La carne enraizada en cruces en remolinos en giros, cámara lúcida lúdica, ese lugar donde todos se la creen, la salida de emergencia que nos salvará, lo que desangra hasta decantar, es algo punzante un goce o dolor, un detalle que atrae, irracional, es una gracia, una fuerza, un detalle que llena y atrae.

Torbjørn Rødland (58) nació en Stavanger, Noruega, pero desde hace ocho años vive y trabaja entre Los Ángeles y Oslo. Todo era muy diferente un toque lejos de la fotografía aunque Torbjørn recuerda haber tenido una cámara desde los 11, en ese entonces su pasión era el dibujo. “Después de hacer caricaturas y más caricaturas políticas para los periódicos locales, me cansé de comunicar ideas fáciles de descifrar”. De ahí al Black Mirror que armó entre temores, impulsos, fetiches, fantasías y anhelos, con imágenes que recrean una atmósfera completamente única e incómoda que se extiende y atraviesa lo familiar y cotidiano, algo pasó.

“Para mí, la fotografía nunca fue para salir al mundo y ‘capturar momentos’, sino que se trataba de ver hasta dónde podía llegar. Siempre existió este impulso hacia lo fantástico. Se trata de querer que la imagen tenga una presencia emocional para el espectador y algún tipo de potencia simbólica. Siento que tengo que sacudir la fotografía y lanzarle algo y presionarla para que cobre vida; para tratar de evitar que sea muerta y aburrida”. Lo dice nada menos que un experto en naturalezas muertas.

Back in Touch es la última (y actual) de sus exposiciones en Europa, la primera muestra individual del artista en Alemania. Curada por Ann-Christin Bertrand, Back in Touch está llena de imágenes (la mayoría aparecen en este post) que comprenden casi una retrospectiva de sus principales trabajos. “Es representativo de lo que he estado mostrando este año. Es una mezcla de retratos y fotografías de objetos”. Una gran parte de las obras expuestas en Back In Touch data de 2015. “Es parte del proceso”, explica. “Mantengo las cosas por ahí por un tiempo. A veces pasan siete años entre el momento en que hago el negativo y cuando está la primera impresión del mismo”.

Sus primeras obras establecen su fascinación por lo fantástico y presagia su viaje posterior a lo que la mayoría de los medios catalogan como “perversión” que no es otra cosa que una exploración en las profundidades de la seducción y de lo siniestro.

La mayor parte de su trabajo, tal como ahora lo conocemos, arranca desde 2003 en adelante, antes de eso carecía de los medios técnicos para tomar esas imágenes. “Fue entonces cuando comencé a hacer primeros planos y me moví más hacia la fotografía de objetos como una continuación de eso”. Obras como “Arms”  (2008), que muestra un tentáculo de pulpo que sale de una manga y delicadamente enrollándose alrededor de la mano de una mujer y “Trichotillomania” (2010), de naranjas salpicadas de cabello humano, demuestran la forma frágil pero decididamente cruda con la que Rødland nos hace aceptar composiciones sorprendentes.

Hasta el 11 de marzo en la galería C / O de Berlin, Rødland se para como un heredero de la posmodernidad. “Me reconozco en la superficie de la fotografía posmoderna, pero el movimiento es hacia adentro, hacia una espiritualidad emergente. En muchos sentidos, el proyecto se basa en la apropiación crítica, una forma de arte donde el contexto es todo. Pero poco a poco me he vuelto consciente de la naturaleza independiente de mis imágenes. Ahora estoy más seguro de dejarlas aparecer fuera del contexto artístico que hace veinte años. Pero todavía son muy sensible al contexto de cada una”.

Sus fotografías fueron vistas recientemente en la Serpentine Gallery de Londres. En 2016, presentó una instalación de arte público como parte del programa Outside The Box en el Whitney Museum of American Art en Nueva York. 

“Nunca me interesó revelar cómo se construye una imagen. Ese es el viejo arte posmoderno. Pero la conciencia de la construcción siempre está ahí. El desafío es permitir que la autoconciencia de una imagen la convierta en una imagen o vehículo más eficaz. Mis fotografías son para personas estimuladas pero finalmente insatisfechas con las imágenes fotográficas que fueron captadas a través de canales más predecibles. La fotografía es en última instancia demasiado importante como para dejarla en manos de aficionados y sponsors”.