El miedo solo sirve para perderlo todo. La importancia de proteger, la clave de protegernos. De Terry Richardson a Ari Paluch, la industria del espectáculo no para de derramar historias de abuso sexual y violación sistemática a los derechos de la mujer, ya sea actriz, modelo o asistente de producción en una radio. Gracias una vez más (cada vez más) al poder de distribución de las redes sociales, los que a lo lejos eran juegos de seducción se logran ver como lo que realmente son, historias de tormento y abuso. Pero todo en la vida se paga.

¿Es Terry Richardson un artista o un depredador sexual? Ambas pudieron convivir sin drama en el entertainment weekly. Con solo poner su nombre en Google se puede ver a un ser humano transformado en un espejismo de sí mismo: los mismos anteojos de plástico negros de gran tamaño, zapatillas Converse, jeans, camisas a cuadros, medalla con una cruz o estrella de David o un medallón de narcóticos anónimos. Una sonrisa petrificada y el gesto a esta altura monstruoso del pulgar arriba, completan la patología.

Su vínculo con el mainstream llegó temprano y demasiado lejos, es decir, Barack Obama. En los últimos años, él y Lady Gaga colaboraron en un libro (Lady Gaga x Terry Richardson), hizo videos para Beyoncé (XO) y Miley Cyrus (Wrecking Ball), ambos de gran impacto, y vistos más de mil millones de veces por YouTube. Trabajó y trabaja para las marcas de lujo Valentino, YSL, y para las marcas de mercado masivo como Target y H & M, con montos reportados de $160 mil dólares por día. Sus retratos tienen un inconfundible estilo porno chic contra la pared blanca y, este dato es clave en su vida, una ilusión de espontaneidad.

La fama de Richardson también se debe en parte a su capacidad de incluirse en fotos de las celebridades que fotografía, tipo selfie, donde la mayoría de las personas fotografiadas junto con Richardson adoptan algún aspecto de su aspecto distintivo, tales como sus anteojos o el gesto del pulgar hacia arriba. Es una caricatura inmutable.

También es famoso por otra razón: ha cultivado una reputación de ser un pervertido orgulloso que, fuera de su trabajo comercial, produjo una serie de imágenes extremadamente explícitas -con desnudos, elementales leches y fantasmagoria all inclusive- que muchos encuentran ahora como pornográfica y sobre todo, misoginia. En los últimos años, varias de las modelos que participaron en esas imágenes, mitad por ellas mitad por presión de sus agencias, han indicado que tampoco se sentían del todo cómodas, presentaron demandas y, cada vez más, hablan en textos propios en sus redes y blogs y a través de entrevistas.

En los últimos nueve meses, las críticas a Richardson se han trasladado de la periferia a un lugar más central y enfrentado, donde se espera que uno se ponga de parte o en contra de él. En octubre de 2014, un adolescente británico subió una petición a Change.org para juntar firmas titulada “Grandes marcas: dejen de utilizar al presunto delincuente sexual y pornográfico Terry Richardson como fotógrafo”.

Desde el 2014 cuando empezaron a llover denuncias, se empezaron a leer sus intenciones y su obra como artista desde la depredación en lugar de la transgresión. Todo lo cual es desconcertante para el fotógrafo, que se ve calumniado por ser repugnante y por ser la misma persona que alguna vez fue ampliamente celebrada por la misma industria que ahora le corta la cara, cuando el pasado lunes, según asegura The Telegraph, los presidentes de las distintas divisiones por países que agrupa Condé Nast Internacional (que edita Vogue, GQ, Glamour o Vanity Fair en 29 mercados internacionales), recibieron un email firmado por James Woolhouse, el vicepresidente ejecutivo de la compañía, en el que les prohibía de forma inmediata volver a trabajar con el fotógrafo Terry Richardson. El email añadía que cualquier producción de fotos que hubiera sido planeada con él, o incluso cualquier fotografía suya ya realizada y aún por publicar, debían ser “destruidas, canceladas o sustituidas por otro material”.

