Es raro encontrar un grupo de personas de clase media-alta como bastiones de una nueva subcultura. Sin embargo, un grupo de rich kids en Milán durante la década de 1980 terminaron imponiéndose en revistas y canciones de bandas top dedicadas a ellos. Las políticas de libre mercado de Raegan y Thatcher ayudaron a hacer posible su estilo de vida consumista, pero también se trataba de una tribu que era anticultural para ese momento, intrigantes e incluso clandestina, a pesar de su visibilidad en la prensa italiana (y luego en toda Europa).

Fanáticos de la comida rápida, el movimiento Paninaro fue una mezcla audaz del clásico adolescente estadounidense de los años 50 y la última ropa deportiva de diseñador europeo. Estaban en bares fast food de sándwiches en Milán, en especial su bar favorito Al Panino, de donde el surge el nombre y también posteriormente se reunían en la Piazza San Babila, donde se encontraba el primer restaurante de la cadena de comidas rápidas “Burghy”. Andaban en scooters, scrambler bikes y jeeps, en un territorio dominado por Vespa, optaron por andar en motos de cross. Las Hondas, las Suzukis y las Yamaha eran opciones populares, que sumaban a la más elegida en esos años, la Zundapp KS125, que tenía algo fundamental para este grupo: un gran catálogo de colores!

Su estilo era un giro europeo al estilo clásico estadounidense que vieron en películas y programas de televisión como Top Gun y Knight Rider y el estilo preppy de las universidades de la Ivy League de Estados Unidos. Aunque se utilizaron como punto de referencia, se hicieron suyos a través de una sensibilidad únicamente italiana. Los descarados cinturones de vaquero grabados de El Churro y las hebillas de Texas siempre se exhibían debajo de las buzos enrollados de Best Company. Esto vendría acompañado de guantes de cuero brillante y un chaleco o una campera de Moncler. También estaban presentes los Levi’s 501 enrollados para revelar sus medias y zapatos o botas de Burlington o Timberland estampados.

Toda esta estética volvió para quedarse. Se siente un estilo realmente relevante en este momento con el resurgimiento de estas marcas en la cultura popular y el crossover en la estética con un montón de streetwear contemporáneo.

PANINARO ’19 es el nombre de la colección invierno 2019 de PABLO BERNARD, en referencia directa a la canción del dúo inglés Pet Shop Boys, Paninaro (1986), y Paninaro ’95 (1995).

Determinado a desentrañar el porqué de la fascinación (y a veces disgusto) que provocan en nuestra sociedad los modales, costumbres, aspectos y creencias de la juventud, contemporánea, y en general a lo largo de las últimas décadas, el diseñador Pablo Bernard nos presenta un carrousel de looks que evocan los excesos de los tardíos ‘80s, la hiper-sexualización decadente de los ‘90s, y la modernidad barata de los ‘00s. Si los Paninari italianos de principios de los 80s admiraban el way of life de la era Reaganiana, el fast food, la superficialidad consumista y los modales afectados, los chicos de BERNARD, no distinguen entre día o noche, entre la belleza de la sutileza o el horror del exceso. “Uno simplemente podría agregar redes sociales, a la descripción, y no habría diferencia entre el universo de los Paninari, y ciertas obsesiones de los actuales millennials”, argumenta Bernard.

Vestidos de satén cortados al bies, buzos con capuchas agujereadas para los auriculares inalámbricos, faldas victorianas, estampas fotográficas de bandas y canciones de los ‘90s (IS THAT YOU MO-DEDAN, B52S, 1992 / PELIGROSOS GORRIONES). Y la vuelta de los súper miriñaques tanto para hombres como para mujeres, en un tour de force estilístico que busca ubicar dentro de las imposturas de los jóvenes actuales las incomodidades del pasado.

Parte de la colección que hoy se presenta en el BAFWEEK (a modo de cápsula) se desarrolló en alianza con Temco Argentina, empresa dedicada a la comercialización y servicio de la tecnología de tejido de punto Shima Seiki. La tecnología Wholegarment de Shima Seiki permite la fabricación de un vestido tejido en una sola pieza, en forma tridimensional, directamente en la máquina de tejer sin necesidad de remallados y costuras. El resultado son una serie de vestidos tubulares de un tejido de red negro, semitransparente, “goth knitting”, en palabras del arquitecto y diseñador.

A esta subcultura, compuesta por hijos de profesionales acomodados que ocupaban el espacio entre las familias de los asalariados, y las familias de altos recursos, sin orientación política, obsesionados por la moda y la cultura americana, en marcado contraste con las generaciones comprometidas políticamente de las décadas de 1960 y 1970, que se esforzó por sobresalir como viviendo en la vía rápida, con acceso a marcas globales al alcance de sus manos, con la bendición de personajes entrañables del mundo del espectáculo neoliberal italiano como Berlusconi que a través de sus canales de TV transmitió mensajes con películas, comedias y dibujos estadounidenses, que se hicieron extraordinariamente populares; les rinde homenaje la colección de Bernard y 33 años antes, los monumentales Pet Shop Boys lanzaban ‘Paninaro’, inspirando su B-Side de 1986 y su himno nacional a la tribu de Milán.