Y si por una noche, luego de su simbólica ascensión presidencial en el Palacio del Louvre y de recibir a Putin en el Castillo de Versailles…si de repente Emmanuel Macron o « Jupiter » como lo llaman ahora los franceses, se hubiera bajado de sus esferas celestiales?

Este año, para el primer día del verano, el día de la fiesta nacional de la Música en Francia, hacía bastante calor en el Palacio del Elíseo. El ex socio-gerente del banco internacional Rothschild&Co, hoy presidente de la República Francesa, había transformado el patio de entrada al palacio en un gran dancefloor. Así era la foto: un presidente con un look relajado, una mirada casual, quien acumula selfies como lo haría una estrella de rock y posa acompañado con miembros de la comunidad LGBT, sobre un fondo de música electro!

Esta fiesta reservada para 2000 personas reunía a músicos emergentes y DJ famosos de la escena electrónica francesa tales que Kavinsky, Busy P. y Cézaire. Se notó especialmente la presencia de Kiddy Smile, vestido esa noche con un sweater llevando el mensaje «soy hijo de inmigrado, negro y gay». En el seno del palacio presidencial se podían escuchar cosas como estas : «Let’s burn this house down down!… women and weed, strictly green! …cause I’get my dick sucked! …Dance, mother fucker dance!», mientras travestis y miembros representantes de las redes queer y LGBT bailaban danzas voguing y tecktonik en las escaleras.

Ahora sí la intención de promocionar a los artistas emergentes de la música electro francesa (quienes de hecho, se defienden bastante bien en el escenario internacional) parece muy legitima, no sería la primera vez que la «onda Macronista» tendría a chocar y dividir a la opinión pública. Este nuevo acercamiento hacia la comunidad LGBT de parte del presidente replantea fuertes espejismos sociales de una «época-bisagra» entre dos siglos.

Ningún presidente había organizado tal fiesta antes de Emmanuel Macron. Y en una sociedad en la que cada uno busca afirmar su identidad, en particular a través de su imagen y de las redes sociales, estos DJ y bailarines también vinieron a reivindicar su identidad en esa noche.

Aunque Macron se quiera mostrar como un presidente del nuevo mundo, según las ultimas encuestas, post fiesta, casi un 60% de los franceses entrevistados expresaron un sentimiento general de sorpresa y de perplejidad, pronunciándose principalmente en contra de la imagen que el presidente francés pudo revelar en esa noche, y mas aun a nivel internacional. No es que desde Francia esta oposición nazca por motivos realmente homofóbicos, sino que el razonamiento de esta reacción negativa en la opinión publica se podría justificar o explicar por otras razones tal vez bastante lógicas. Conviene recontextualizar. Por un lado es un país en el que las luchas para la igualdad de genero(s), iniciadas en los 60, pudieron avanzar hacia más representación y consideración respetuosa de las comunidades LGBT en la actualidad. Entre otros eventos sociales, mayo del 68 y la legalización del aborto en el 74, derribaron y superaron los cerrojos hacia nuevas libertades. Hasta uno podría llegar a pensar hoy, que más allá de lo políticamente correcto o de lo cool, al final el solo termino « LGBT » en si todavía no dejaría de proyectar otra forma de « categorización », dividiendo a la gente en nuevos paquetitos sociales, lo cual podría seguir siendo percibido como discriminación.

Pero de qué tipo de tolerancia, de identidad y de integración se habla en este marco actual a la hora de representar las minorías en Francia, en un país y un continente en el que vuelve a crecer el racismo de manera totalmente alarmante, un país en el que la extrema derecha pasó la segunda vuelta de las últimas elecciones en 2017, por qué entonces no proponer a músicos del electro francés colaborar con artistas de Magreb y de África por ejemplo? Tal evento hubiera permitido mezclar, o literalmente « remixar » desde las diferencias culturales. Tal vez sea algo más pesado aún que la cuestión de la identidad sexual en la Francia actual.

Da la extraña impresión que aunque Emmanuel Macron tenga 40 años y sea el presidente más joven de la historia del pais, Francia permanece en una república envejecida, con un régimen que carece de referencias a la democracia moderna. Precisamente porque viene de una tradición monárquica desde varios siglos, es como si Macron se vería obligado a reinventarse una imagen: por un lado tratando de seguir manifestando una autoridad kitsch y agitada con grandes demostraciones de poder, e intentando por otro lado aferrarse a la post modernidad y ser de vanguardia, haciendo cosas de derecha y de izquierda al mismo tiempo.

Se acabó la fiesta y en las últimas semanas, varias controversias han perforado seriamente la reputación de Macron, especialmente en torno a sus últimos gastos, llamado nuevamente « Júpiter » y « Presidente de los ricos ». Monsieur Macron viaja en Falcon por una distancia de 110km y pide una piscina en el Forte de Bregançon, una residencia estatal utilizada como el lugar de veraneo oficial del Presidente, mientras Madame quiere cambiar integralmente los servicios de vajilla del Eliseo en porcelana de Sèvres, por un valor aproximativo de 50.000 euros. Durante un discurso Júpiteriano(lo cual habría apuntado a seducir a los partidarios de derecha), cómodamente instalado en los sillones Luis XV del salon verde del Eliseo, Macron fue grabado diciendo que « hay que responsabilizar a los pobres,…porque se gasta un montón de dinero y la gente sigue pobre! ». En respuesta, como en Francia gustan bastante de caricaturar las cosas ridículas, una familia de provincianos mandó por correo su propia vajilla a la pareja presidencial, acompañada de una nota que decía: «?Para evitarles gastar un montón de dinero! Con amistad!?». Rápidamente el hashtag #JoffreMaVaisselleAuxMacron (#OfrezcoMiVajillaALosMacron) se volvió viral.

Mientras tanto, las oposiciones de izquierda se siguen manifestando. En el mes de mayo, unidas con los sindicatos, desfilaron en las calles en la ocasión de una marcha nacional bautizada « La Fiesta a Macron ». Como un abreviado de la expresión francesa « hacerle su fiesta « a » alguien », lo que dicho con ironía significa « escrachar alguien », retarlo o pedirle cuentas. A fuerza de no saber qué postura adoptar, detrás de muchos artefactos de comunicación, a un año y medio de su victoria en las elecciones, el poder de Macron parecería como vacilante, sin capacidad de devolver una verdadera coherencia.