Jason Aldean, músico estrella del país, se presentaba en el escenario montado en la avenida principal de Las Vegas alrededor de las 10:08 pm, cuando desde una de las habitaciones del Mandalay Bay Resort And Casino ubicada en el piso 32 comenzó un tiroteo con armas automáticas que apuntaron directo a las 22 mil personas que estaban en el festival de música country al aire libre Route 91 Harvest, causando 59 muertes, hiriendo a más de 500 varios de ellos aún graves.

Una vez que se informó que un hombre de 64 años llamado Stephen Paddock fue la persona que abrió fuego en Las Vegas el domingo por la noche, los principales medios y el gobierno de Trump decidieron no “politizar” la tragedia, tal vez porque Paddock no era un Musulmán o un inmigrante indocumentado. Era solo un yankee promedio.

La policía de Las Vegas ha anunciado, después de haber abatido al autor, que no cree que haya más tiradores. “Creemos que se trata de un lobo solitario”, ha declarado el jefe de la Policía de Nevada. El autor fue encontrado muerto en su habitación después de que la policía utilizara explosivos para abrir la puerta. Se suicidó antes de que llegaran los agentes, dijo la policía. No se cree que pertenezca a ningún grupo terrorista extranjero.

La Casa Blanca insistió tan solo 12 horas después del tiroteo, que es prematuro hablar de reformas a la legislación que regula la posesión de armas. Eso ya significa que se está politizando la tragedia. Un legislador democrata dijo sobre esto que “los momentos de silencio solo sirven para esconder nuestra inacción” ante lo que considera una “epidemia”. Llega a tanto la pasión por las armas en la cultura de americana que varios referentes del partido Republicano boicotearon minutos de silencio por esta tragedia en actos públicos.

Pero quién es Paddock. En cuestión de horas pasó de ser alguien extraño a saberse todo sobre su vida. Un jugador profesional de alto riesgo, un fanático de las armas e hijo de un ladrón de bancos.

Stephen Paddock se armó con 23 armas y miles de municiones en su habitación del hotel Mandalay y tenía también varios kilos de nitrato de amonio, un compuesto usado en la fabricación de bombas. Además, la policía informó que otras 19 armas, explosivos y varios miles de municiones fueron recuperados de la casa de Paddock.

Según el FBI, Paddock, era un apostador profesional de alto riesgo y un inversionista de bienes raíces, sin antecedentes penales conocidos, pero era el hijo de un ladrón de bancos “psicópata” que estaba en la lista más buscada del FBI. Benjamin Hoskins Paddock estaba cumpliendo una sentencia de 20 años por una serie de robos a bancos en 1968, cuando escapó de la Institución Correccional Federal en La Tuna, Texas.

El autor de la masacre de Las Vegas tenía 27 residencias en California, Nevada y Texas, reportó NBC News, citando registros públicos. En 2013, compró una casa nueva en Viera, Florida, al norte de Melbourne. Lo vendió dos años más tarde por 235.000 dólares, según los registros de la propiedad. Don Judy, un vecino de la comunidad cerrada de retiro donde Paddock vivía en Florida, lo describió como “un chico muy agradable”, informó el AP. Era “tan normal … no hay nada para decir de este tipo”, dijo Judy.

Para escapar de la humedad de Florida y porque le gustaba apostar, Paddock se mudó a Nevada hace dos años. Compró su casa de un piso y tres habitaciones en un barrio exclusivo para jubilados de Mesquite por 369.000 dólares en 2015, ubicada a 130 km al noreste de Las Vegas. La comunidad de jubilados de lujo está ubicada alrededor del Conestoga Golf Club. 

Algunas de las armas encontradas en el hotel fueron compradas en Guns and Guitars Inc. en Mesquite.

Paddock había estado casado y se había divorciado dos veces. Una de sus ex esposas, que vive en el sur de California, dijo a la policía que ella y Paddock se divorciaron hace 27 años y que no habían estado en contacto durante muchos años. No tuvo hijos. En este último tiempo vivió con Marilou Danley, de 62 años, en su residencia Mesquite. Ella estaba fuera del país en el momento del tiroteo. Pero un depósito de 100 mil dólares a su cuenta por parte de Paddock encendió alguna sospechas, aunque las autoridades están desconcertadas.

Además del abogado mediático Fernando Burlando, quien se encontraba en un teatro del Mandalay (dentro del hotel funciona la carpa del Cirque du Soleil con el show sobre Michael Jackson “One”) junto a su novia Barbie Franco y que fueron dignos corresponsales de los medios argentinos, otros testimonios hablan de un desconocimiento total de la situación dentro del hotel, con escenas de puro thriller.

A uno de ellos, llamado Traynor, ni se le ocurrió que lo que había oído eran disparos automáticos. Incluso después de escuchar que había ocurrido un tiroteo, dijo que no hizo la conexión con el sonido. Y nadie del hotel le avisó nada.

Alrededor de dos horas y media más tarde, Traynor recibió un correo electrónico grupal de sus clientes que le alertó de un tirador activo y le aconsejó que se quedara en el lugar. Poco después, comenzó a notar el constante sonido de las sirenas en el exterior, así que prendió la televisión, y miró las noticias antes de acostarse. Vio que por lo menos dos personas habían muerto y docenas resultaron heridas. Se puso en contacto con su familia para hacerles saber que estaba a salvo y se fue a la cama. Todo esto a 10 pisos abajo de la habitación de Paddock.

Alrededor de las 2 de la mañana, Traynor fue despertado por fuertes golpes en la puerta de la habitación del hotel. La puerta se abrió, y un pelotón de miembros del equipo SWAT fuertemente armados confirmó con linternas y a los gritos que estaba bien y solo en la habitación. “Por favor, quedate en la habitación y volvé a dormir”, le dijeron, antes de cerrar la puerta y el equipo SWAT repitió el mismo protocolo en la siguiente puerta. 

A los huéspedes en el Mandalay Bay se les permitió salir de sus habitaciones poco después de las 7:30 am del lunes. Traynor bajó al piso del casino poco después. En su camino abajo notó un mensaje del equipo SWAT notando que su piso había sido despejado y asegurado. Describió el casino como vacío y casi completamente silencioso el lunes por la mañana. Se dio cuenta de que decenas de personas con aspecto muy cansado y ropas campestres, algunas cubiertas de tierra, pasaban por el pasillo que une los hoteles de Mandalay Bay y Luxor. Muchos eran los huéspedes del hotel a los que les había sido permitido volver después de estar cerrado durante la noche.

“Fue simplemente surrealista y terriblemente triste”, dijo. “La gente no estaba molesta sólo parecía sorprendida, mucha gente simplemente estaba deambulando sin decir nada, y otros estaban llamando a sus seres queridos”.