“Cuando hacés una referencia o un guiño en la música es como poner algo precioso y plástico en la valija que vas a llevarte al futuro. Como me pasó que hubo gente que sintió que yo le estaba quitando algo, ahora aprendí. Cuando recuerdo lo que dijeron, pienso: no, por Dios, les rendí tributo. La cuestión conmigo y Madonna, por ejemplo, es que siempre la admiré y la sigo admirando sin importar qué piense ella de mí. Lo único que me molesta de ella, es que soy italiana y de Nueva York. Si tengo un problema con alguien, se lo digo en la cara. Pero por más respeto que le tengo como artista, no consigo asimilar que no me mirara a los ojos y me dijera que era una reduccionista o lo que sea. Lo dijo por televisión. Decirme que me considerás una mierda a través de los medios es como que un tipo me envíe una nota mediante un amigo: Mi amigo dice que estás buena, toma su nota. Vete a la mierda, donde está tu amigo, que no me pone contra la pared y me besa? Quiero que Madonna me ponga contra la pared y me bese y me diga que soy una mierda”.

Lady Gaga como nunca antes la viste se podría llamar el nuevo documental producción original de Netflix sobre su hasta ahora desconocida corta vida debajo del escenario, justo donde el show debe continuar a fuerza de jeringas, corazones rotos y la intensidad de una bestia pop que es deconstruida por el seguimiento de la cámara como si fuese una tortilla de Ferran Adrià.

Una deconstrucción que pareciera estar anunciando a los gritos que algo anda realmente mal en medio de su talento arrollador capaz de generar fanatismo y redención, enemigos en la crítica y en el ambiente (oh, los celos otra vez!).

Stefani Joanne Angelina Germanotta, antes que nada. El norte de Italia como la cuna de donde viene su familia que en Five Foot Two aparece como su entorno más próximo y presente tan presente que fue el material con el cual hizo el último disco Joanne. “Era la hermana de mi papá, murió a los 19 años. Fue al hospital con mi abuela. Tenía lesiones o algo que le crecía en las manos. En los 70s no se sabía qué era el lupus. No sabían tratarlo y aún no se ha encontrado una cura. Así que le recomendaron amputarle las manos de inmediato. Y ver lo que eso le hizo a mi papá y a mi familia fue lo más fuerte que me pasó de niña. Mi familia es lo más importante en mi vida. Joanne era artista. Y lo que pasó fue que mi abuela no podía quitarle las manos. Les dijo, dejen que mi hija se vaya por favor. Y me contó que fue a la sala de espera y le pidió a Dios que se la llevara, no quería que su hija recordara sus últimos momentos sin las manos. Y bueno, yo soy Joanne, soy hija de mi padre. De eso se trata el disco”.

Su casa ph en Malibú, California, donde pasa sus días como si estuviera en otra época allá a mitad del siglo XX, andando en autos de colección, pero donde ya se empiezan a ver las facturas que le viene pasando su cuerpo, a cinco años de un golpe que le provocó un traumatismo en su cadera y la actualmente ya declarada fibromialgia. Sesiones de masajes en todos lados, en su casa, en salas de ensayo, hospitales, y una conciencia de la enfermedad demasiado presente.

El día a día en la relación con su productor Mark Ronson mientras ultima detalles para la salida de Joanne (“Muchos de los hombres en mi vida, en lo profesional y también con los que salí a lo largo de los años, me hacían sentir que yo no era suficiente por mi cuenta. Pero no me siento así trabajando con Mark”), y se mete de cabeza en la campaña presidencial cuando Trump comenzaba a ser cosa seria y da un show en un acto de los demócratas, y va a un bautismo familiar que otra vez pareciera haberse quedado en los 50s, y reaparece como actriz en American Horror Story y finalmente le dan el ok (una cuestión de Estado allá) para estar en el entretiempo del Super Bowl.

Pero nada de esto importa. Salvo cuando en ese instante magico previo al Super Bowl, se cruzan Donatella Versace, lobotomizada ya a un nivel necro, con George Bush padre en silla de ruedas, en soquetes de colores y la esposa de George, con una sonda en la nariz.

Las cámaras del director Chris Moukarbel perforan esos días donde la explosión de un reconocimiento mundial convive con su físico abatido, una ruptura definitiva con su novio y el nacimiento de su disco que en el mismo día de su salida a la venta es liberado en internet. Es increíble la escena que va a un Walmart a buscar su propio CD, los empleados no la reconocen y al chequear que no estaba su CD (cd!) en la batea principal se encargó ella misma de tirar abajo los que había y poner el suyo. Increíble que la cultura del CD siga tan alto en tierras donde nació la piratería.

De estas perlas hay muchas en altísimo nivel de frescura pero que solo puede ser logrado por la autorización de Gaga para que la cámara de Moukarbel ingrese hasta en los consultorios, en modo reality activado.

“Nunca me sentí suficientemente cómoda para cantar y estar así. Para solo cantar y atarme el pelo. Nunca me sentí suficientemente linda ni inteligente ni suficientemente buena música. Pero ahora sí. Sé que merezco esto. De todas las cosas que merezco en esto es donde se que valgo algo. Quiero hacerme mujer en esta industria y crecer. Cuando te haces famosa a los 21 o 22 es como que dejás de crecer. Yo quiero hacerme mujer. Porque siempre puedo llevar el pasado conmigo pero no puedo volver atrás. Hay que dejarse atrás a una misma”.

Para salir del drama hay que traumatizarse más, dice en un momento. Todo parece conspirar contra su físico, un show donde las coreos son permanentes, tomando un poco de distancia al culto de styling pero sin saber como van a reaccionar sus fans más antiguos que además de escsucharla quieren ver qué se puso.

Parte de la deconstrucción de Five Foot Two es la versión reducida a piano de “Bad Romance”, el punto más alto quizás de las perlas halladas en el fondo, bien al fondo, de la vida de Lady Gaga.