, pero ese romanticismo del que hablas lo puedo escuchar en ese disco y también creo que puede tomar forma en cualquier estilo de música.

Al igual que tu música, tus videos son muy cinematográficos. ¿Qué tan involucrado estás en ese proceso?

¡Muy involucrado! Hice la coproducción de todos los videos y ayudé en la parte de dirección también, ya que los directores son amigos míos. Estuve muy involucrado además en la dirección creativa y en el armado de los storyboards. Hicimos C’est Toi y Wasted on Fidelity con Mike Bennet; entre los dos ideamos todo, encontramos los personajes, las cámaras… Viajamos en auto por toda Norteamérica filmando tomas. Me encanta filmar. Con Mike también hicimos un corto a principios de año, y ahora estoy escribiendo un guión para un largometraje que vamos a realizar.

¿Cómo te sentís tras haber publicado tu primer disco como solista y tener la oportunidad de irte de gira por el mundo a presentarlo?

Muy contento, me hace muy feliz. Por eso lo hago. Estoy muy agradecido de que a la gente esto le importe y quiera venir a escucharlo en vivo. Sin sonar como un imbécil, me parece buenísimo que no tenga nada que ver con Tame Impala y todavía lo quieran venir a ver; no soy tonto, sé que me conocen por eso. Todo lo que quiero hacer es crear. El hecho de poder hacerlo y que las personas lo puedan escuchar es un gran logro para mí. Esto es lo primero que he hecho solo, y es muy gratificante poder sacar toda esa información de la cabeza y armarlo y ponerlo todo junto. El proceso es lo que más me gusta.

Ahora que volviste a Nueva York, ¿cuál es el próximo paso?

En un par de semanas retomo la gira y me voy a Australia por un mes y medio. Seguramente vuelva hacer un tour por Gran Bretaña y otro en Norteamérica. Me encantaría poder ir a Sudamérica, sería lo mejor del mundo entero. Ir para allá y tocar aunque sea para 300 personas sería increíble. Sé que va a suceder en algún momento. Por otro lado, estuve escribiendo y tocando mucho el piano. Tengo muchas ideas para el próximo disco; no quiero apurar el proceso, pero tengo muchas ganas de sacar algo nuevo sin demorarme mucho. Sé que al final de mi vida no va a importar la cantidad de discos que haya vendido o cuánto dinero tenga: lo que me importa es hacer exactamente lo que quiero hacer sin comprometerme a hacer lo que están haciendo los demás. Hacer lo que me guste.

Estuviste en Argentina en tres oportunidades. ¿Qué es lo que más te gustó de nuestro país?

¡La gente! La música les corre por las venas. La primera vez que fui me puse a caminar y me topé con una plaza donde había personas bailando tango; no era una atracción turística ni un espectáculo, eran personas del barrio que iban ahí porque sí. Eso me encantó. Y en cuanto a los recitales, siento que allá las personas no van a ver el show sino a ser parte del show. Me gusta porque siento que estamos tocando todos juntos; es muy especial. Son muy especiales.

PH: Naguel Rivero