Por Guadalupe Habif – @guadhabif

Diego Gravinese es un artista visual nacido en La Plata. Si bien se suele asociar su obra con el hiperrealismo, él protesta de las etiquetas limitadoras y encasilladoras. Y hace bien, pues los mundos que se abren en sus pinturas se acercan a lo real pero evocando la realidad aumentada, descubriendo las diferentes capas de la existencia y adentrándose en un cosmos en el que las reproducciones fieles y lo metafísico, lo transitorio, lo vago y lo simbólico se cruzan y crean un nuevo universo, el universo Gravinese.

Se te suele asociar con la tradición de la Neo-figuración iniciada por Yuyo Noé y seguida por Guillermo Kuitca. ¿Cómo te sentís con esta etiqueta, y con la de hiperrealismo?

Amo la Neo Figuración, fue una de las influencias más fuertes en mi pintura al principio de los 90’s cuando empecé a hacer telas grandes en acrílico. Y a mostrar también. Viniendo de una adolescencia estéticamente marcada por el punk, encontré algo de esa energía en las pinturas de Macció, De La Vega, Noé, Deira, y amigos. Sentí una familiaridad directa. Nunca me llamaron Neo-figurativo, que yo sepa, pero sí en estos años recientes hiperrealista. La verdad es que las etiquetas son siempre limitadoras, a nuestra mente le gusta encasillar la realidad, porque es más fácil manejarla así, pero cuando pienso en el hiperrealismo, por ejemplo, siento dos direcciones casi opuestas: por un lado Richard Estes, Robert Bechtle, Malcolm Morley y otros que me encantan. Y por el otro, todo un montón de artistas “fotográficos” que me parecen horribles, cualquier pintura que se acerca a una imagen fotográfica es llamada hiperrealismo, pero para mí hiperrealismo evoca algo de realidad aumentada, más que el fotorrealismo con el que se lo suele asociar. Siempre me gustó el uso de la imagen fotográfica en pintura, como en algunas partes de las pinturas de Dalí, o sin ir más lejos en toda la tradición realista de la pintura de los últimos 500 años, en la cual siempre estuvo involucrado de alguna manera el uso de aparatos de óptica desde los holandeses del 1500 hasta hoy.

Hoy en día hay algunos artistas que hacen un gran uso de la fotografía como Gerhard Richter.

Tu obra va del collage al realismo puro, de tópicos infantiles a una sensualidad abierta, pero siempre la base es la vida diaria y lo cotidiano, generalmente relacionados a algo divino, algo superior. ¿Qué escenas de la vida cotidiana te convocan a la hora de pintar?

Eso es cierto. Siempre sentí que lo más inmediato, lo más cotidiano, es una versión en el aquí y ahora de la eternidad. En 1994 hice una muestra en el ICI que se llamó Everyone Needs a Madonna (una frase de un artista chileno de esa época), en la que aparecía mi madre como el packaging de un producto. Pero la intención no era cínica. Este artista chileno contaba cómo amaba a su madre de niño y la veía lavar los platos con un detergente que tenía una Madonna en la etiqueta, y asociando ideas en su mente de niño para él su madre era como una diosa, haciendo las tareas de la casa.

Yo creo que o todo es sagrado o nada es sagrado. Desde el punto de encaje adecuado todo puede verse como una manifestación de las dimensiones superiores. Hay algunas teorías matemáticas que sugieren que nuestro mundo 3D es una proyección de una realidad de 4, 5 , 6 o más dimensiones. Algo de eso hay.

“creo que hoy en día la foto no tiene en absoluto el peso que tuvo en otro momento. Hubo una época en la que tener una foto de algo era un tesoro.”

En tus primeras obras solía haber yuxtaposición de imágenes, ¿qué querías provocar con esta decisión y por qué la fuiste dejando de lado?

