Conversation with Guillermo Collini & Julian Doyle

Photography Danilo Cicive @kevin.colors

Demasiado temprano para entrar en pánico pero es sabido que en los precipicios habitan tantos abismos como aire puro. Arriba de un escenario o dentro de un trailer en el set, lo que salva pisar en falso no es una manta de Nepal sino la fuerza de una familia. La vida de Guillermo Pfening atraviesa su carrera en mixturas abismales de aire puro y libre. Un hombre del cine indie argentino acostumbrado a superarse, escapar de zonas de confort que son las que terminan provocando turbulencias, y de esta forma salir del rol de actor generando proyectos que por lo general y hasta ahora, se ocupan de enfrentar sus propios precipicios. Nacido y criado, Caíto, Wakolda, Cromo, Nadie Nos Miraentre otras copas de campeón pura sangre.

En este encuentro con REGIA, el pasado está lejos de ser pisado. Su vínculo en plena juventud con las magias del antropólogo Carlos Castaneda y la importancia de encontrarse con una nueva amistad. Las sábanas, los polvos y el cine que nos mira. Un rodaje de seis meses en Nueva York bajo la dirección de Julia Solomonoff que derivó en un antes y un después para ambos. Su hermano y su madre, la piel que habito. Mientras tanto, otra amistad y un nuevo renacimiento.

Antes de venir a Buenos Aires, ¿querías ser actor? ¿Cuándo descubriste quién sos y qué querías hacer?

No, yo iba a ser tenista, llegué a competir y jugaba bien. Pero el tenis en los 90s era algo muy caro, yo rompía encordados tres veces por semana, eran demasiados gastos. Además, tenés que contar con el apoyo de tu familia. Y a mi papá le hubiera gustado que sea jugador de fútbol, creo que ahí no le hubiese importado poner unos pesos de más. Me bancaban pero no del todo, no me iban a ver o llegaban tarde y ya había perdido, me pasaban esas cosas. Recuerdo que tenía un profesor que me apañaba mucho porque de alguna manera a mi me faltaba esa contención que otros pibes sí la tenían.

Entonces, ¿Cómo encontraste tu propio camino?

Era un momento en Marcos Juárez donde estaba sumergido en una crisis de esas existenciales donde con 16 años había dejado de jugar al tenis, estaba como deprimido, dormía mucho la siesta, me había separado de mis amigos porque no me identificaba más con ellos, mientras tanto hice unos amigos nuevos que eran los más frikis del pueblo, estamos hablando de 1994. Entonces descubrí un montón de cosas con ellos, empezamos a leer Castaneda y a hacer Tensegridad, que era como una disciplina gimnástica que enseñaba Castaneda para romper el huevo enérgetico y que esa energía te vuelva a vos, un delirio masón todo. Y con ellos me fui de vacaciones. Una de las chicas del grupo estaba estudiando en Buenos Aires en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, entonces me decidí a estudiar actuación. Llegué a Buenos Aires, pero no pude entrar al Conservatorio y no pude entrar, entonces la seguí en una escuela privada de actuación. Si bien la primer película donde hice de un personaje fue a dos meses de haber estado acá, empecé a hacer tele, pero tenía una angustia de no saber si era bueno o no en esto, era un momento donde había mucha competencia y mucha incertidumbre. Estamos hablando de 2002.

Pasó un tiempo. ¿La actuación todavía te da el mismo tipo de adrenalina?

Cuando mirás la vida de forma retrospectiva, raras veces te arrepentís de lo que hiciste, pero podrías arrepentirte de cosas que no hiciste. Es una profesión muy esquizofrénica, a veces tenés laburo a veces no, al principio vivís de la aceptación del otro todo el tiempo. Y también en el sentido de que hoy en día tengo un montón de amigos que hace cinco años estaban haciendo series o películas y ahora están animando fiestas infantiles. Por eso traté siempre, y sigo en ese camino, de generar mis propias cosas.

Se puede decir que siempre la peleaste, nadie te regaló nada.

audio, music, sound, speaker, volume iconNadie me regaló nada, no me tuve que culear a nadie, nadie tampoco me culeó para acceder a un papel (risas). Está ese mito en el ambiente pero a mí te juro que nunca me pasó. No sé qué hubiera hecho, tuve la mala suerte que no me ofrecieran nunca un casting sábana, creo que hubiese agarrado! Tantos malos polvos, un polvo que te de un trabajo…

Oscilás entre el cine, teatro y la TV. ¿Qué es lo que más te marcó de todo esto?

Tengo más de 30 películas hechas, entre roles protagónicos y de reparto. Conozco todo el país, cada rincón, ya filmé películas o trabajos audiovisuales en todas las provincias de Argentina. Viajé por todo Latinoamérica, me fui siete veces a Europa gratis ahora me voy de nuevo, filmé seis meses en Nueva York: el cine marcó mi vida.

Últimamente apareciste en muchas películas independientes con poca diferencia de estreno. ¿Tenés problemas para salir del personaje rápido?

