Después de la década ATR en la noche porteña, Diego Maradona decidió recibir al nuevo siglo en una chacra de Punta del Este junto a amigos y parte del entorno manejado por su manager y confidente con quien se daba piquitos, Guillermo Coppola. “Cuando llegué me hicieron pasar enseguida. Me encontré, no a Maradona, me encontré a un hombre muriendo. Estaba en estado de coma, tirado en un sillón, rodeado de personas que no tenían mucha idea de lo que había que hacer”, dijo Jorge Romero en una entrevista en 2009. El día del incidente, Romero trabajaba en la policlínica de La Barra, en Maldonado. Con 28 años, hacía solamente un mes que se había licenciado como médico. No imaginaba que en su cuarto día de trabajo, Coppola lo iba a llamar al hospital pidiendo un aparato para medir la presión, porque el astro, de vacaciones en la zona, se sentía mal.

Tomó su coche y se desplazó hasta una chacra del empresario Pablo Cosentino en San Ignacio. Allí el médico no llegó a practicar a Maradona un masaje cardíaco o la respiración boca a boca, aunque sí “algunas maniobras para mantener la vía aérea despejada, para que pudiera respirar”, en instantes en que el futbolista “presentó varias pausas porque su sistema respiratorio dejaba de actuar”. De ahí fue ingresado en la clínica con una “crisis hipertensiva y una arritmia ventricular”. Allí pasó varios días con la prensa mundial en la puerta. Luego, su representante fue procesado por la Justicia uruguaya por complicidad en el tráfico de drogas y por falso testimonio, gracias a la versión de Romero, que incluyó la revelación de que camino a la clínica a Coppola se le ocurrió parar a cargar combustible. “Estuvimos veinte minutos con Maradona en coma mientras cargaba nafta. (Yo) Lo quería matar”, recordó.

Se le diagnosticó una afección cardíaca grave después de ser trasladado de urgencia al hospital en Uruguay por una sobredosis de su otra pelota más amada y que más lo destruyó. Los médicos dijeron que a los 39 años había tomado tantos medicamentos que su ritmo cardíaco se redujo al 38% de su capacidad. Ya en su primera entrevista desde su colapso, Maradona admitió que estaba “medio muerto”. “No quiero dejar este mundo. Voy a luchar para seguir viviendo, ya que quiero pasar mis últimos años con mis hijos”, dijo.

De ese quiebre en La Barra, lo pusieron en un avión rumbo al exclusivo complejo turístico de salud de La Pradera, en Cuba, donde podía ir y venir a su antojo e invitar a las personas que quisiera en su casa de huéspedes. Antes de salir de Argentina, acompañado por un equipo de médicos, su esposa, Claudia, sus padres Diego y Tota, su manager, el médico personal Alfredo Cahe, dijo que su tiempo en la rehabilitación en el extranjero sería de tres a seis meses. El tratamiento terminó siendo de cuatro años en un balneario en la isla del Caribe, y un último paso en 2005 pero en otro lugar con un régimen mucho más estricto.

La internación en el country de La Pradera incluyó un campo de golf donde se lo pudo ver en varias entrevistas intensas con invitados de todo tipo y calibre, entre ellos un paso fugaz de Rodrigo Bueno en su pico de fama con imágenes exclusivas para el programa Versus y donde aparecía Maradona intacto en sobrepeso y con cambios constantes en el look, su pelo estaba teñido de un amarillo naranja y tenía un enorme tatuaje del Che Guevara en su brazo derecho.

Por otro lado, su elección de La Habana para recuperarse de los problemas cardíacos y la adicción a la cocaína se consideraba una victoria propagandística para el gobierno de Fidel Castro y sus reclamos de servicios médicos superiores, para tapar la desidia de una dictadura que había hecho trizas la población nativa cubana estancada en el tiempo y destinada a servir al turismo de lujo. También sus nuevos problemas provocaron una nueva campaña de publicidad antidrogas por parte del gobierno.

Mientras tanto, en esos días, el ex juez federal, Hernan Bernasconi, era arrestado con una orden argentina en Brasil, donde se encontraba fugitivo, por cargos de asociación criminal y mala conducta que involucraban su investigación del caso Coppola, donde había quedado claro que los policías que trabajaban con el ex Juez le habían plantado cocaína en un jarrón en el departamento de Coppola.

En 2004 volvió a Cuba para reanudar el tratamiento luego de una recaída en una quinta en Buenos Aires y en donde era insostenible poder tenerlo encerrado. El embajador de Argentina, Raúl Taleb, dijo a periodistas en ese momento que pasaría su primera noche en el Centro de Investigaciones Médicas Quirúrgicas de La Habana, un prestigioso hospital conocido por sus siglas en español como CIMEQ. Allí, debía someterse a un chequeo médico general antes de comenzar el tratamiento con medicamentos en otra instalación. El segundo regreso de Maradona a Cuba se dio luego de un drama de una semana de duración, en donde se lo vio dando entrevistas en el prime time de la TV en un estado eufórico y transitando batallas judiciales con familiares sobre cómo y dónde continuar su tratamiento. Los médicos decían que padecía un corazón debilitado y graves problemas respiratorios.

Se le había prohibido salir de Argentina luego de que miembros de su familia inicialmente bloquearon sus primeros esfuerzos para regresar a Cuba. Él decía que prefería el tratamiento en la isla para mayor privacidad. Permaneció un tiempo más en el Centro Nacional de Salud Mental, un complejo extenso de casas individuales con techos de tejas rojas en una zona tranquila y bordeada de palmeras en el oeste de La Habana, donde esta vez se restringieron sus movimientos. El centro se encontraba en el mismo barrio donde se decía que vivía Fidel Castro, quien era un amigo y admirador de la estrella de Fiorito.

Maradona llevó a Argentina al título de la Copa Mundial de 1986 y la final de 1990 antes de retirarse en 1997. En el 2000, la FIFA lo eligió a él y a Pelé como los mejores jugadores de fútbol de la historia.

Su carrera comenzó a declinar en 1991 cuando fue suspendido por 15 meses luego de una prueba positiva de cocaína mientras jugaba para el Napoli en Italia. Fue enviado a casa de la Copa Mundial de 1994 en los Estados Unidos después de fallar una prueba de drogas para la efedrina, y más tarde fue prohibido durante 15 meses.

Se retiró en 1997 después de dar positivo en otro antidoping, esta vez en Buenos Aires.