Pese a esta declaración de guerra, otra parte de la industria mantiene su vínculo intacto con Richardson: ha fotografiado la campaña de Valentino Resort 2018, firmó un editorial de moda en el número de noviembre de la revista W y recientemente ha trabajado con Vogue China, GQ Alemania o CR Fashion Book, la revista de la poderosa estilista Carine Roitfeld.

Su padre, Bob Richardson, fotógrafo famoso en los 60s, decía: “A menudo, una sesión termina con el sexo”.

Terry era un adicto a la heroína en los años 90. Tuvo un matrimonio de tres años con una modelo llamada Nikki Uberti, seguido de una serie de relaciones, muchas con modelos. En 2001, después de romper con una novia tres días antes de navidad, Richardson se puso traje y corbata, consumió heroína por valor de 100 dólares, se tragó un puñado de Valium y terminó una botella de vodka. Sus amigos lo encontraron en estado de coma en su departamento. Al año siguiente, Richardson fue a rehabilitación en Pasadena (California) y se limpió. Aunque tuvo una recaída con heroína en 2008.

A medida que la carrera de Richardson se aceleraba, su trabajo personal se volvió más intensamente sexual. Empezó a quitarse la ropa él también mientras realizaba las fotos, argumentando luego que se trataba de un truco para hacer que las modelos se sientan cómodas posando desnudas. También se fotografió a sí mismo cada vez más, o fue fotografiado por sus asistentes, en múltiples escenas explícitas, que más tarde describiría como una catarsis de sus problemas. “Hacer ese trabajo desnudo y quitarse su propia ropa es cómo superó su propia timidez”, dijo Dian Hanson, uno de sus asistentes. 

La infancia de Richardson fue caótica y sin supervisión. Sus padres formaban parte del jet set en París, festejando con Keith Richards, participando de sexo en grupo, etc. Cuando Terry tenía 3 años, su padre fumó demasiado hash y se desmayó en la calle en Marruecos. El mismo año, su padre se encerró en el baño y se cortó las venas (uno de los cuatro intentos de suicidio). Terry estaba allí cuando llegó la policía. Poco después, Terry se comió una frasco de aspirinas con sabor a naranja y tuvieron que limpiar su estómago.

Una vez que los Richardson regresaron a Nueva York, a un departamento en Jane Street, y el padre de Terry los había dejado, su madre llevaba una serie de amantes a diario, incluidos Jimi Hendrix y Kris Kristofferson. Luego se mudó a Woodstock, donde cambió su nombre a Annie y se casó con un músico británico, Jackie Lomax, que había sido protegido de George Harrison. También pasó un verano con su padre y su novia Huston en su departamento de Londres cuando tenía 7 u 8 años y los escuchó tener relaciones sexuales todos los días.

En 1974, cuando su madre y Jackie Lomax decidieron mudarse con Terry a Los Ángeles, él ya era un niño enojado. “Solía destruir mi habitación y destrozar todo, tenía mucha rabia”, le dijo a Index en 1998. “También era de escuchar voces en mi cabeza, pero eso se ha ido un poco ahora”. Su madre en ese momento lo envió dos veces por semana a terapia. Ella estaba en camino a pasarlo a buscar de una sesión un día cuando su auto fue chocado por un camión. Salió de un coma con daño cerebral y llegó a su casa en pañales. Terry tenía 9. Y fumaría marihuana por primera vez ese verano.

Pero esto no termina así. Más o menos al mismo tiempo, el contrato discográfico de su padrastro colapsó, y de repente la familia alguna vez glamorosa estaba en ruinas. Cuando Terry tenía 14 años, tragó 40 pastillas; su estómago fue limpiado de nuevo. Entonces su madre decidió mudarse al norte hacia el pueblo de Ojai y sacar a su hijo de Hollywood High School. Esto destrozó a Terry, según Christopher Judges, un amigo en ese momento. Se metió en el punk rock, tocando el bajo en una banda llamada Invisible Government of the World y escribiendo una canción llamada “What Is Love? Love Is Pain”. A los 18 años, ya consumía heroína. Todo esto empieza a llamar la atención, ahora con el personaje consumado, sobre esa sonrisa congelada y el pulgar hacia arriba que lo muestran como una máscara hoy, una autorepresentación forzada de tan positiva. Y ni hablemos de la cantidad de osos de peluche que suele usar.