La otra vez en la última película que hice este año, Bahía Blanca, en un momento hay una situación muy traumática del personaje, de mucha agresión física de él hacia otra persona y fue la primera vez que me fui temblando a mi casa. Pero no soy de quedarme enroscado. Sí durante las semanas de filmación estoy como en un viaje, re metido en eso.

¿Qué hace que Pablo Trapero, el hombre que te dio tu primer gran protagónico en el cine, sea tan especial?

Hubo dos películas que cambiaron mi carrera. La primera Nacido y Criado, que fue la tercer película de Pablo, antes de que se haga más famoso y lleve tanta gente al cine con Leonera. A partir de eso, fue tan groso el impacto en la industria local que hice como diez películas solo por el trabajo que hice ahí. Fue un quiebre. Y ahora me está pasando con Nadie Nos Mira que tiene mucho que ver con que gané en TriBeCa (mejor actor en el TriBeCa Film Festival de Nueva York) y la crítica que en todos los portales de las mejores revistas de cine del mundo avalaron mi trabajo, también haber estrenado en otros países en Europa sobre todo en España me permite ahora tener un representante allá, entonces es como otro empujón grande. Y viene bien en este momento abrir un poco el campo, siempre tuve la idea de trabajar afuera. Siempre quise hacer cine en España, me gusta mucho el cine europeo, es con el cine que yo me crié.

Pensamos que ibas a decir Caíto como la película que te había marcado ya no como actor sino como director …

Caíto me marcó más a un nivel popular, me hizo muy conocido entre mucha gente que quizás no me tenía de ningún lado. Incluso después muchos me reconocían como el hermano de Caíto. Y eso tiene que ver con generar proyectos propios, no quedarse esperando. Con Caíto primero hice un corto, ganamos un premio, y después hicimos el largo con la producción de Trapero, lo pudimos hacer gracias a él.

¿Qué tan importante es tener a la familia cerca, es natural para vos trabajar con tu hermano como productor y director?

Hay un entendimiento entre los dos que solo entre hermanos se puede tener. Fue también una manera muy genuina que encontré para presentarme como director, Caíto es un docuficción donde trabajo con mi hermano y nos fue super bien, fueron diez mil personas al cine, hoy la película se sigue viendo en un montón de lados y forma parte de catálogos de culto.

Estás convirtiendo toda tu vida en una actuación artística de alguna manera.

A partir de eso estoy en otra película, Alice, que aborda el tema de las cirugías estéticas y la estética en la mujer, enfocado en una problemática que tuvo mi mamá pero no es una biopic o una película sobre mi vieja. Sí es una película que muestra la relación entre una madre y su hijo donde la madre está en todo un proceso de reconstrucción de su cara, en medio una adicción tremenda a las cirugías. El germen es una historia personal, voy a seguir trabajando por ese camino como director, creo que cuando uno habla con más sinceridad de lo que le pasó más tiene que ver con los demás. Después ficcionalizo todo, invento, mezclo, me gusta mucho eso también, como qué es verdad y qué es mentira, borrar los límites de la ficción y la realidad. Estamos en el proceso de terminar el guión definitivo con Carolina Stegmayer que nos había acompañado en Caíto. Y ya está confirmada Cecilia Roth.

Hablando de familia, se dice por ahí que sos un padre amoroso de una pequeña llamada Asia. ¿Te cambió tu vida en estos días?

Sí te cambia, es un lugar común decirlo pero es muy cierto porque tenés que adaparte a un montón de cosas que antes no hacía. Te vuelve mucho más consciente, y suelo ser bastante inconsciente. Es un cable a tierra, me sirvió para algunas cosas, soy bastante desestructurado y un poco de estructura me vino bien.

¿La amistad con Cynthia, la madre de Asia, se hizo más fuerte o complicó la relación?

Las relaciones no son del todo buenas o del todo malas. Por el hecho de ser amigos y que no seamos una pareja no nos vamos a salvar de un montón de discusiones y de cosas. Eso siempre está. Y a veces nos mandamos a cagar y no nos hablamos, pero lo que seguro no pasa es que al no haber una pasión o algo enfermo de celos de decirnos te voy a hacer esto o lo otro, nada de eso, pero sí nos hinchamos las pelotas como corresponde. Lo que quiero decir es que de algunas cosas no zafás, discusiones va a haber siempre, me parece que tiene que tener tantas horas de descanso, que tiene que ir a este colegio, etc. Intercambios no peleas.

Cuando se conoció la noticia, en los medios se habló demasiado.

Sí, mucha gente me escribió o me escribe por Twitter a partir de esta historia. No es que me chupe un huevo pero no quiero ser el responsable de abrir puertas ni al cielo ni al infierno. audio, music, sound, speaker, volume iconTambién es loco, a veces es como que quiero dejar de hablar de mi hija y siempre te terminan preguntando y siempre es algo que llama la atención, de hecho lo mantuve re en secreto hasta que alguien se enteró y lo repartió, entonces salí a hablar porque me comí esto de tengo que no educar pero aunque sea salir a decir algo, y la verdad es que quiero hacer la mía y que nadie me pregunte más por qué. Tenés que dar una explicación de todo y la verdad es que no quiero dar más explicaciones de nada.

Stylist: Emanuel Miño @emmaiei

Clothing: @kostumeba