Concebir al ser humano como parte de la naturaleza y no como su amo es una perspectiva en auge. A pesar de que desde un punto de vista occidental se suele meter en el mismo cajón a todos los pueblos indígenas, sean los de Estados Unidos o los del resto del mundo, lo cierto es que sus filosofías y visiones de mundo coinciden en numerosos puntos fundamentales que contrastan con nuestra visión antropocéntrica, fundada en el hombre y la razón.

El pueblo Mapuche, o “gente de la tierra”, es una etnia del sur de Chile y el sur de Argentina, ubicada principalmente en la región del Biobío, la Araucanía y la cordillera de los Andes. Actualmente, constituyen el 10 por ciento de la población chilena, porcentaje que en su mayoría persiste por su conservación, lucha por la reivindicación, la recuperación de sus tierras y su cultura.

En su libro Secrets of Native American Herbal Remedies, Anthony J. Cichoke afirma que casi todas las culturas nativoamericanas creen que todo —cualquier animal, creatura viviente, planta, roca, árbol, montaña, incluso el agua— tiene un alma. Por ello, toda la naturaleza debe ser honrada y tratada con respeto.

No se trata de un respeto supersticioso para con los seres inanimados, sino de la conciencia inherente de que todo lo que existe —especialmente la naturaleza— merece respeto simplemente porque estuvo antes y estará después de los seres humanos.

Sus tradiciones cuentan con múltiples ceremonias y rituales, como lo es el We tripantu o wüñoy Tripantu, celebración del año nuevo mapuche que se realiza en el solsticio de invierno austral (el día más corto del año en el hemisferio sur) entre el 21 y el 24 de junio. Ritual siempre guiados por una machi o por el Lonko del lugar, autoridad espiritual que además viste prendas y joyas, cada una con su sentido y significado.

Parte de la enseñanza de los ancianos hacia los más jóvenes consiste en promover una cercana relación con la naturaleza y sus ciclos; de entender que a pesar de los avances tecnológicos y los problemas sociales, los seres humanos no forman una categoría aparte de la naturaleza, sino que su vida y su destino están íntimamente ligados.

Entre el patrimonio cultural tangible del pueblo mapuche, se destaca el arte textil, la platería y la medicina mapuche. La cosmovisión mapuche se basa fundamentalmente en la vinculación del mundo espiritual con el mundo tangible. Asimismo, sus aspectos principales son el respeto al mundo espiritual, el culto a los espíritus y a los antepasados míticos, llamados “Pillanes” y “Wangulén”, y la interrelación del pueblo mapuche con la Madre Tierra o Ñuke Mapu, en Mapudungún, con el objetivo de proteger la naturaleza y honrar a sus antepasados.

Hoy en día en Chile el pueblo Mapuche se destaca por la preservación de su cultura y del legado que ello trae consigo. Observar a la naturaleza como un obstáculo o una fuente interminable de abasto es lo que nos ha hecho perder contacto con ella, o reducirla a una mera fuente de placer turístico. Construir una relación cercana y fraterna con los animales, plantas y rocas probablemente no termine con los problemas de contaminación y sobrepoblación que enfrentamos, pero sí puede poner en perspectiva el lugar de la civilización humana en el planeta: somos parte del todo, pero no somos todo lo que existe.

CREDITS

Dirección de Arte: Marcela Mayorga @bymarcelamayorga

Fotógrafo: Francisco Mendez @franciscomendezr

Edición de fotografía: Cielo Lavergne @cielolavergne

Styling: Matías Buzeta @matibuzeta

MUA: Daniela Romero @danielaromero_mua

Pelo: Constanza Carrera @medusa.capilar

Edición: Nelson Riquelme

Clothes: Vanesa Miño (túnicas). Salvatore Ferragamo y Hermès (Foulards). Bernardita Ceballos (Plateria Mapuche).