Dorado bastante profundo con una cabeza blanca. Hay presencia de lúpulo, notas vegetales picantes y un toque de pan tostado. En el paladar hay un bonito juego entre lúpulo amargo y una cierta dulzura en el acabado, hay un buen apoyo a la nota de malta que añade peso.

Bella y sensual europea, desprovista de inocencia. Los años dorados de Grolsch parecerían que fueran hoy pero todo arrancó en 1615. Desde sus inicios, y durante sucesivas generaciones de maestros cerveceros, Grolsch destacó la importancia de lo artesanal en el proceso de elaboración. La cerveza de la madera verde, así la llamaban los habitantes de las cercanías de Grolle (Groenlo) un pueblo perdido en Holanda, a la cerveza que fabricaba Willem Neerfeldt. Sesenta años después de su creación, el maestro cervecero Peter Cuyper, luego de diversos experimentos, logra mezclar dos lúpulos, uno para el sabor y otro para el aroma, que se convertirán en componentes esenciales para la elaboración del producto.

Desde entonces, y gracias a la calidad de sus cuatro ingredientes principales: agua, malta, doble lúpulo y levadura, Grolsch se convirtió en una cerveza con carácter, premium y definida por sus acciones audaces que la convierten en la cerveza internacional número #1 en el centro de la cultura creativa.

Un espíritu independiente, el mismo que la llevó a lo más alto y desde el comienzo a diferenciarse sea por su innovadora receta o por su botella “swingtop”, con el foco siempre en desafiar lo tradicional para destacar lo interesante y original de la vida.

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La llegada a la Argentina se dio hace casi veinte años pero fue recién en el 2015 cuando la marca desembarcó con fuerza: “El gran cambio tuvo que ver con que Grolsch siempre fue importada, por lo que el volumen era mínimo. Desde Septiembre del año pasado se empezó a producir en Argentina, por lo que se lanzó la marca a nivel nacional”, explica Benjamin Helbig, Brand Manager de Grolsch.

Desde ese entonces, asumió un rol esencial en el apoyo a los artistas emergentes en más de  250 eventos, en las galerías más importantes de la ciudad, dentro del programa Grolsch Art Stations.

Fotografía, arte urbano y cine son los pilares por donde pasan todas las acciones sociales, logrando una reputación de Art Partners en los acontecimientos de mayor relevancia.

El 2016 arrancó con todo reafirmando sus 400 años de antigüedad descontracturada y más que nunca con el acento puesto en las comunidades alternativas emergentes. Así  confirmó su presencia en la Fototeca Latinoamericana (FoLa) a lo largo de todo el año donde la marca brindará la oportunidad a artistas de presentar sus trabajos a grandes referentes internacionales, un programa propio que le brindará la oportunidad a cientos de fotógrafos independientes que referentes de todo el mundo vean y analicen su trabajo. “En octubre va a haber otra Revisión de Portafolio. La verdad que es una movida muy grosa para los que aman la fotografía. Porque los curadores vienen de todas partes del mundo y son reconocidos en el mundo fotográfico”, continúa Benjamín.

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Además del FoLa, Grolsch estuvo por primera vez presente en el BAFICI con el Grolsch Film Works, un concurso de cortos de 15 segundos que fueron proyectados en las salas de cines del BAFICI, generando un espacio donde jóvenes productores de cine pudieron lograr el sueño de proyectar su propio corto en uno de los festivales más importantes de cine independiente del mundo.

La transformación de las vidrieras de Winery en obras de arte fue otra de las acciones clave del primer semestre, donde Grolsch seleccionó a artistas de diferentes disciplinas para intervenir las vidrieras de una de las vinotecas más grandes del país.

La participación en los Galley Day & Night donde se realizaron intervenciones artísticas en el circuito callejero de Palermo-Villa Crespo proponiendo ver la ciudad de una manera diferente y en el Arte Espacio 2016 en San Isidro, reafirman los años dorados.

 

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