La persecución de las pandillas MS-13 (Mara Salvatrucha) en Long Island está derivando en una excusa de Trump y la policía de Nueva York (NYPD) para vigilar y criminalizar comunidades enteras de inmigrantes, entre los cuales se encuentran en primera fila los latinos y afroamericanos.

La asociación aceitada entre la policía y los fiscales de NY tienen un rasgo común: diseñan casos de conspiración masiva que tienen como fin decenas de arrestos y acusaciones rápidamente resueltas en declaraciones de culpabilidad.

Con el nuevo alcalde Bill de Blasio, y el nuevo clima de época con Trump en Washington, este sistema se profundizó. El big data también de nuevo. Una base de datos de pandillas del NYPD con 342 personas detenidas por mes, casi tres veces más el número de la década anterior. Eso a pesar de los niveles históricamente bajos de delincuencia y del hecho de que los delitos motivados por pandillas constituyen menos del 1 por ciento de todos los delitos denunciados en la ciudad de Nueva York.

Los acusados en este tipo de casos, casi siempre de los barrios más pobres de la ciudad de Nueva York (BrooKlyn, Queens, Nassau y Suffolk, todos pertenecientes a Long Island) no pueden permitirse el lujo de contratar abogados. Los cargos de conspiración que enfrentan – en el caso del Bronx, en virtud de una ley federal aprobada en 1970 para combatir a la Mafia – son amplias y difíciles de combatir, porque probar que las personas “conspiraron” con otros acusados de crímenes es más fácil para los fiscales que probar que cometieron ese crimen. Amenazados con sentencias draconianas, la mayoría de los acusados en estas situaciones aceptan acuerdos de declaración de culpabilidad, por lo general condenados a años y no a decenios de prisión, y otorgando a los fiscales condenas masivas y fáciles.

Los datos revelan, además de una brutal tendencia para detener a neoyorkinos no blancos, que en febrero de 2018, había 42.334 personas en la base, un aumento del 70 por ciento desde que Blasio asumió el cargo en enero de 2014. Noventa y nueve por ciento de los agregados durante ese período de cuatro años no fueron blancos. El NYPD también mantiene una base de datos de miembros de pandillas “inactivas” que incluye a 2.706 personas.

Más informes de organizamos de DDHH de Nueva York dan cuenta que en realidad la definición del NYPD de lo que constituye una pandilla es amplia, vaga y está desconectada de la evidencia de actividad delictiva.

La lista exhaustiva que se conoció de criterios para identificar a los miembros de pandillas son por ejemplo “quedarse hasta tarde” y “cambios de comportamiento”, así como el uso de videojuegos, SnapChat, e Instagram, lo cual es un nivel muy flojo de investigación ya que eso podría aplicarse fácilmente a la mayoría de los adolescentes y jóvenes.

Marne Lenox, abogada del NAACP (National Association for the Advancement of Colored People) uno de los grupos detrás de esa solicitud de registros para conocer el big data de la policía de Nueva York, dijo: “La policía básicamente está criminalizando las amistades. Y realmente, estamos hablando de chicos. Estamos hablando de chicos que asisten a la escuela juntos, que crecieron en el mismo barrio, que juegan basket juntos, que se comunican con sus amigos en las redes sociales”.

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