Hoy los diarios ya no hablan de amor y si unx se siente con poco ánimo, bajo un horóscopo con cero estrellitas en amor, los pulgares se deslizan en la superficie de relaciones virtuales por Tinder, Happen, Grindr, eDarling u otras plataformas de dating en línea, tic tac tic tac, surfeando entre las olas de la moda actual y sus oleajes afectivos. Sin embargo y sin querer dramatizar, uno piensa que tampoco podría decir(se) como Gustave Flaubert: « Madame Bovary, soy yo », cuando tal vez

Es que Madame Bovary, gran heroína de la novela de Flaubert, remite de inmediato a esta búsqueda de un amor exclusivo y absoluto, así como también encarna el fin de toda esperanza en el ámbito del amor. Una y otra vez, la vida de la Emma Bovary reenvía a la historia de un fracaso personal y a una idea del amor directamente relacionada con la derrota. Ella, representa la imposibilidad del amor en una sociedad a la vez sujeta a las convenciones católicas y a los códigos burgueses del dicho « mundo moderno », bloqueada entre romanticismo y realismo. Varios filósofos y críticos contemporáneos notan y concuerdan en decir que estaríamos volviendo a una percepción del amor pre-romántica de los finales del siglo XVIII. 

A más de un siglo y medio de la primera publicación de la novela de Flaubert en La Revue de Paris en 1858, todavía permanecería una vigencia entre dos versiones del amor pasadas y futuras, llevando eternamente a la misma desesperación y la extraña impresión « onda Bovary » de perder su vida en amores imposibles. O como lo señaló el filósofo estadounidense Allan Bloom, al final las mujeres como los hombres se sienten presos por dos sentimientos predominantes que son el aburrimiento y el erotismo.

Los amantes, René Magritte.

« Más allá de una unión, se trata de un descubrimiento del otro, un descubrimiento progresivo, a veces difícil, ¿pero lo más importante no estaría justamente en esta sorpresa del otro? », declara el filósofo y sociólogo francés Alain Badiou. « ¿Sin esto, sin esta sorpresa del otro, no sería este el momento preciso en el que uno se encuentra de regreso hacia el gran mercado y el capitalismo del amor? »

Al final, ¿a qué punto o desde cuándo elegimos ya no sorprendernos?! Entre las facilidades y relativas oportunidades que nos proponen unos algoritmos mandados por maquinas, las reglas del speed-dating, los package de vacaciones all inclusive para solteros y la burocracia de las agencias matrimoniales, ¿cuánto elegimos vivir el amor sin tener que vivir ningún evento contingente, sin caer irrevocablemente en la sensación de haber encontrado un vinculo tan especial que solo pueda existir ahí, entre dos personas?

A esta pregunta, el muy controvertido filósofo slovaco Slavoy Zizek, en una conferencia intitulada « Love as a political category », dada en 2013 y todavía disponible en Youtube, comenta algo interesante : « queremos las cosas gratis, sin tener que pagar ningún precio por ellas, por lo que cuesta de verdad,queremos azúcar sin calorías, café descafeinado, queremos cerveza sin alcohol, relaciones y sexo sin el riesgo de enamorarse ». Según el pensador, evolucionaríamos en una sociedad en la que se ofrece precisamente un amor sin caída, permitiendo ahora elegir no vivir este encuentro supuestamente dramático y emocionalmente violento porque es impredecible.

En definitiva, proyecta un encuentro y una validación del otro en su diversidad; dos eventos en los que, como dijo Simone de Beauvoir, «tal vez solo se trate de la absurdidad de las ideologías y en fin, todo goce es proyecto!(toute jouissance est projet!*)». Quizás ahí será que se equivocó Emma Bovary, porque la literatura romántica relaciona el amor con el momento del encuentro y de la muerte, mientras que en realidad el amor sobre todo representa lo que sucede entre los dos.

Para el francés Alain Badiou, con la explosión de Internet y de los sitios de citas, se vende la idea de que las personas pueden ahora diseñar o modelar el amor como les conviene, sin inconvenientes y de acuerdo con criterios específicos como tener los mismos intereses, los mismos gustos, las mismas orientaciones políticas, las mismas referencias, etc. Al final, se trataría de una versión bastante comercial de la cosa, como si fuera un producto. Quizás, a Madame Bovary no le hubiera gustado mucho que Tinder solo proponga un botón « interesadx » VS « no interesadx », porque entre estas dos opciones relativamente extremas, no queda mucha incógnita.

Her, Spike Jonze.

Dentro de un marketing general en el que se busca estructurar la vida de los individuos, hoy la palabra « interés » así asociada con el amor quizás podría llegar a representar cierto riesgo de instalar y normalizar una versión absolutamente egocéntrica de este sentimiento, el amor, convirtiendo de a poco la relación con los demás en un contrato entre intereses personales intercambiados. Sin embargo y solo por hablar de Tinder, el Uber de las citas, a finales de 2017 las cifras son elocuentes: más de 110 millones de descargas de la aplicación, 50 millones de nuevos clientes incluyendo más de 2 millones de suscriptores de pago y al final, 1.5 millones de “citas” por semana: en media década, la plataforma de dating se ha convertido en un punto de referencia mundial, a pesar de un mercado altamente competitivo.

En fin, quizás lo más triste podría ser ver lo que Zizek expresa con ironía como « un pseudo western budismo hedonista », según esta ideología new age la cual dictaría y justificaría todo: « cree en vos mismo – experimenta tu vida – no te ates a las cosas ni demasiado a la personas – la vida es un juego de apariencia e ilusiones no te lo tomes tan en serio – realiza tu verdadero potencial… » etc. Un pensamiento que también acompaña perfectamente nuestras sociedades y actitudes consumistas. En un mundo donde todo tiene precio, lo gratuito es sospechoso. Y como se dice en Internet, « ¡si es gratis, es que el producto sos vos! ».

Si hoy abrir Tinder, ya casi podría asimilarse a cazar Pokemons por geolocalización, el amor en sí no parece ser tanto un juego sino que puede mostrarse muy violento, volverse un lugar de prueba y a veces, incluir una zona de riesgo. Muchas personas mueren por amor, de hecho todos los efectos nocivos de la pasión amorosa representan una categoría entera del Derecho y de la Justicia Civil.

Ahora bien, después de Madame Bovary y de Madame de Beauvoir, luego de haber luchado por décadas para la liberalización sexual, a la hora en la que la noción de un amor de por vida estaría más atribuido a cierto conservadurismo y convenciones burguesas, el solo acto de amor verdaderamente apasionado ya casi parece replantearse como un acto subversivo en si, hasta quizás peligroso para la sociedad actual basada en algoritmos.