La yuxtaposición era una manera de evocar las capas de realidad en la que vivimos constantemente. No solo por la multiplicidad de estímulos a  los que estamos expuestos constantemente (más y más a medida que avanza la tecnología) si no también por las capas que median entre uno y el mundo a cada instante. Aún cuando hablas con una sola persona tu mente está generando imágenes y está en un diálogo interno constante, la idea era traducir esa superposición de posibilidades que arman a su vez una historia propia. La fui dejando de lado en busca de una idea de “cuadro”. Quería ver si se podía decir algo igual de potente con una sola imagen. La verdad es que lo extraño, y en algunas pinturas recientes volvió a aparecer, sutilmente. Creo que puede volver en cualquier momento.

Otro cambio que se fue dando a lo largo de tu carrera como artista es el tema de la fidelidad a la hora de reproducir las imágenes. ¿Por qué decidís dejar de lado esa fidelidad, o la réplica casi exacta?

Todo el tiempo uno va cambiando. Como artista trato de ir explorando las distintas posibilidades de la pintura. Siempre amé imitar fotos, desde chico, que son a su vez una imitación de la realidad, es como un juego. Pero no una finalidad. Para mí lo que llaman hiperrealismo en mi pintura es solo un color más, una capa de información. Si ves las fotos originales que uso no se parecen mucho al resultado final. Hay una reinterpretación, siempre.

¿Cómo influyeron en tu trabajo las transformaciones de la fotografía?

En los 90s usaba las diapositivas familiares, las que había sacado mi padre décadas atrás. Tenían todo lo que buscaba en esa época, una idealización de la familia, una decoloración por el tiempo, una ternura infinita en su intención. Después cuando empecé a sacar mis propias diapositivas, todo se volvió más inmediato, el color más vivo, las imágenes más snapshots de situaciones pasajeras, noches de recitales, gente amiga en fiestas, empecé a mirar el mundo alrededor inmediato.

Luego apareció la foto digital, y el Photoshop y otra vez hubo un cambio enorme. Ya no era la inmediatez sino las posibilidades de asociación, y eso abrió un lado un poco más surrealista y los colores aún más exaltados. Yo creo que hoy en día la foto no tiene en absoluto el peso que tuvo en otro momento. Hubo una época en la que tener una foto de algo era un tesoro. Una diapositiva en los 90 era un tesoro.  Incluso una Polaroid. Hasta una foto de tu banda favorita en una revista, especialmente si era una banda rara, podías sentir que tenías algo único en ese recorte. Y las cuidabas, que no se estropearan. Hoy eso no existe, la foto es una cosa líquida, efímera, instagrameable, y olvidable un par de horas después si el algoritmo decidió que había algo mejor que mostrar a los followers. Creo que esa es la respuesta más clara a cuando preguntan: “Por qué pintar una foto , si ya existe la foto?”. La foto cotidiana va perdiendo entidad. Una pintura no es una foto, la foto o la cámara oscura y la pintura van de la mano hace siglos, pero la pintura lleva la foto a otro lugar, un lugar mágico y atemporal.

Generalmente tus pinturas están asociadas a tu mundo privado, a tu cotidianeidad, ¿creés que el artista como tal, al hablar de su individualidad también está hablando de algo universal?

Sí, totalmente. La verdad es que nunca sentí que hablaba de “mí” en mis pinturas en el sentido más literal de la autobiografía, si no, creo que lo universal está ahora mismo delante tuyo, adentro tuyo. Es solo una cuestión de atención. Busqué siempre pintar ese ‘lugar’, digamos.

Uno de los temas recurrentes en tus piezas es el universo femenino, ¿qué te atrae de ese mundo?

