No Song, No Spell, No Madrigal – The Apartments by Regia

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Los interminables inviernos. La desorientada soledad. La memoria que caprichosa abre de golpe sus archivos. La tristeza que nunca se sabe dónde viene. Los anhelos que reconocemos inalcanzables. La espiral de los pensamientos. La nostalgia del mar. ¿Cómo los toleraríamos sin música? ¿Qué sentido tendrían vaciados de ella? ¿Qué otra alquimia podría transformar esos dolores en belleza?

No lo sabremos nunca. Pero acaso la música nos fue dada para remediar ese vértigo de la existencia que ningún otro lenguaje humano puede interpelar. Y sacarnos de la perplejidad que paraliza con ese moverse en el tiempo que es la mejor manera de estar en él y transcurrir.

Para decirlo de otro modo, el simple acto de levantarse para poner un disco como este sacude toda inercia y echa a andar emociones que, de quedarse quietas y encerradas, enfermarían. Pero también, si se quiere, puede obrar en contrario. Es decir, servir para conjurar emociones dormidas y al hacerlo darles relieve y espesor a las horas, regalándoles de paso un impensado reencuentro con la belleza. Que una banda australiana con un nombre tan anodino, después de quince años sin sacar un disco, aparezca con estos ocho temas y sintamos que estuvieron siempre con nosotros es la clase de milagro a la que nos aferramos los que necesitamos oír para creer.

La voz de Peter Milton Walsh se nos mezclaba con otra en el recuerdo. Lo que nos resultaba inolvidable era una docena de temas clásicos ignorados por el público consumidor de temas clásicos. Y ese sentimiento mezcla de impotencia y secreto orgullo por saber la verdad: cuando bandas como Coldplay inundaban las ondas, renovábamos la certeza de que quince años antes The Apartments, con parecidos sonidos, habían calado más hondo y sonaban más definitivos con cada escucha. Y como la luz de los inviernos o una foto atesorada, la belleza de aquellas canciones no se extinguía con el paso del tiempo.

Dos notas de bajo, la amplísima circularidad de unos pocos acordes de guitarra eléctrica y el andar reflexivo de la base alcanzan para iniciar con la declaración del título, el inevitable recorrido por asuntos importantes que nos son comunes a todos. Walsh es la voz amiga que nos llama a gritos desde algún lugar de la calle. Pero también la de alguien casual en un café, diciendo cosas que capturan nuestra atención a dos mesas de distancia. Pregona, denuncia, implora, confía, vacila. Habla sola, habla por nosotros. Nos habla.

“Looking for Another Town” empieza como un ensueño, que el chelo y el piano van trayendo a la realidad. Hasta que un silencio necesario precede la irrupción del estribillo, henchido de lastimado orgullo, doliente de necesidad y de entrega. “Remember this”, repite Walsh. Y cada vez las palabras suenan más candentes, urgiendo una presencia, montadas sobre el paso decidido de quien se resiste a parar y aceptar la derrota.

La trompeta de “Black Ribbons” anuncia un diálogo tentativo, nervioso y elegante a la vez. Pero es la vulnerabilidad de Walsh la que lo eleva a la categoría de trascendente. Cuando se instala el frío implacable de “Twenty One”, no hay manera de arroparse que no sea entre esas mismas notas. Y nuevamente la cercanía de la voz es tan cálida y sin embargo hiela la sangre.

La data biográfica que no deberíamos conocer nos devuelve a las cuestiones del principio: la muerte de un hijo pequeño no hay música que pueda remediarla. Pero si alguien tiene la suficiente capacidad como para articularla con este nivel, es la ayuda más parecida a Dios que podamos conseguir.

Y puede ser una ilusión momentánea, el brillo de una esperanza que necesita imperiosamente hacerse canción para no desvanecerse, pero hay luz en “September Skies” y sus armonías que secan las lágrimas. Y la resolución de “Please, Don’t Say Remember” suena a aceptación y a sosiego.

Pero lo más curioso de este puñado de canciones, es cómo llegan a movilizarnos tanto, deslizándose sin dificultad ni apremio alguno. Todo lo excepcional que hay en ellas es la manera sencilla que adoptan y con la que se nos hacen imprescindibles. Casi tan fácil como levantarse cada mañana y comprobar que la vida sigue. Aunque en realidad es al revés: tener canciones de semejante belleza de las que aferrarnos es lo que hace más fácil levantarnos cada mañana.

 

No Song, No Spell, No Madrigal – The Apartments, pertenece al libro “Los 138 discos que nadie te recomendó”, escrito por Ernesto Gontrán Castrillón y Sergio Coscia (Editorial GRIJALBO, Abril 2017).

 

 

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