El huracán Irma fue la tormenta más poderosa del Océano Atlántico registrada en la historia que ha devastado partes del Caribe y el sureste de los Estados Unidos. Una de las islas del Caribe que quedó completamente destruida fue Barbuda, con 1800 habitantes y que forma parte del estado Antigua & Barbuda. Allí, el actor y magnate de bienes raíces Robert De Niro puso sus fichas y ahora es acusado por la gente del lugar de usar al desastre provocado por el huracán para construir su nuevo mega resort Paradise Found Nobu.

Barbuda es una excepción total al resto del caribe dominado por monarquías, dictaduras y banana republic. Hasta los cambios recientes, la tierra en Barbuda se mantenía en común: no se podía comprar ni vender, y aunque los desarrolladores podían arrendar tierras durante 50 años, sus proyectos debían obtener el consentimiento de la mayoría de sus habitantes. Fue un raro ejemplo de planificación económica participativa y redistribución exitosa de la tierra para los esclavos liberados y sus descendientes.

Pero esta Ley de Tierras puesta a punto desde 2007 fue resentida por inversionistas extranjeros y lobbistas de Antigua, isla gemela pero polarizada y entregada por completo a mega resorts y tráfico pesado de cruceros (así como a servicios financieros offshore) que ha luchado durante mucho tiempo para poner fin a la tradición de los derechos a la tierra comunal en Barbuda.

El último impulso para alterar la ley se dio pocos días después de que el huracán Irma pasara por la isla dejando más del 90 por ciento de las casas destruidas y todos los residentes fueron evacuados a Antigua.

Las palabras se las lleva el viento. A principios de este mes, con casi ninguna cobertura de noticias internacionales y con la mayoría de los que habitaban Barbuda aún desplazados de la tormenta, una enmienda a la ley en cuestión fue empujada silenciosamente por el Senado de Antigua y Barbuda, un organismo dominado por políticos ricos de la isla de Antigua. Si la enmienda se mantiene, se extinguirá una tradición de derechos a la tierra comunales que se remonta a la abolición de la esclavitud en 1834 y que ha protegido a Barbuda como un faro raro de desarrollo sostenible en el Caribe. Y donde el inversionista de más alto perfil de la isla, Robert De Niro, será el más beneficiado.

Lo siniestro también está en el paraíso. Para muchos de afuera, el rol que De Niro jugó en este período parecía humanitario, si no francamente heroico. En las semanas posteriores a la llegada de Irma, apareció en las ONU y en breaking news de cadenas de noticias internacionales, comprometiéndose personalmente a ayudar con la reconstrucción de Barbuda e instando a los gobiernos y agencias internacionales a ayudar y posicionarse con los más “vulnerables”. En entrevistas, De Niro mencionó que tenía un proyecto de hotel en desarrollo en la isla, pero solo para explicar su particular compasión por la gente de allí.

“Estamos más que tristes al escuchar que Barbuda ha sido devastada por el huracán Irma y estamos ansiosos por trabajar con el equipo de Paradise Found Nobu Resort, el Consejo de Barbuda, GOAB y toda la comunidad isleña para reconstruir lo que la naturaleza nos ha quitado. El proceso de recuperación será un camino largo y duro. Barbuda debe ser una parte de esa recuperación, con la reparación de todas sus casas, que las hagan más fuertes. Las necesidades más inmediatas, como agua, alimentos y atención sanitaria también deben de ser atendidas”, dijo en un comunicado quien supo entender qué significa ser inmortal con Taxi Driver, Casino y Goodfellas, entre otras obras de arte para siempre.

Pero los hechos pintan una imagen más compleja. De Niro en los últimos años se ha convertido en un magnate de bienes raíces de gran éxito, acumulando un imperio de resorts y restaurantes de lujo en rápida expansión. Como copropietario de Nobu Hospitality, De Niro ayudó a convertir un famoso restaurante japonés en Beverly Hills en una cadena de docenas de restaurantes de todo el mundo, así como a una creciente lista de condominios y hoteles de lujo.

Actualmente son 7 los hoteles activos de Robert De Niro que se distribuyen en 4 países: Estados Unidos, Filipinas, Reino Unido y España (Ibiza y Marbella). Asimismo, este año planea la apertura de 8 complejos más para un total de 15 en nuevos destinos entre los que se incluye México (Los Cabos, BC), Brasil (San Pablo) y Canadá (Toronto). En Estados Unidos, dónde se inició el proyecto, existen hasta ahora cuatro resorts, siendo el primero de ellos el de Las Vegas, inaugurado en 2013, y los de Malibu y Palo Alto en California y el Miami, Florida.

