Por Sofía Bonelli

“A veces fantaseo cuando las calles están frías y solas, y los coches se queman debajo mio / ¿Acaso lo que pasa no llena tus ojos?”

Esto no lo digo yo, sino The Stone Roses, en versos del tema Made of Stone”. Viene a mi mente casi sin querer, a la hora de introducirme en la obra del Lobo Velar o, mejor dicho, de Carlitos, como lo llama la mamá. A base de plasticola y retazos de fotografías, el Lobo arma su mundo de recorte para elaborar universos donde el foco y la perspectiva se diluyen, los ángulos pierden cordura y las temperaturas no entienden de colores únicos. Patada mediante al Photoshop, hizo de la tijera en mano un manifiesto de creatividad e ilusión que desafía el tiempo y el espacio a partir de negativos de 35mm.

Es algo que se acerca al recuerdo de un sueño, o a esos pensamientos que no encuentran palabras para ser expresados, donde todo queda emulsionado… Creo que algo tiene que cambiar en nuestra forma de percibir el entorno, pero aún no sé bien de qué se trata”, reza el statement del Lobo. Sin más introducción, adentrémonos en el día a día de un artista inclasificable que nos abre las puertas de su casa en La Boca para conocerlo sin filtro, recorte ni manipulación.

Artista, fotógrafo, padre… me interesa que me cuentes sobre tu rutina. ¿Qué es lo primero que hacés cuando te levantás?

Lo primero que hago cuando me levanto es darme una ducha, tomarme un buen desayuno y poner música para arrancar. Generalmente la llevo a Elena (7) al colegio, así que el combo implica levantarla a ella, preparar el desayuno para dos y ayudarla un poco…

¿Cómo es esa relación? ¿Cómo te pego la crianza de Elena?

La verdad es que pasamos mucho tiempo juntos, hacemos un buen equipo. Disfruto mucho las mañanas con ella: pintamos, cocinamos, invitamos amigos a casa… muchas cosas. Ser padre me cambió en muchos aspectos; aparte de madurar a los golpes, me hizo valorar mi relación con mis padres y tener una noción sobre la importancia del tiempo y las cosas un poco diferente Aprendí a respetar y cuidar la palabra, y sobre todo a estar.

Seguimos con la rutina, aunque te saco del lugar de padre para hablar del Lobo artista. ¿Cómo dividís tus tiempos para dedicarte al trabajo?

Reparto mi tiempo según lo que toque. Hay semanas en las que trabajo más como fotógrafo, lo que implica reuniones, tiempos de preproducción y producción de imágenes, edición, etc., y otras en las que le dedico tiempo a mi trabajo personal, que tiene más que ver con las artes plásticas. En definitiva, siempre se trata de construir imágenes.

¿En qué consiste ese proceso de construir imágenes?

Trato de pensar en mensajes o ideas en forma de metáforas y componerlas de manera que cumplan con ciertas cuestiones estéticas e inviten a recorrerlas con cierto ritmo. A veces las pienso como una canción. Para eso leo, escucho música, tomo notas de lo que me resultó interesante por algún motivo, observo y trato de estar atento a lo que estoy viviendo. Hago bocetos o maquetas que quedan en estados de prueba hasta que veo que toman una identidad propia. De alguna forma u otra le dedico casi todo mi tiempo; a veces la forma de medirlo es más tangible, otras es más un proceso interno.

¿Cómo influye tu vida cotidiana en ese proceso de creación?

Influye y forma parte de mi proceso de creación: casi todas las imágenes que produzco tienen que ver con mi vida cotidiana. Sin duda lo que me inspira es el tiempo, la incomodidad, la búsqueda y el encuentro.

Hablando de tiempo y búsqueda, ¿cómo te llevas con las redes sociales?

Me llevo, las uso… Sin duda forman parte de mi trabajo y de un juego. Conocí mucha gente a través de las redes, he conseguido trabajos y hasta vendo obras a través de mi cuenta de Instagram [@lobovelar] o Facebook. Creo que son un buen canal, aunque a veces roban más tiempo del necesario y sí, me cansan un poco.

