Nasim Aghdam, la mujer que se metió en la sede de YouTube, en San Bruno, California, el martes pasado y abrió fuego con un arma, hiriendo a tres empleados antes de suicidarse, era una youtuber vegana con mucho contenido subido a su canal, donde protagonizaba sus propios videos de música, spots, prácticas de fitness y un largo etc, muchos promoviendo el veganismo y todos filmados en el mismo tono delirante.

Ese martes al mediodía las noticias de una pesadilla ya patéticamente estadounidense -un tiroteo en masa, esta vez en la sede de YouTube en Silicon Valley- comenzó con la policía recibiendo información sobre un tirador activo en San Bruno, al sur de San Francisco. “Tenemos un informe de un sujeto con una pistola. Oyeron de siete a ocho disparos”, en una grabación que ahora aparece en los resultados de búsqueda del mismísimo YouTube. Media hora más tarde, Associated Press había subido, también a YouTube, imágenes de hombres con chalecos que subían por una escalera exterior al campus de la compañía. No pasó mucho tiempo antes de que ese video se reprodujera en redes y en incrustaciones en toda la Web, los beneficios de lo que YouTube solía llamar “broadcasting yourself.”.

Horas después del tiroteo, los videos principales en la página nacional de noticias de US de YouTube trataban sobre la revocación de la EPA sobre la política de emisiones de gases de efecto invernadero, de los padres que apoyan la huelga de maestros en Oklahoma, del libro de Rachel Campos-Duffy sobre quedarse en casa, y el anuncio del presidente Trump que quiere enviar tropas a la frontera con México. En la página siguiente, un solo video reproducía imágenes del campus. En ese momento, YouTube apenas registró su propio pánico mortal.

A última hora del martes, el tirador fue identificado como Nasim Najafi Aghdam, activista por los derechos de los animales e instructora de ejercicios en línea de unos treinta años; aparentemente se había convencido de que YouTube estaba limitando el tráfico a sus videos. Habrá una tentación de leer el ataque como una parábola oscura de la economía de atención: la historia de alguien tan hambriento de opiniones que fue a matar a quienes, en su opinión, las habían limitado. Pero la historia más cierta es que enloquecer con las armas se ha convertido en una forma de vida estadounidense.

Aghdam creía que había puesto en peligro su trabajo al censurar injustamente sus videos y someterlos a la “demonización”, lo que los hacía imposibles para obtener ingresos por publicidad. En un video publicado el año pasado, Aghdam explicó a sus seguidores que la razón por la cual YouTube nos estaba “discriminando y censurándonos” era que “la gente como yo no es buena para las grandes empresas”. Al escribir en su página web personal, concluyó: “No hay ninguna oportunidad de crecimiento en YouTube o cualquier otro sitio de intercambio de videos, ¡tu canal crecerá si ellos quieren!”. Según el hermano de Aghdam, Shahran, siempre se quejaba de que YouTube arruinó su vida. Antes del ataque, él y su padre le habían advertido a la policía que ella podría apuntar a la compañía.

El speech desquiciado de Aghdam y su mirada desorbitada pueden transmitir la sensación de que convirtió a YouTube en un enemigo omnipotente desde cero, como el esquizofrénico que cree que la CIA lo persigue. De hecho, una cierta cantidad de paranoia y resentimiento define la relación de muchos youtubers con la plataforma que les paga. Esto se debe principalmente a las técnicas de moderación de YouTube, que son opacas y cambiantes, guiadas por algoritmos que, al menos en la imaginación popular de los usuarios de YouTube, pueden reducir el ingreso de alguien a nada en un capricho matemático.

En enero, YouTube elevó el umbral de monetización a mil suscriptores y cuatro mil horas por mes; cualquier canal con números debajo ya no sería elegible para recibir ingresos publicitarios. El cambio fue el más reciente de una serie de intentos de YouTube para mejorar la buena onda con los anunciantes mediante la reducción de contenido spam. En marzo, una investigación en el Times of London reveló que el sistema automatizado de colocación de anuncios de YouTube había salido mal; en un caso, un video promocional de L’Oréal apareció después de un sermón del predicador bautista Steven Anderson, cuya iglesia el Southern Poverty Law Center clasifica como un grupo de odio. Los principales anunciantes, luego anunciaron un boicot, valga la redundancia.

El Adpocalypse, como se conoció la crisis, le costó caro a los usuarios de YouTube en términos de ingresos publicitarios y reputación. La compañía hizo todo lo posible para intentar salvar su imagen, desmonetizando videos de izquierda a derecha. Pero el apuro por limpiar la plataforma lo pone muy seguido en desacuerdo con la comunidad. En septiembre, la celebridad de YouTube Hank Green twitteó un aviso que había recibido en su canal informándole que dos de sus videos, uno llamado “Verduras que se ven como Penes”, el otro un video sobre el campamento de refugiados de Zaatari, en Jordania, habían sido desmonetizados. “YouTube reinstaló rápidamente la monetización en el video de Zataari cuando lo llamamos por eso”, escribió Green. “Pero toda esta situación es muy preocupante”.

Aghdam, con sus cromas delirantes, era una celebridad en su Irán natal, donde se la conocía con el nombre de Green Nasim. En uno de sus videos más populares, según The Times , Aghdam “luce un vestido morado, mostrando el escote, y comienza a desnudarse lentamente para revelar un par de pechos de plástico falsos”. En total, sus videos de YouTube acumularon casi nueve millones de visitas y treinta mil suscriptores.

A raíz del tiroteo del martes, la pregunta de qué papel puede haber jugado la desmonetización rápidamente se convirtió en un tema de especulación entre los usuarios de YouTube. Algunos expresaron una especie de simpatía por Aghdam, condenando el ataque incluso mientras recordaban sus propias experiencias en las profundidades del Apocalipsis. Otros muchos comentaristas de tendencia derechista en Twitter esta semana, vieron el tiroteo como un trágico resultado de una censura autoritaria. Sin embargo, fueron mucho más comunes las condenas para la actitud extrema de Aghdam y las expresiones de apoyo a la compañía de YouTubers de alto perfil. Green tuiteó : “Esto no tiene nada que ver con la política de YouTube. Es una historia triste y horrible de una persona que construyó ira y odio dentro de sí misma hasta que le pareció una buena idea conseguir un arma y usarla”.