En la isla paradisíaca de Barbuda había obtenido (gracias al fuerte lobby de su imagen con el Gobierno, para muestra ver los videos a continuación) el alquiler de un antiguo hotel en estado de abandono llamado “The Club K”, famoso en los 90s por haber sido visitado por Lady Di, para hacer allí un gran complejo hotelero. Pero luego lo que era un hotel se transformó en una extensión colosal con un resort tropical full country dividido en chalets con pileta propia en 120 hectáreas adicionales.

Como se explica en este documental del New York Times, la isla funciona como si fuera una cooperativa, con decisiones sobre el uso de la tierra impulsadas por un consejo electo, y las aprobaciones para desarrollos importantes que van a una votación general. Muchos de sus habitantes crían ganado o pescan langosta para mantenerse. “La vida en Barbuda es lenta, silenciosa, relajada, pacífica”, dijo a The Intercept Kendra Beazer, de 25 años, el miembro más joven del Consejo de Barbuda.

Hasta el día de hoy, Barbuda sigue sin electricidad ni agua corriente. Solo alrededor de 400 personas han regresado, en parte porque las escuelas no han vuelto a abrir sus puertas, lo que deja a las familias con niños atrapados en Antigua, muchas de ellas todavía en refugios temporales. Aunque el estado de emergencia expiró en octubre, los militares nunca se fueron y a pesar de la gran cantidad de ayuda, la reconstrucción ha sido muy lenta.

Ante semejante desastre, el Primer Ministro Gaston Browne, con sede en Antigua, un ex banquero muy amigo de De Niro, ha hecho declaraciones a la altura de sus circunstancias y es de los que también ven a la tormenta como algo más que una tragedia. “Estamos tristes por la magnitud del daño”, dijo el primer ministro en una entrevista con el New York Times, “pero hay oportunidades para ser explotadas”.

Con casas destruidas y las escuelas sin techos, la construcción de un nuevo aeropuerto internacional avanza. Antes de la tormenta, se informó que Paradise Found colocó parte de los fondos para el aeropuerto ya que es necesario para que el complejo de élite avance.

Días después de que se aprobara la enmienda de la Ley de Tierras de Barbuda (que permitiría venta descontrolada de las tierras), la Fundación Clinton y el Instituto Rocky Mountain anunciaron “un nuevo esfuerzo para rediseñar el sector eléctrico de Barbuda y pasar a un modelo de energía renovable”, sin consultar a los representantes de la isla.

Para John Mussington, director de una escuela y cofundador del grupo Barbuda Silent No More, De Niro funciona como una marca, una cara visible que representa una serie de inversionistas adinerados a los que no les importa las vidas de los isleños antes de reclamar su paraíso. “Dichos inversionistas se apoderan de tierras vírgenes, que son baratas o no tienen precio. Luego se dan vuelta y venden estas tierras como propiedades de lujo para los ricos y famosos, y obtienen grandes ganancias rápidamente”.

En su último libro La Doctrina del Shock, Naomi Klein, quien también fue una de las que inició la investigación sobre De Niro, anticipaba lo que se venía: “Cuando el huracán Katrina llegó a Nueva Orleans en agosto de 2005, el mundo presenció horrorizado una especie de apartheid del desastre. Quienes tenían recursos se marcharon de la ciudad, mientras decenas de miles de desfavorecidos tuvieron que quedarse prácticamente sin ayuda del Estado. Fui a Nueva Orleans cuando la ciudad estaba aún inundada y descubrí que lo que había visto en Irak se repetía no en un período de posguerra sino después de un terrible desastre natural. Milton Friedman  (fundador de la Escuela de Chicago, emblema del neoliberalismo) murió en 2006. La última recomendación que hizo sobre política oficial aparece en un artículo en el Wall Street Journal tres meses después del Katrina. Dice “la mayor parte de las escuelas de Nueva Orleans están en ruinas y también las casas de los alumnos. Los niños se han dispersado por todo el país. Es una tragedia pero también una oportunidad para introducir reformas radicales en el sistema educativo”. Proponía privatizar completamente los colegios de la ciudad, era su canto del cisne.

Fui testigo de un proceso similar en Sri Lanka en los días que siguieron al tsunami del 2004. A la gente que había vivido en la costa desde hacía generaciones se le impidió volver a fin de poder privatizar los terrenos y venderlos a hoteles de lujo. Justo a esto me refiero con la expresión doctrina del shock: al saqueo sistemático del sector público después de un desastre cuando la gente está demasiado ocupada haciendo frente a la emergencia”.