En agosto de 2003, surgió la primer turbulencia cuando una joven modelo rumana llamada Gabriela Johansson fue enviada por su agencia, LA Models, al Chateau Marmont, donde Richardson estaba haciendo una sesión de casting. Durante el rodaje, ella se quitó solo el corpiño, pero Terry quería más y la empujó agresivamente para que se quitara el resto de la ropa, según una demanda que presentó contra Richardson en 2005, después de que una imagen de ella apareciera en una exhibición de arte del fotógrafo.

Además de una breve publicación en su sitio web que niega las acusaciones, Richardson no hizo ningún comentario público, y parecía en ese momento haber superado la controversia. Negoció un nuevo contrato con Harper’s Bazaar. Empezó a salir con Audrey Gelman, quien además de ser entonces la secretaria de prensa del entonces presidente del condado de Manhattan, Scott Stringer, es la mejor amiga de Lena Dunham.

Diez años después, nuevamente una lluvia de denuncias de acoso sexual. Dada la diferencia de poder que existe entre Richardson, que es grande en años, rico, muy considerado en el mundo del arte, y en efecto, influyente, frente a la mayoría de sus sujetos-modelos, lo que parece estar en juego es la definición misma de consentimiento. Richardson es un tipo que publica libros con Taschen, se junta con celebridades y se fotografía junto al presidente y premio nobel de la paz. La mayoría de las modelos profesionales muchas ni terminaron sus estudios, son mucho más jóvenes que él y obviamente no cuentan con la protección desde el poder inmenso de Richardson dentro de la industria, sus relaciones de larga data con revistas influyentes como Vogue, Harper’s Bazaar y Vogue Paris, y clientes comerciales como Miu Miu, Gucci y Sisley dificultan que la mayoría de los modelos que trabajan lo critiquen abiertamente.

De esta forma, las agencias continúan enviando a sus jóvenes modelos a los castings con él, con la esperanza de que él les dé un gran salto en sus carreras. Y entonces los editores de revistas que nunca considerarían por un momento dejar solos a sus hijas adolescentes con alguien como Terry Richardson, seguirían reservándolo para sesiones con las hijas adolescentes de otras personas.

Por eso gran parte de la nueva ola de la liberación de la mujer se da gracias a un contexto donde Internet actúa como salida del closet, espacio de lucha y deliberación para aquellas víctimas de abuso sexual que los grandes medios no daban cabida por ataduras contractuales con los supuestos abusadores. Además, hubo un cambio de época. Cuando Richardson sacaba, exhibía y publicaba sus imágenes en sus libros Terryworld y Kibosh, el mercado de personas interesadas en la fotografía extrema parecía chico y muy específico.

Ya en un plano más local, distante del Hollywood Reporter, también se están destapando varias ollas que afectan a personajes del mundo del espectáculo. Músicos con múltiples denuncias de abuso sexual a sus fans, mujeres y algunas menores de edad, periodistas como el recientemente acusado Ari Paluch que usaron su poder para acosar a empleadas, o el que supo ser el fotógrafo oficial de Candelaria Tinelli, Bruno Giacco, denunciado por varias chicas que usaba como modelos para sus producciones por violencia de género.

En definitiva, estamos atravesando por un momento interesante y macabro a la vez, pero donde es inquietante que los hombres sientan miedo a las mujeres, y esto es algo que las mujeres absolutamente tienen el poder de hacer. Ha sido muy difícil procesar todas las historias de mujeres que han salido en las últimas dos semanas desde que se reveló que Harvey Weinstein era lo que ya sabíamos que era, pero aún peor, poniendo en evidencia todas las experiencias violentas de cientos de mujeres a manos de hombres poderosos que no han sido castigados por nuestro patético sistema de justicia y otros sistemas igual de patéticos que contrarrestan el riesgo de dañar la buena reputación de un hombre, incluso si esas acusaciones se registraron de forma anónima.