Mal tiempo para ser políticamente correcto. La Francia neoliberal se enfrenta a sus propios fantasmas que incluyen a la fuerza bruta de las policías, una sociedad fundida a negro con serias limitaciones para reconocerse y empujada por una clase política comprometida con guerras criminales en Medio Oriente y África en alianza con la US Army.

El jueves 2 de febrero, en un operativo policial en las calles de Aulnay-sous-Bois, un suburbio al norte de París, cuatro policías detienen a un chico llamado Théo, 22 años, negro, sin antecedentes policiales. Lo que siguió fue un arresto violento y forzoso que terminó en una violación. Théo tuvo que ser operado y todavía se encuentra hospitalizado. En un testimonio publicado en su Facebook, aseguró que fue violado deliberadamente con un bastón policial y que además recibió insultos racistas y escupitajos. Otros tres agentes usaron gas lacrimógeno que le rociaron sobre la cabeza y la boca. Además, recibió varios golpes en el cráneo.

Mientras tanto, el documento oficial señaló que “por casualidad” sus pantalones se cayeron mientras estaba siendo apaleado y que fue entonces cuando la porra de uno de los oficiales ingresó violentamente en su cuerpo, indicando que se trató de un abuso sexual “accidental” e “involuntario”.

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Los hechos relatados por Théo entraron en contraste con el relato oficial y generaron una explosión social similar al estallido tras el asesinato de dos jóvenes que en este caso no eran negros sino musulmanes en 2005 y como parte de una brutalidad en aumento. Esta vez, las protestas ya llevan dos semanas intensas de autos policiales dados vueltas, fuego en edificios públicos de los suburbios parisinos.

Aunque los franceses tienen, en general, una buena imagen de la policía (un 82% de opiniones favorables, según un sondeo de enero de 2016), especialmente en el contexto de los atentados yihadistas que han sacudido el país en 2015 y 2016, la relación con los jóvenes es problemática en los sectores conflictivos en Francia, donde las fuerzas de seguridad son vistas como un elemento hostil y no se equivocan.

Una investigación divulgada en enero muestra que los jóvenes negros o árabes tienen 20 veces más de posibilidades de ser sometidos a un control de identidad, lo que alimenta “un sentimiento de discriminación y de desconfianza”.

También hubo incidentes en Toulouse y Orleans, y en Marsella, donde cuatro personas fueron arrestadas. Los manifestantes de Bobigny fueron atacados con gas lacrimógeno durante este fin de semana, después de días de disturbios. Al parecer, alrededor de 2.000 manifestantes salieron a las calles para expresar su enojo, sosteniendo letreros con las palabras: “La policía mata a inocentes”. Como ya había pasado apenas trascendió la noticia, hubo proyectiles y vehiculos incendiados y una respuesta de la policía a la altura de las circunstancias.

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El contexto también da algunas pistas. Las elecciones presidenciales de Francia de 2017 se realizarán el 23 de abril y, si fuera necesario, se celebrará una segunda vuelta el 7 de mayo. Entre los candidatos sobresale Marine Le Pen, la mujer de la extrema derecha francesa que apuesta fuerte al “Frexit” lo cual implicaría una aún mayor persecución a las minorías étnicas de todo tipo y color, profundización del presupuesto militar y parapolicial, puertas pentágono en las fronteras y por sobre todas las cosas mucho le pain quotidien y que estos hechos sigan pareciendo accidentes.

Casi del mismo lado que Le Pen pero con otras formas, el actual presidente de Francia, François Hollande, visitó a Théo en el hospital donde, desde su cama, aseguran que el joven dio un mensaje al público: “Detengan la guerra, seamos unidos”, dijo, “confío en la justicia”. Palabras que realmente parecen más salidas de un diplomático del Gobierno que de un chico violado con una porra, hospitalizado y que requiere cirugía después de sufrir lesiones graves en su recto.

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Este martes, el ministro del Interior, Bruno Le Roux, ha ordenado investigar a la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN) francesa tras nuevas acusaciones de agresiones por parte del policía Frédéric Gabet, quien fue el principal denunciado por la familia de Théo.

Según un testimonio ofrecido al semanario Le Nouvel Observateur —abreviado como L’Obs—, Mohamed K., un amigo de Théo, cuenta haber recibido una paliza con una mecánica idéntica una semana antes por parte de unos policías, entre quienes estaría el que presuntamente violó a Théo con una porra durante un registro. “Los agentes me esposan, me tiran al suelo, me aplastan la cabeza, me dan patadas en los ojos, veía mi sangre en el sueño, yo intentaba arrastrarme para salir de ahí”, explica Mohamed K, también de 22 años, que pasó todo un día detenido el pasado 26 de enero. “Me golpearon, me dieron patadas, una piña en la cara, en el vientre, en la espalda, sangro porque me abren el cráneo, les digo que me estoy ahogando y me trataron de ‘negro sucio’, de ‘cerdo’, me escupieron”.