Los 60s vistos como el verano de un amor que terminó de la peor manera, el arcoíris hipnótico derretido en un apocalipsis kitsch, un western union fatal, anticipando el nuevo brutalismo que se venía en la sociedad del sueño americano profundo.

El ataque al corazón de Hollywood, el hippismo bañado en sangre, y que la inocencia te valga en el look naif de las chicas que luego eran las mismas que agarraban los cuchillos, atravesando cuerpos y la imaginación de los norteamericanos.

En los últimos años, Charlie Manson y su “familia” de followers han sido objeto de una serie de obras literarias y audiovisuales de alto perfil, incluida la ampliamente elogiada biografía de Manson de Jeff Guinn , así como un exitoso podcast “Charles Manson’s Hollywood” y una película documental de Lifetime. En los años 90, las referencias de Manson finalmente llegaron a ser como una obsesión. Marilyn Manson adoptó su apellido artístico en su honor; Guns N Roses sacó “Look at Your Game, Girl” de Charlie para su álbum de covers de 1994 The Spaghetti Incident?; Trent Reznor decidió alquilar 10050 Cielo Drive para poder grabar The Downward Spiral allí.

Se han publicado más de 30 libros sobre su vida y crímenes pero también sobre sus chicas, con The Girls escrito por Emma Cline como uno de los pilares. Otro, por el fiscal en su juicio, Vincent Bugliosi, ha vendido más de siete millones de copias. Netflix ha realizado una comedia, Manson Family Vacation, que muestra cómo sus crímenes macabros afectan a una familia estadounidense moderna de clase media, y dos documentales sobre su vida y crímenes han salido recientemente. Todo fue construyendo de a poco The terrible charisma of Charles Manson.

Justo este mes, antes de que Manson finalmente muriera a la edad de 83 años, Quentin Tarantino selló un acuerdo para dirigir una película utilizando los asesinatos de la Familia Manson como telón de fondo.

En el caso del libro The Girls ha atraído una gran atención porque elige hablar de un aspecto de los asesinatos de Manson que no se menciona: los asesinatos fueron en su mayoría cometidos por tres chicas jóvenes. Y los crímenes dicen mucho sobre el género y la política sexual de los años sesenta, aún inexplorada en la cultura popular.

Las historias de vida de las tres (Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten) son muy similares. Todas experimentaron una desconexión dolorosa con su familia durante la adolescencia. Tanto los padres de Leslie Van Houten como los de Patricia Krenwinkel se divorciaron cuando tenían quince años, y ambas derivaron hacia el consumo de drogas y el alcoholismo. La madre de Susan Atkins murió cuando ella era una niña, y finalmente escapó de casa en su adolescencia para convertirse en una bailarina en topless en San Francisco.

A los 15 años, Van Houten y Krenwinkel dejaron atrás sus hogares californianos, ambas se mudaron a San Francisco para explorar la escena de drogas y música de Haight-Ashbury. Fue allí donde las tres chicas se encontraron con el carismático Manson, que estaba disfrutando de una extraña temporada fuera de la prisión. Con su magnetismo, Manson invitó a las chicas a unirse a su creciente “familia” de seguidores que pasaba el tiempo cerca de ese barrio, dándoles un cóctel de LSD, alcohol e ideas espirituales cercanas a lo que hoy es el Arte de Vivir, en una combinación perversa.

En una entrevista con Diane Sawyer en 1994, las tres mujeres hablaron abiertamente sobre su participación en los asesinatos de la actriz y mujer de Roman Polanski, Sharon Tate y de LaBianca, recordando la forma en que Manson los hechizó. Específicamente, Van Houten recordó cómo Manson le proporcionó una sensación de estabilidad y normalidad, ofreciéndole “algo a lo que aferrarse”.

A medida que la familia Manson continuó creciendo en 1968, también lo hizo la devoción inquebrantable de estas chicas hacia él. Todos se mudaron y decidieron vivir en aislamiento del resto de la sociedad en el Rancho Spahn en las colinas sobre el Valle de San Fernando, un set de cine western abandonado en las afueras de Los Ángeles y establecieron una vida en comunidad autónoma. Allí,  LSD y alcohol, sexo grupal y una filosofía cada vez más distorsionada.

