Pocas cosas más contemporáneas que Monsanto. Una empresa del montón nacida en los campos norteamericanos del Midwest, en Missouri y que a largo del siglo XX se transformó en una mega corporación predator mutante infiltrada nada menos que en la alimentación humana y que a medida que se fue haciendo notorio su lado oscuro comenzó a preocuparse por demostrar lo contrario a través de un lobby full time en los medios masivos de comunicación y actualmente en las redes sociales con un marketing mutante y cancerígeno como su producción de agroquímicos.

En estos días se hizo público (uno de los puntos de Monsanto actualmente es el control de la opinión pública) una filtración masiva de documentos internos, emails entre empleados de la empresa que también compromete seriamente a los laboratorios estatales y privados y la comunidad científica.

Parte de la religión de Monsanto es mantener una reputación alta en los círculos académicos, aunque parezca un accidente en tiempos donde múltiples informes datan de la gravedad en la salud humana de sus productos y reformas agrarias.

La Justicia Federal de Estados Unidos ha desclasificado más de 250 páginas de correspondencia interna de Monsanto que sugieren que la empresa agroquímica actuó como ‘ghost writter’ de supuestas investigaciones atribuidas a científicos independientes en las que se niega el potencial cancerígeno del glifosato.

La reputación de Roundup, cuyo ingrediente activo es el herbicida más usado del mundo, se vio afectada recientemente cuando una corte federal de Estados Unidos abrió el acceso a documentos que plantean dudas sobre su seguridad y los métodos de investigación de su fabricante, el gigante de productos químicos Monsanto.

Según The New York Times, los documentos incluían correos electrónicos internos de Monsanto, así como intercambios de correos entre la compañía y organismos reguladores federales. Los registros sugieren que Monsanto habría desarrollado investigaciones que luego se atribuyeron a académicos, además de indicar que un funcionario sénior de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) pudo haber impedido que el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos revisara el ingrediente principal de Roundup.

Los expedientes fueron divulgados por el juez Vince Chhabria, que tiene en sus manos el litigio presentado por personas que declaran haber desarrollado linfoma no Hodgkin debido a su exposición al glifosato.

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Los documentos de la corte muestran que Monsanto recibió un aviso sobre esta determinación por parte de un subdirector de división en la EPA, Jess Rowland, con meses de anticipación. Eso permitió que la compañía elaborara un plan de relaciones públicas contra la investigación mucho antes de su publicación. En sus correos, los ejecutivos de Monsanto también señalaron que Rowland había prometido resistir el esfuerzo del Departamento de Salud y Servicios Humanos que buscaba realizar su propia revisión.

Dan Jenkins, un ejecutivo de Monsanto, sostenía en un correo electrónico de 2015 que Rowland, en referencia a la posible revisión de la agencia, le había dicho: “Si puedo darle un carpetazo a esto, mereceré una medalla”. La revisión nunca se realizó. En otro correo, Jenkins le decía a un colega que Rowland planeaba retirarse, y que “podría ser útil mientras avanzamos con nuestra defensa del glifosato”.

En un correo electrónico que se divulgó el martes, William Heydens, otro ejecutivo, les decía a funcionarios de la compañía que podrían escribir investigaciones sobre el glifosato y luego contratar a académicos para que firmaran como autores de los artículos que redactaba Monsanto. “No gastaríamos tanto si nosotros escribiéramos, y ellos solo editaran y firmaran con sus nombres, por decirlo así”, escribió Heydens, y además citó una ocasión anterior en la que la compañía ya había hecho eso.

Mientras tanto, en Argentina, la corporación de Missouri avanza careteando en modo avión fumigador y en un rol cada vez más siniestro, se para como si fuera un exponente de lo sano, recomendando por sus sucursales en Instagram o Facebook cómo ser una persona saludable y generando un efecto peor (y un desafío complejo para su agencia de community managers local) recibiendo cada publicación miles de comentarios negativos de personas reales que denuncian su lado oscuro.

 

TEXTO  Julián Doyle / The New York Times

FOTOS Mathieu Asselin / Monsanto Argentina