Llegué al restaurante KOI acompañada por una novela de Romain Gary, de esos autores fáciles de leer, contemporáneos nuestros, que te hacen reír sola y que siempre describen una realidad moderna, más cercana y tangible, desde cierta ternura sensiblemente cómica, urbana y cómplice. Al entrar en el restaurante, sentí que no hubiera podido ser mejor lugar para esa misma onda literaria, en particular el patio exterior en el segundo piso, que sin duda sería el espacio más agradable del restaurante, e invitaba a seguir leyendo.

El KOI tiene toda la esencia de las típicas casas antiguas de Buenos Aires, restaurado y ambientado con un decorado simple y un touch de modernismo asiático. Paredes verdes y negras, signos pintados y flores blancas de cerezos japoneses. El espacio con muchos colores mezcla madera y estructuras de hierro, como la escalera que conduce a la terraza. Armado sobre dos pisos, el espacio se abre sobre grandes barriles rojos reciclados, luces y mesas de barra altas, entre una estética bastante minimalista y la de un Hostel.

Paula, quien se incorporó al staff desde hace apenas un mes, me recibe y me deja instalarme en un rincón del patio, cerquita del DJ, o precisamente en esta noche, de la DJ. Todo en el clima era muy suave. La luna brillaba cercana y enorme, creciente, el aire permanecía tibio y acompañaba el color rosa-naranja del cielo de Buenos Aires al atardecer. De fondo, se escuchaba música Funk y de Dance-Soul versión US, de clásicos de las décadas 70 y 80 tipo Kool&the Gang o TLC, a temas de Hip-Hop actualizados del estilo de Khari Mateen.

El patio del KOI es de esos espacios abiertos con balcones altos en los que uno se siente protegido estando afuera, con la suficiente altura y distancia con el asfalto de las calles como para poder relajar, tomar una cerveza entre amigos sin necesidad de gritar para comunicarse, dibujar, escribir o leer. 

La carta del restaurante propone tres formulas, la cuales responden claramente a tres tipos de hambre. Para las ganas de picar algo liviano, el menu ofrece Gyozas, típicos raviolis japoneses cocidos al vapor, al sartén, o bien fritos. También propone unos Boas, que conocía en Paris bajo el nombre «Bahn Boa» y que son unas brioches  vietnamitas de harina blanca, tradicionalmente rellenas con carne de cerdo braceada y champiñones. Elegí probar unos Boas de los más comunes y tradicionales, de cerdo con ajo, jengibre y cebolla de verdeo. Para acompañar mi plato, Paula me trajo varias salsas con sabor Teriyaki o más picantes con base de Wasabi, e insistió para que pruebe otra especialidad del restaurante; un chutney de morrones con pimentones chilenos Jalapeño. La tercera formula del lugar, más completa, son los Buns acompañados de chips de papa o de batata. Y como en las avenidas de NY, en el KOI se come con las manos entonces.

Ahora, si el Mirepoix, el Cilantro o el Jengibre les siguen dando ritmo al menu del KOI, como si fueran estos ingredientes de la gastronomía asiática la firma del lugar, la carta fue ampliamente adaptada a los sabores tradicionales argentinos, como los Buns de « Bondiola a la cerveza Miel » o el « Rost Beef Asado » recontextualizado para el gusto local. Desde el mes de septiembre, el lugar abre a la hora del almuerzo también y cada día, propone una sopa diferente, casera y realizada con base de pasta Miso por ejemplo, o según las inspiraciones de los chefs y los vegetales frescos del día.

Sin embargo, hablando de inspiraciones readaptadas y de experiencias gastronómicas importadas en Argentina, por otro lado el KOI no deja de ser un lugar de cervezas artesanales, y cuya identidad también se construyo  desde ahí. Luego de los Boas que se revelaron ricos, y tal vez, sin tampoco tanta sorpresa, Natacha, manager del lugar, me presentó una selección de cervezas de la larga carta que propone el restaurante. Di un primer paso en la degustación con una dulce y cremosa « Scottish ». Luego seguí con una « Amber », de estas llamadas « las rojas » y cuyo sabor queda más claramente amargo. La de miel « Honey », era del mismo tono suave que el atardecer de esa noche. Y la « Aussie » me pareció otra rubia cremosa de mucho cuerpo, apenas amarga detrás de un sabor muy fresco en boca. 

Todas las cervezas del KOI son artesanales y elaboradas por pequeños productores locales, los cuales trabajan con pocas cantidades, hasta con fabricaciones muy exclusivas como para la cerveza « Reina » del lugar llamada « Hibiscus ». Fue mi último descubrimiento, una cerveza rosa creada especialmente en colaboración con el KOI, y de la cual el restaurante solo puede recibir un único barril por mes. Tónica y elegante, femenina, la reina « Hibiscus » exalta este sabor cítrico y sorprendente del Hibiscus, mientras se disfraza con unos primeros olores y sensaciones muy florales.

Casi había terminado de cenar cuando pude conocer a Juan Manual, el dueño del restaurante ; vestido con un look simple, jeans relajados, llegó con su perro y directamente me pregunto sobre la dicha « Hibiscus », antes de contarme la historia del lugar. Cuatro socios y amigos de infancia están detrás de este nuevo restaurante, abierto al público desde marzo.

Luego de un largo viaje a Nueva York y Chicago, el actual dueño se volvió a Buenos Aires inspirado por los « dumplings » y por esta fuerte tendencia, ya casi costumbre, que tienen los urbanos norteamericanos de comer todo tipo de street food y platos de orígenes asiáticos y japoneses que te convidan en las veredas. Sus amigos, Nicolas y Delfina, son los actuales Chefs del restaurante y autores de una carta renovada en cada nueva temporada. Ambos ejercieron varios años como Chefs gastronómicos en Estados Unidos y en Italia antes de lanzar su propia carta en el KOI. En esa noche, Juan Manuel me explicaba que buscan proponer los dumplings como otra combinación posible con la cerveza artesanal local y nuevas asociaciones de gustos, imaginando así una « cocina fusión » que salga del combo de comida « Japonesa-Peruana » más conocido.

Más que una « cocina fusión », desde mi experiencia y para los aficionados de cervezas artesanales, diría que el KOI es un lindo lugar de cervezas muy ricas para tomar, cuya carta resulta, sin ninguna duda, de un exigente trabajo de selección de parte de los dueños, y un restaurante en el que se proponen platos más exóticos que un clásico trendy-burger con sus papas de bolsa, por lo general.

Eficaz, original y cálido, el KOI cumple las expectativas y ofrece un ambiente muy relajado, con precios promedio del barrio. Esa noche, justo había regresado a Buenos Aires y de alguna forma, me gustó esta autenticidad argentina asumida que transpiraba detrás de dichas influencias asiáticas en la propuesta del lugar.

Koi Dumplings – Ministro Justiniano Carranza 1591 – Palermo – De martes a jueves de 12 a 01, de viernes a sábado de 12 a 03 y el domingo de 12 a 01.