Por Lautaro Cura

Renaat Vandepapeliere nació en 1957 en Deinze, Bélgica. Durante su adolescencia descubrió su pasión por los discos, que lo llevó a pinchar desde temprana edad. En 1984, junto a su mujer Sabine Maes, fundó R&S Records, uno de los sellos más trascendentales en la historia de la música electrónica: artistas como Juan Atkins, Joey Beltram, Aphex Twin, Jaydee, Tale of Us, Nicolas Jaar y James Blake son algunos de sus comodines.

En una entrevista con Clash Magazine contás que antes de crear R&S estabas frustrado con la escena electrónica local. ¿Qué era lo que pasaba en ese momento? ¿Qué te llevó a crear un sello discográfico?

Bueno, frustrado es una palabra un poco fuerte. Cuando creamos R&S casi no había sellos independientes, solo grandes. Lo que queríamos era hacer algo con una perspectiva belga, central y cargada de influencias. En esa época, si querías escuchar música electrónica tenías que ir a los clubs, no tenías otra opción. La música electrónica solo pertenecía a ese ecosistema. Queríamos sacarla de ahí.

Cuando crearon R&S, ¿podían visualizarlo como un trabajo real o empezó más bien como un juego que luego fue tomando mayores dimensiones?

En ese momento yo ya era DJ. ¿Era un juego? No. Nos lo tomábamos en serio en el sentido de que queríamos intentar lograr algo que pudiera ser valorable, si entendés a lo que voy; cosa que nunca fue fácil, porque el mercado inglés y el alemán siempre fueron muy dominantes. Pero aquí estamos, luego de 35 años. Creo que algo hemos hecho bien.

A lo largo de la historia de R&S han editado artistas de los más diversos estilos y personalidades, ¿cómo hacés para reconocer un talento y querer trabajar con él o ella?

Esa es una pregunta muy difícil. Es como un instinto, no sé. Podés intentarlo. Escucho con mis oídos y tomo una decisión. Sin prestarle atención al mercado, porque esa sería la salida fácil, apenas una cuestión de segundos.

Probablemente tiene mucho más que ver con ser un rebel in the game. Es un gatillo, algo que cuando lo escucho, gatilla algo en mí. Nunca sabés si va a vender o no.
O sea que nunca pensás en el mercado.
No. Por supuesto, amo la música dance. Incluso en ese rubro, cuando intento encontrar algo, busco algo que yo tocaría. El mercado es imposible de controlar; una vez que sacás un disco, ya está ahí afuera. Hoy en día los sellos planean tanto todo con la idea de sacar material exitoso, que se vuelven aburridos. Para mí esas reglas no cuentan. La música tiene que ver con la música.

En 2000 hubo una pausa en la historia de R&S. En una entrevista con Ransom Note decís que estabas aburrido. ¿Qué te llevó a reabrir el sello en 2006?

Lo cerré porque la música se había vuelto muy aburrida en esa época, muy corporativa. Eso está bien, no me malinterpreten; no tengo nada en contra de eso, simplemente no es mi mundo. En 2006 por alguna razón la música volvió a ser interesante. Una combinación extraña, entre dubstep, electrónica y techno, un nuevo sonido que llamó mi atención. Esa fue la razón por la que volvimos, porque volvió a ser interesante.

¿Hubo algún artista en especial que haya llamado tu atención?

Para mí no se trataba de los artistas, sino de algo más grande que ellos. Burial fue el primero que me llamó realmente la atención, si querés un nombre. Era más un sentimiento general, como un nuevo sonido, que era refrescante, desafiante, y nuevo. En mis oídos sonaba muy interesante. Lo vi emergiendo todo de nuevo. Y entonces dijimos “OK, hagámoslo. Volvamos”.

En 2016 R&S firmaron un contrato de distribución digital con Believe. ¿Cómo cambió internet a la industria de la música y en particular a la música electrónica?

Siempre digo que la música seguirá siendo consumida; lo que cambia es la manera en que se consume. Todos saben que la música electrónica vende muy poco. Solo los DJs la compran. Hoy en día, la porción más grande de la torta se la lleva el streaming: Spotify, Soundcloud, hasta YouTube, por lo que las ganancias están más bajas que nunca. Por supuesto, en la otra cara, desde internet alcanzás una audiencia mayor, pero la industria completa está en crisis. Al mismo tiempo, probablemente nunca hubo tanta música nueva a disposición. Eso debería subir la vara, porque si querés destacarte tenés más competencia. Y sin embargo, los chicos de hoy en día son expuestos a música muy mediocre. Hay tanta mierda ahí afuera, sin inspiración alguna… Aunque soy optimista; hay un montón de música nueva increíble.

¿Qué estás escuchando últimamente? ¿Algún artista nuevo al que deberíamos prestarle atención?

Uff, escucho de todo. Desde jazz, pasando por música clásica hasta techno. Hay tanta música, por Dios. Uno de mis últimos favoritos es el nuevo disco de Paul White, que vamos a editar en R&S, por cierto. Absolutamente brillante. Tan bueno y fresco. Por supuesto soy fanático de Nicolas Jaar y Nils Frahm, como todo el mundo. También me gusta mucho Biome, y estrictamente en el campo del techno, Unknown Archetype, que también está en R&S.

Vas a tocar en Into the Valley. ¿Qué deberíamos esperar de vos?

Bueno, nunca planeo nada. Nunca me preparo. Compro tracks, están en mi computadora, y una vez que estoy ahí en el campo de batalla, lo único que hago es buscar, buscar y buscar, sin parar. Tengo toneladas de música, por lo que no tengo idea. Me tiro a la pileta y empiezo a nadar. En ocasiones hasta compré tracks esa misma mañana, cosas que ni siquiera conozco tan bien. Además soy malo con los nombres, por lo que tengo que buscar cuidadosamente. Hay muchísima música buena allí afuera. El problema es que las personas respetan demasiado las reglas. Se vuelven predecibles. Y eso para mí es aburrido. Lo que más me motiva es cuando aparece algo nuevo en escena, algo excitante que no me esperaba. Lo único que sé es que voy a tocar de seis a siete horas.

¿Siete horas? ¿En serio?

Es como me siento más cómodo, porque así puedo trabajar, contar una historia. No entiendo a los DJs que tocan dos horas, sinceramente. ¿Qué puedo hacer en dos horas? Solo un poco de boom, boom, agarrar el dinero e irme. Yo quiero las subidas y bajadas, quiero los cambios de escenario, quiero el relato completo. Si me pedís que toque solo dos horas, me pongo nervioso y no sé qué hacer. ¡No hay tiempo!