En 1969, Manson se estaba volviendo progresivamente más paranoico, utilizando a las chicas para canalizar sus delirios tremens sobre el mundo exterior. Fue en esta época cuando Charlie comenzó a hablar sobre “Helter Skelter”, una interpretación errada de una letra de los Beatles, que para Manson hablaba de una guerra racial que se desarrollaría en los Estados Unidos entre los blancos y negros, que llevaría a un apocalipsis mundial. Después de esta guerra, Manson creyó que él y sus seguidores serían confiados para tomar el control del mundo, con Manson como presidente de los Estados Unidos (y quizás del mundo).

Tal vez el descubrimiento más espeluznante de los asesinatos fue que Atkins, de 21 años, había apuñalado a la mujer de Polanski dieciséis veces, con cinco heridas que en sí mismas ya eran fatales, y que mataba tanto a ella como a su bebé por nacer. Fue esta imagen de tanto terror en tiempos de amor y paz y contracultura que terminaron de configurar el american horror story en la cultura pop. el crudo subproducto de la contracultura estadounidense de los años sesenta.

En enero de 1971, los cuatro – Manson, Van Houten, Atkins y Krenwinkel – fueron declarados culpables de asesinato y sentenciados a muerte. Las chicas Manson fueron las primeras mujeres en la historia de California en recibir la pena de muerte. Pero solo diez meses después, California prohibió la pena de muerte y conmutó las condenas a cadena perpetua. Desde entonces, en las audiencias de la junta de libertad condicional, las mujeres se han mostrado cada vez más arrepentidas por los crímenes, llorando y pidiendo disculpas a los familiares de las víctimas, algo muy diferente de sus anteriores payasadas alimentadas con LSD en los tribunales.

En el valle de San Joaquín de California, a medio camino entre Bakersfield y Fresno, en las afueras de la ciudad de Corcoran, infestada de moscas, azotada por el viento, se encuentra la extensión achaparrada de la prisión estatal de Corcoran, donde Charlie Manson estuvo cumpliendo el resto de una sentencia de cadena perpetua por su participación en los asesinatos de Tate-LaBianca de 1969. Pasó menos de dos décadas de su vida como hombre libre, el resto adentro encerrado.

Durante su tiempo en la cárcel siguió dando entrevistas a los medios negando todo, parándose como ejemplo de contracultura, diciendo que los Beach Boys le robaron sus canciones y reciendo a una cantidad de fans, muchas mujeres jóvenes y religiosas. Un caso fue la de Star que con 27 años no fue la reputación asesina de Charlie la que la atrajo, sino su postura ambiental pro-Tierra, conocida como ATWA, por aire, árboles, agua y animales. Ella se convertió en su defensora más conectada, para armar varios sitios web pro Manson (mansondirect.com , atwaearth.com , una página de Facebook, una página de Tumblr) y visitarlo todos los sábados y domingos, hasta cinco horas al día.

En las entrevistas que le hacían los periodistas que iban hasta la cárcel, lo primero que describían era la X (más tarde se transformó en una esvástica) que se había tatuado en la frente durante el juicio, para protestar por su trato en manos de la ley, un acto que pronto fue copiado por los otros acusados, y años más tarde, por sus fans, entre ellas Star.

Lo que la mayoría de la gente sabe y cree acerca de Manson se deriva casi por completo del informe de 600 páginas del fiscal Vincent Bugliosi sobre los crímenes, la investigación y el juicio. Bugliosi lo planteó así: el 21 de marzo de 1967, después de cumplir seis años por violar la libertad condicional en una condena de por falsificación de cheques, Charles Milles Manson, ya un delincuente profesional de 32 años, salió de la prisión hacia el maravilloso mundo de paz y amor de San Francisco. Fue el Verano del Amor. Nunca había visto algo así antes, amor libre, comida gratis, muchos abrazos, marihuana y ácido, chicas, tantas chicas, muchas de ellas chicas perdidas buscando a alguien que les dijera que las habían encontrado. Charlie era su hombre. Tocaba la guitarra, tenía la mística del ex convicto, tenía un discurso metafísico de que puedes ser libre y bla bla bla. Las chicas vieron un imán, comenzando con la bibliotecaria Mary Brunner, seguida de Linda Pixme, pronto apodada Squeaky, Susan Atkins sobreexcitada y la financiadora de confianza Sandra Good. Este fue el comienzo de lo que el fiscal luego llamaría “la Familia”. Este fue también el comienzo del final para Manson.

