La nobleza tiene cara humana y corazón de maya. Desde que el antiguo maya apareció hace miles años, existía la era divina, en la que estos sabios maestros eran capaces de construir grandes ciudades para vivir en el mejor clima de la tierra: Centroamérica. Entre estos se ubicaron en Yucatán, Belice, Tikal en Guatemala, Honduras y El  Salvador. Construyeron pirámides gigantescas hechas de piedras, obviamente inamovibles para la tecnología humana avanzada que hoy tenemos.

Los antiguos escritos que quedan y los restos arqueológicos cuentan que estas ancestrales culturas eran capaces de mover las rocas con la mente. Fueron amos de la dominación mental y ocupaban un porcentaje del cerebro que nosotros los humanos de esta era no conocemos.

Recorriendo diferentes sitios puntuales de Guatemala la información recopilada es abundante y comienza a 6 horas al norte. Aquí se encuentra Peten, en el lago flores, en pleno Caribe. Los lugareños de ahí parecen actores que te guían hacia lo que debes ver. Al llegar nos encontramos con un señor con su lancha que nos comenta que por 50 quetzales nos puede llevar a conocer un camino que está lleno de iguanas. Observamos iguanas sabias que toman el sol sintiendo el calor y la brisa marina. Luego nos llevó a la primera casa maya autóctona que vimos y nos explicó que con las hojas de las palmeras se creaba un techo en el cual por más que lloviera el agua era incapaz de penetrar y las paredes de arcilla blanca con agua no necesitaban pintarse porque el blanco quedaba intacto. Luego finaliza contando que él nació y creció en una casa así y que durante el frío estas casas conservan el calor y durante el calor conservan el fresco. Fue en este momento cuando diferencié el hermoso rasgo maya en su mandíbula y la antigüedad de su mirada.

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Por la tarde Tikal nos esperaba. Un parque protegido como patrimonio de la humanidad, a 34 kilómetros. Nos dirigimos a esta experiencia,

Una orquesta de monos aulladores se posaba en cada árbol. Estábamos en la selva misma, y luego de caminar durante unos treintaminutos llegamos a lo que llaman plaza central. Estas eran construcciones tremendas y gloriosas. En la atmósfera se sentía una sensación de desolación. El alma de los mayas no estaba ahí pero habían dejado un mensaje. Los turistas europeos pasaban y tomaban fotos de las pirámides como si estuvieran en un zoológico: solo 5 minutos se paraban a ver y se alejaban. ¿Cómo no detenerse a pensar en el mensaje que hay detrás?

Seguimos el sendero luego de unas horas de analizar recoveco por recoveco, y llegamos al templo 4, el más grande de todos. Cada muralla tenia escritos, dibujos de caras y símbolos. ¿Cómo es que seres tan antiguos pudieron construir algo así? Quizás es un mensaje del pasado al futuro… o quizás somos viajeros del tiempo.

La inmensidad de lo que veía no se entendía pero no había nada que entender solo sentir y conectarse con esta vida anterior. Meditar.

Durante 5 horas meditamos en el templo 4. Los mayas se habían movido, ya no estaban ahí. Obviamente sus cuerpos físicamente desaparecieron hace miles de años y dicen que fue por una pérdida brutal de agua. Pero sus almas y auras tampoco estaban.

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UN LAGO PROFUNDO

En un bus atravesando unas montañas enormes es como se llega a Atitlán, Una hora intentando cruzar la montaña empinada, unos riscos tremendamente peligrosos, y el bus iba enganchado pues los frenos ya no funcionaban. Al llegar vimos unos pasadizos de calles angostas con centenares de mujeres vestidas de tejidos de colores. Vendían telas y deliciosa comida en carritos. Las  paredes estaban coloreadas con dibujos psicodélicos. Había mucha gente de los pueblos. Existen 33 diferentes pueblos nativos alrededor del lago Atitlán, cada uno con su propio lenguaje y vestimenta única. Caminamos unas cuadras hasta llegar a donde están los hostals, un sin fin de gringos e israelitas sintiéndose en su hábitat, muchos descalzos y artesanos centroamericanos ofreciendo drogas psicodélicas.

Era un lago con mucha vida. La energía de ese lugar era muy fuerte. Se sentía una presencia maya. Se dice que los mayas se fueron de Tikal y se vinieron al fondo del lago Atitlán, pues es tan profundo que no han descubierto su profundidad. Eso se sentía, y por las noches se escuchaban sonidos de cantos indígenas. A la mañana siguiente recorrimos los pueblos en busca de las bellas telas y el café más aromático. Llegamos a San Juan, donde los colores de las telas hechas de algodón orgánico eran teñidas a mano con diferentes pigmentos naturales de la tierra, los árboles y vegetales, eran benditamente pintados y luego sellados con pegamento del árbol de banano.

El café es hecho en una altura a 1600 metros lo que lo hace extremadamente puro y con un aroma único.

Por otro lado están las mujeres machis que hacen sustancias de sanación con hierbas medicinales, luego pinturas de artesanos cortando maíz, café, arando la tierra… Todo lleno de colores vibrantes y fractales pequeños unidos entre sí.

Durante la noche la luna se apoderaba del lago y la gente se hipnotizaba bailando en las calles y festejando a los dioses.

La leyenda cuenta que somos una era avanzada por la tecnología pero dominada por el consumo. Esta era llamada hijos del cuarto sol. Reencarnados en nuestros antepasados del sol anterior.

Esto toma color en el lago y se siente en nuestros corazones y almas.

Los antiguos mayas están vivos y viven en el lago Atitlán.

 

Por Marcela Mayorga –  @Bymarcelamayorga

FOTOS   @Tigbunn

 

 

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