Primero que nada crecí entre mujeres. Luego si la vida es un misterio insondable, la mujer es la encarnación del misterio mismo de la existencia. ¡Ustedes son las únicas capaces de engendrar vida, de alimentar de su propio cuerpo! Eso por sí solo es fascinante, y también atemorizante para los hombres. No es raro que el hombre haya tratado históricamente de someter a la mujer, empezando por ese hecho: la vida y el dolor son inseparables, vivir es históricamente casi sinónimo de sufrimiento, y quién es la causante de que estemos aquí en este infierno? La mujer! Sin ir más lejos, las tres principales tradiciones religiosas se remontan hasta Eva como la causante de la caída y el sufrimiento de toda la humanidad. Esa es la mirada miope y materialista de nuestra cultura.

Pero el universo femenino en realidad es todo lo contrario, es la fuente de las maravillas, es la fecundidad, es la intuición, es la oscuridad mágica y creadora, el amor visceral, es lo receptivo, lo sutil, y lo universal. El cuerpo de la mujer es la encarnación de la maravilla. Yo creo que si hay un dios es mujer.

“Lo que las plantas sagradas me dieron fue la experiencia directa de otra realidad.”

También llama la atención en tus pinturas la evocación a lo metafísico, al universo y los símbolos, ¿cuál es tu relación con estos elementos?

Creo que lo que llamamos realidad, realidad dura o realidad material, es puramente simbólica. Goethe al final del Fausto dice: “Todo lo transitorio, es solamente un símbolo; lo inalcanzable aquí se encuentra realizado; lo Eterno-Femenino nos atrae adelante.”

La pregunta es, ¿un símbolo de qué? Y esa pregunta no tendrá nunca respuesta. La física hoy en día está llegando al borde de esa realidad. Y en ese borde se desdibuja toda nuestra esperanza newtoniana en el universo: no hay  elementos, no existen las partículas elementales, no hay materia como tal, solo hay energía. Energía danzando. Esa es mi idea de la existencia. Todo es energía danzando porque sí, para su propio placer. Cada uno de de nosotros es un personaje en la Divina Comedia.

¿Sentís que las drogas psicodélicas y las plantas sagradas cambiaron tu percepción sobre la vida?

Primero que nada creo que hay que distinguir entre drogas psicodélicas y plantas sagradas. Nada que salga de un laboratorio puede compararse a una molécula creada por la naturaleza y que lleva millones de años de experiencia en el planeta. La Psilocibina y la Ayahuasca, o su principio activo el DMT, no deberían ser llamados drogas, aunque técnicamente lo son, como lo son el café, el alcohol y el azúcar. Todo al fin y al cabo es química en el cuerpo.

Hecha la distinción, las plantas sí cambiaron mi percepción de la vida y la existencia. Cosa que no hizo nada que haya llegado de un laboratorio a mi cuerpo. Ni ninguna otra fuente, para el caso como la literatura, filosofía, religión, etc. Porque lo que las plantas sagradas me dieron fue la experiencia directa de otra realidad. Y esa experiencia inefable e intransferible es la diferencia entre leer sobre algo y vivirlo. Cuando vivís algo no importa lo que el resto del mundo diga, vos sabés. Bueno, lo mismo con las plantas de poder. Básicamente ví que vivimos en la ignorancia total de nuestro verdadero lugar en el Cosmos. Y que por eso nos matamos por un poco de brillantina, básicamente.

¿Qué pensás sobre la muerte y la vida después de la muerte?

La muerte, según la veo hoy en día, es solo el otro lado de la vida. Todo en el universo ondula, la vida y la muerte son las dos partes necesarias de la ondulación que llamamos existencia. La muerte es simplemente una ondulación de la conciencia, como decía Alan Watts. Debería ser celebrada y no lamentada. “Ahí va otra conciencia hacia su próxima experiencia, gracias por la visita!”.

 

Previous articleLA VOZ DEL PILLÁN
Next articleDELFINA
REGIA MAG
REGIA está compuesta por secciones cuidadosamente confeccionadas, con contenidos nuevos, seleccionados con rigurosidad y agrupados de manera clara y sólida. La visión editorial, más sofisticada y vanguardista, convive con el criterio estético y la curaduría que ya nos caracteriza como un medio transgresor y de culto.