De Cómo Tomar Gin by Regia

Untitled-1

Por Ricardo Santos

 

Parecería que hay un regreso a los tragos en todo el mundo.

Los tragos, como muchas comidas, buscan hoy en su preparación más la originalidad que la calidad o pureza de su fórmula. Un Martini con colores celestes o anaranjados es lo mismo que llamar Malbec a un vino rosado o blanco. Y hablando de Martini, hablemos algo de gin, bebida que tiene, como muchas otras, su origen en Gran Bretaña, aunque con una influencia original en Holanda, donde se la llama genever o ginebra. Dejemos a la holandesa con su holandés, tema para otra circunstancia.

El gin fue, desde mediados del siglo XVIII, la bebida popular de Gran Bretaña, llegando a consumirse más que la cerveza. Pero luego pasó a ser la bebida que los británicos beben a cualquier hora y con algunos aditamentos que luego veremos. El whiskey siempre fue bebido en otras formas, podríamos decir con un poco más de formalidad.

Los británicos llevaron el gin a la India donde nació el gin and tonic para los que aceptaban compartir sus tradiciones con sabores locales, que luego llevaron de vuelta a las islas, y los norteamericanos hicieron propio al gin con unos tragos que exageraron las combinaciones que mantenían los británicos con su recato habitual.

El gin en Gran Bretaña se toma con agua, soda, o agua tónica, como Pink gin, esto es con unos golpes de Angostura, y nada más. Y sin hielo, porque eso es para los turistas.

Y que toman los yankees? Posiblemente la forma más popular es el gin and tonic, no refrescado sino con cubitos de hielo en vaso largo. Luego lo sigue el Martini.

Pero hablar de Martini se puede hacer indefinidamente porque, como el mate o el asado, cada maestrito tiene su librito. Partamos desde los primeros que se hicieron, allá por los albores del siglo XX. Si era una continuación de una cosa llamada el Martínez cocktail o fue una inspiración creada en el bar del Knickerbocker Hotel en Nueva York, hoy carece de importancia. Digamos que arrancó con dos partes de gin por una de vermouth blanco seco, con una aceituna en la copa. Pero en su trayectoria, sus amantes lo fueron prefiriendo más y más seco, reduciendo la participación del vermouth a su mínima expresión. Winston Churchill, uno de los pocos británicos que disfrutaba del Martini, aconsejaba pasar el corcho de la botella de vermouth por el borde de la copa con gin enfriado y una cascarita de limón. Y Patrick Dennis, el sobrino de la genial Auntie Mame, cuando Beauregard Jackson PIckett Burnside le pregunta por qué no pone el Martini en la coctelera para batirlo, le contesta: “No, señor, el batido lastima el gin”.

Digamos entonces que el Martini se lo puede preparar variando las proporciones pero requiere tres elementos básicos: la copa, el gin y la aceituna, aunque algunos se vuelcan más por los aceites esenciales que fluyen de la cáscara de limón. Personalmente prefiero el limón con el vodka y la aceituna con el gin. El gin ya es bastante aromático como para añadirle algo extraño, mientras que la neutralidad del vodka requiere algún sabor adicional.

El Clarito. Y por casa? El argentino nunca fue devoto de tragos excesivamente secos y entonces nacionalizó el Martini haciéndolo más humano, esto es, con una mayor proporción de vermouth seco. Hoy se confunde el clarito con su primo foráneo, pero aquellos que en algún momento se consumían con placer en el bar del Claridge, en el Plaza Hotel, y en la Richmond de la calle Florida, todos en Buenos Aires, en las décadas de los 50s y 60s, se lo servía en vaso corto, con hielo, la pizca de cáscara de limón con una proporción de tres a uno entre gin y vermouth. Luego se montó en la copa característica de Martini, con más o menos vermouth y hasta con la aceituna que no participaba en el trago original.

Mucha juventud cuestionará que esto fue escrito por un viejo chocho, y algo de eso hay. No rechazo los tragos que se ofrecen hoy, siempre que sus denominaciones sean inventadas junto con las mezclas. Pero deberíamos seguir disfrutando como antes los tragos aquellos.

 

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS