La fascinación del fotógrafo holandés Jan Hoek con los outsiders comenzó a una edad temprana.”Recuerdo estar sentado en la parte trasera de la bicicleta de mi madre cuando era joven y ver a una persona que vivía en la calle. Estaba tapado con cartones decorados con pornografía y luces navideñas, y tenía cigarrillos en la nariz. Para mi era la persona más cool del planeta y esa sigue siendo la base de mi trabajo de hoy“.

Jan Hoek (1984) también es escritor. “Desearía que el mundo estuviera poblado con las personas que ves en mis fotos. Sí, no sería un mundo funcional, pero estaría lleno de personas a las que admiro“. Supo fotografiar a modelos amateurs, un libro con personas sin hogar con enfermedades mentales en África, series para revistas de moda que incluyeron una niña sin brazos ni piernas, un adicto a la heroína que sueña con ser modelo y que acompaña en un viaje, o personas que simplemente fue encontrando en publicidades marginales en Internet. Jan quiere dispararle a la decadencia con más decadencia.

Creo que siempre hay un grado de ética involucrado en la fotografía. Es casi imposible tomar fotos de gente sin que conscientemente, o de manera inconsciente, se crucen los límites y pasen cosas que no quieras o no esperas. Siento que esto a veces se cubre en la fotografía, pero lo que yo quiero hacer es mostrarlo todo el tiempo“.

Hoek viajó a retratar directamente a sus objetos de estudio a lugares como Sudáfrica y New York, por ejemplo. “Mi intención era darle a esas personas el tratamiento de la realeza durante la sesión de fotos”, explicó. También dijo en varias entrevistas que su trabajo se acerca más al de un psiquiatra que al de un artista. Para bien o para mal, sus fotos son un reflejo de personajes e historias freaks que te hacen pensar un poco si en vez de decadencia estamos hablando de morbo. “Nunca selecciono explícitamente que los modelos estén al margen de la sociedad, solo busco personas que creo que son las más geniales y que siempre resultan un poco crudas. Creo que también tiene algo que ver conmigo mismo siendo un fanático del control. Me resulta difícil dejar que las cosas fluyan solas y me siento torpe muchas veces. Se siente liberador estar con gente a la que eso no le importa”.

En relación a sus colegas, hay cierta tensión en los modos de encarar lo freak. “Bueno, ellos no dicen que las fotos son malas, pero dicen que las fotos son feas. Creen que lo hago intencionalmente, pero para ser honesto, trato de hacer que las fotos sean bellas de la manera en que las veo. Mis ideales no coinciden con todas las reglas del mundo de la fotografía: no me gusta la luz perfecta, no me gusta la limpieza, y no me gusta la simetría perfecta. Creo que mis estándares de belleza son similares a la fotografía de bodas rusa o de los estudios fotográficos cursis africanos. Esas son las influencias que intento incorporar en mi propio trabajo”.

 

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