Como la capital del país más reservado del mundo, Pyongyang es una ciudad que rara vez está documentada en los medios occidentales, hasta ahora. En su último libro, Inside North Korea, el fotógrafo Oliver Wainwright captura un mundo fantástico de bloques de apartamentos de color caramelo y vistas dramáticas.

Sitiada por las bombas durante la Guerra de Corea, la ciudad de Pyongyang fue completamente reconstruida en 1952. Kim Il Sung, el primer líder supremo de Corea del Norte, imaginó la capital como un gran escenario lleno de majestuosos bulevares como ejes, anclados por monumentos brutales.

Aunque algunos de los diseños anteriores utilizaron la arquitectura soviética como punto de partida, la ciudad adoptó fácilmente su propia identidad enraizada en una combinación de cultura y diseño tradicionales coreanos, y un gusto inesperado por una especie de ciencia ficción.

En las últimas seis décadas, Pyongyang se ha convertido en la joya de la corona de Corea del Norte, como una visión grandiosa de la independencia, la autosuficiencia y el orgullo nacional. Ahora con el inefable adicto al queso Kim Jong Un, la construcción sci-fi continúa expandiéndose.

El periodista y fotógrafo Oliver Wainwright viajó a Pyongyang con Koryo Tours, una empresa con sede en Pekín. Durante un período de ocho días, Wainwright fue capturando espacios abiertos y cerrados en un viaje relámpago, visitando alrededor de diez sitios por día que incluían de todo, desde museos hasta estadios, hoteles y monumentos; todo menos las casas de la gente de Pyongyang.

El resultado es Inside North Korea (Taschen), un viaje revelador a una de las naciones más secretas de la tierra. Con unas 200 fotografías con títulos detallados de la historia y el contexto, el libro ofrece una mirada impresionante a los lugares más lujosos de todo Pyongyang.

“Tienen estos escenarios teatrales por toda la ciudad que hacen que el individuo se sienta muy pequeño y el líder se sienta omnipresente. Es probablemente una de las ciudades más coreografiadas en las que he estado en ese sentido. Parte de la razón por la que estaba fotografiando las habitaciones de colores tan locos que parecen películas de Wes Anderson es mostrar ese costado del país, porque lo que vemos en los medios occidentales son imágenes de desfiles, tanques, misiles nucleares y un sinfín de bloques de monoblocks grises, una impresión soviética distópica. Quería mostrar un lado diferente”, dijo Wainwright.

Mientras tanto, Kim Jong Un está construyendo parques temáticos, centros de esquí, parques acuáticos y rascacielos que parecen monumentos de ciencia ficción. “Tengo la sensación de que la gente de Pyongyang está entusiasmada con estos nuevos edificios. Aunque es posible que no tengan electricidad las 24 horas del día y fuera de la capital, es todo muy pobre, pero la arquitectura proporciona una distracción, casi como un tranquilizante, de la vida cotidiana. Gran parte de la nueva arquitectura tiene esta cualidad extraña, escapista y fantástica, que personalmente creo que es una forma bastante inteligente de distraer a las personas de la vida en este régimen autoritario”.

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