Al igual que las mujeres, me imagino.

Por el momento estoy soltero. Podría definir mi relación con las mujeres como un aprendizaje constante…

Google dice que El Lobo Velar inició su camino en la fotografía a los 20 años. Que adquirió formación técnica asistiendo a reconocidos fotógrafos y logró definir un estilo personal. Además, se distinguió en el campo de la fotografía de moda y editorial trabajando para reconocidas marcas locales e internacionales del circuito comercial.

¿Qué opinás sobre tu paso por la moda?

La verdad es que el mundo de la moda no me genera mucho en sí mismo, pero me interesa como reflejo sociocultural y por sus desafíos creativos al momento de producir imágenes… Si bien me tomé un tiempo fuera del circuito, ahora estoy trabajando de vuelta. Actualmente colaboro para MiniComplot, Tramando y Coragroppo, entre otras marcas.

¿Cuál es tu visión del mundo del arte? ¿Cómo lo vivís desde adentro?

No creo mucho en el mundo del arte, creo que hay mucha pose y muchas veces vale más el figurar que el trabajo en sí. Y esta OK, no tengo problema con eso, pero no le entro mucho. Creo que eso es así en todo; la moda, política, las relaciones, etc. Hago más bien la mía. Esto no quiere decir ni que yo tenga la posta ni que sea lo más inteligente para hacer. Es como soy. Me llevo bien con los colegas… hasta que algo sale mal. Por suerte son pocas las veces que eso pasa.

¿Y cómo te llevás con la moda en lo personal?

No soy muy loco a la hora de vestirme, aunque creo que tengo mi estilo. Le presto más atención a la calidad de las prendas, y muchas veces vienen juntas, aunque tampoco soy de comprar mucho. Tengo dos aliados indiscutibles: dos ponchos que me encantan usar y buenos zapatos.

¿Buenos zapatos para salir a bailar?

Me gusta mucho ir a bailar, sí. Y los lugares a los que vaya tienen que ver más con una búsqueda musical que con el lugar. Casas de amigos, bares donde me siento en casa… Me gusta ir a Shout; me encanta la comida y la coctelería es de lo mejor. Dadá, infaltable, y Club Regia, sin duda. Además, cada tanto paso música en Río, cosa que me divierte mucho.

¡No te privas de nada!

La verdad es que disfruto salir, estar con mi grupo más cercano y el de siempre, como los amigos del colegio. Incluso, disfruto mucho que vengan a casa y meterme en el rol de anfitrión.

¿Delivery o cocinás?

¡Cocino todos los días y de todo! Con Elena nos gusta hacer panqueques y amasar pizzas. Nos animamos y hacemos unas combinaciones bastante interesantes; por ejemplo, el pastel de papas por acá sale muy bien, y hago una sopa de cebollas a la francesa que en invierno comemos bastante. Disfruto cocinar y me gusta mucho hacer el fuego. Tengo una linda terraza para invitar gente y si el clima nos deja, hacemos unas hamburguesas caseras muy buenas.

Inquieto y en ejercicio constante por la búsqueda, al Lobo le gusta pensar en voz alta, hablar solo y conversar sobre su pasión por la música. Fuma. Lo deja y vuelve. Dice que quiere arrancar como productor musical, que el tema le interesa, pero tiene que estudiarlo. Mientras tanto, al presente lo configura en pequeñas fotografías.

¿Qte depara este año?

Por ahora estoy encarando unos trabajos por encargo y viendo de llevar unas cosas a Nueva York y hacer algo allá. La verdad es que estoy trabajando bastante como fotógrafo, revisando mi archivo y pensando en un nuevo punto de partida para continuar. Estoy pensando en cómo hacer para amalgamar el pasado, el presente y el futuro de forma sostenida.

Última pregunta, y tal vez la más difícil de responder: en el mundo del Lobo Velar, ¿cuál es tu mayor extravagancia?

Esa me la guardo para mí.

 

PH: @FrancoDupuy

PRODUCTION: Ash Moros