Finalmente llegaron a Los Ángeles. Más que nada, según Bugliosi, Manson quería ser una estrella de rock. Se hizo amigo de Dennis Wilson, de los Beach Boys, que pensó que tenía potencial, y del productor de discos de gran éxito, Terry Melcher. Manson cortejó a Wilson, quien lo llevaría a los círculos más íntimos de los Beach Boys, presentándole a un grupo de hippies high californianos del sur, incluyendo a Neil Young – quien avaló a Charlie ante el poderoso ejecutivo de Warner Mo Ostin – y Melcher, el productor discográfico que originalmente alquiló la casa en 10050 Cielo Drive que se convirtió en el sitio de los asesinatos de Tate.

Vivían en Spahn Ranch, un escenario en algún momento de Hollywood de los westerns, donde Charlie les hizo saber que él podría ser Jesús, y todos lo trataron como tal, lo que ha llevado a la creencia de que tenía algún tipo de poder hipnótico sobre la gente de allí. Y por un tiempo todo estuvo bien. Los chicos que nunca antes habían tenido un hogar tenían uno. Manson desarrolló un apego repentino y complejo a la canción “Helter Skelter”. Adivinó en él una guerra apocalíptica entre negros y blancos, durante la cual él y su banda vivirían en el desierto, bajo tierra, en una tierra mágica de leche y miel, y luego los negros, que habían ganado la guerra, suplicarían a él para que sea su líder, porque no podían liderarse ellos mismos.

Pero Manson se cansó de esperar a que comenzara la guerra, así que el 9 de agosto de 1969, decidió ponerla en marcha enviando al ex atleta Tex Watson, ex estudiante de la universidad católica Patricia Krenwinkel, ex cantante de coro de la iglesia Susan Atkins y una recién llegada llamada Linda Kasabian (que fue la que más ayudó al fiscal luego) a una casa en la que vivían ricos en Cielo Drive en Los Ángeles, una casa que el productor Melcher había alquilado una vez, con la orden de “destruir por completo a todos, de la forma lo más espantosa que puedas”. También debían dejar signos y augurios “brujos” detrás que harían parecer que fue obra de los Black Panthers. Nadie dijo que no.

“Soy el diablo y estoy aquí para hacer las cosas del diablo”, anunció Watson al entrar en la casa. Aproximadamente 25 minutos y 102 heridas de arma blanca más tarde, todo había terminado, al menos por esa noche.

Entre los masacrados se encontraba la actriz embarazada Sharon Tate, de 26 años, esposa del director Roman Polanski (que estaba de viaje de negocios en Londres); el famoso estilista Jay Sebring, 35; el guionista Voytek Frykowski, 32; y la heredera de Folger, del imperio del café, Abigail Folger, de 25 años. Y luego, la noche siguiente, los asesinos lo hicieron de nuevo, nuevamente bajo la dirección de Charlie, con la ex reina de la escuela secundaria Leslie Van Houten agregando al grupo 67 heridas de arma blanca más en la matanza esta vez de una pareja aparentemente aleatoria, el dueño de la cadena de supermercados Leno LaBianca, de 44 años, y su esposa, Rosemary, de 38 años, mientras descansaban en su casa. En ambos casos, también dejaron palabras como “cerdo” y “muerte a los cerdos” hechas en sangre en las paredes, una puerta y una heladera.

Por la forma en que el fiscal de la investigación lo interpretó, estos detalles estaban destinados a conectar los crímenes con los negros.

En 1971, los acusados fueron declarados culpables y condenados a muerte, aunque después se eliminó la pena capital en California. Atkins murió de cáncer hace cuatro años, a la edad de 61 años. Krenwinkel, de 69 años, y Van Houten, de 67, están en la Institución de California para Mujeres, donde han tenido “conducta ejemplar” y continúan esperando la libertad condicional. Watson, de 71 años, está encarcelado en la prisión estatal de Mule Creek en Ione, California. Él confesó haber perpetrado todos los asesinatos en el caso, y las chicas casi siempre apuñalaron a las víctimas después de que ya estuvieran muertas. Todos han repudiado a Manson.

“Hay miles de estafadores malvados y con estrategia, y hemos tenido asesinatos más brutales que los de Manson, entonces ¿por qué seguimos hablando de Charles Manson?” decía el fiscal y escritor Vincent Bugliosi. “Pero definitivamente tenía una cualidad que solo la poseía el uno por ciento de las personas. Un aura, un magnetismo especial”.