Ph. Santiago Pagnotta [@korpoph]

Cuando calienta el sol, en paz con la oscuridad, tan diminuta como dinamita, Dani Umpi nos recibe días después de un show en La Confitería donde presentó Lechiguanas, su último disco. Por momentos alter ego, por momentos archipiélago, dueño de una obra volcánica, tupido y cupido a la deriva en una pijamada melanco, vía crucis de embarques y migraciones, saber cruzar el charco a tiempo, una fórmula magnética a la hora de elegir un destino friendly inmerso en la neblina del romance.

Según cuentan, las lechiguanas son unas avispas del norte argentino que producen una miel muy tóxica, pero también hace referencia al personaje Lechiguana de la película de Leonardo Favio, Nazareno Cruz y el lobo, que es una señora mayor bastante bruja. La producción de las ocho canciones estuvo a cargo de Jean Deon (Diosque, Michael Mike, entre otros) y editado bajo el sello Otras formas, para artistas plásticos que hacen música en ARG.

Más Raphael que nunca, la carrera de Dani como si fuera un freeshop de frontera se dabate entre el perfume importado que no es importado, esa truchez que caracteriza al capitalismo tardío made in china, ese plástico pelopincho, esas uñas raid, todo ese mundo que se puede ver muy bien en el video de La Yuta; la obsesión por el bazar, el collage, plasticola chocoloca; también en este freeshop está su apuro por perder el ferry, el vértigo que parece sostenerlo y acosarlo a la vez.

REGIA: Hablamos de música pop pero la verdad es que te veo mucho más cerca del indie, aunque siento que estamos perdiendo el tiempo encasillando, pero hubo un tiempo (los ’80s sin ir tan lejos) que la música alternativa o underground era verdaderamente underground y como que ahora toda la idea de alternativa está en el management. Quizás tiene que ver con este momento de internet.

Yo me siento totalmente indie. No podría decir que soy autogestionado, tan Do It Yourself, porque soy un desastre para organizarme y siempre dependí de un sello, un mánager, una editorial, una galería, un representante, un alguien que me intermedie. Soy pésimo para manejar mi trabajo. Vengo del under, como casi todos. Tengo una cosa muy analógica de señora con agenda pero, a la vez, sin internet no sería nada. le debo todo a las redes, desde el cd pirata y el Fotolog a Instagram. Siento que hice mi camino y lo seguiré haciendo por ese lado. Estoy muy orgulloso de eso, de que a veces se me acerque una tremenda mostra y me diga “yo en la adolescencia era tu fan”. Me matan, me dejan muy arriba, los miro y digo “¡Lo que sos, miamoooooor!”. Me entra como un orgullo.

REGIA: Crees que esto es cíclico o está pasando por una etapa donde se pone mucho énfasis en cuanto más joven bubbleglam mejor aunque cuando vemos quienes son algunos de los grandes discos de estos años pasados son gente ya con mucho recorrido.

La juventud es un valor relativo pero hay compositores y productores jóvenes muy buenos en el mainstream. Me gustan muchas cosas del synth pop actual, por ejemplo, todo lo que produce PC Music, Olga Bell, el disco nuevo de YACHT es buenísimo, el de Alex Cameron también. Hay fenómenos populares excelentes como St. Vincent, que no es synth pop pero es del tipo de artista que me encanta admirar. Me gustan cómo componen Allie X, Tove Lo, Vega INTL, Tove Styrke, Shura, Carly Rae Jesper, Chvrches, de todo, hay artistas excelentes en el pop más mainstream y hay gente grande que está muy saludable como Roisín Murphy o Pet Shop Boys, que siempre están bien.

REGIA: Como artista, ¿estás pensando más en el pasado o en el futuro?

Pienso demasiado en el presente. Me encantaría proyectarme mejor al futuro, con más responsabilidad.

REGIA: Escribís canciones de forma diferente ahora que hace 20 años?

Totalmente, pero hay un imaginario adolescente que mantengo. Tiendo a hacer mucha referencia esotérica, a la alegoría hermetista y el tono no deja de ser melodramático. Hay cosas que se mantienen. Me gustan mucho los triángulos, me gustan mucho los símbolos geométricos. La cruz no la uso mucho pero los símbolos cerrados sí, el circulo, el cuadrado y el triangulo. No tengo muchas aspiraciones pero sí me guío mucho por los impulsos, soy tigre, soy re tigre, entonces a veces no se a donde quiero llegar pero me doy contra la pared y a veces la derribas y decís ah yo quería llegar ahí!

REGIA: Naciste en el norte de Uruguay pero estás viviendo en Buenos Aires desde hace un tiempo. ¿Te considerás también argentino o ves ciertos elementos de tu personalidad que son muy uruguayos?

Cada vez me siento más del norte de Uruguay. Uno trata de escapar pero la raíz queda. Tacuarembó está cercano a la frontera y a mí la frontera me da mucha seguridad. Me encanta lo mestizo, tener que estar todo el tiempo traduciendo, interpretando, el portuñol, disfruto lo transitivo. Me gusta la vida cosmopolita, San Pablo, el DF Mexicano, Buenos Aires pero me saturo rápido. Tengo una vibra pueblerina que a la larga termina ganando.

REGIA: ¿Cuales son tus hobbies mas allá de la música y las artes? 

Lo que más me gusta es escuchar a la gente charlar en los bares, en los boliches, en los afters. Si fuese por mí los grabaría todo el tiempo. La gente me delira, me divierte mucho, todo el mundo me parece raro. Soy muy chusma, muy stalker, me pierdo en tantas lógicas que hay en la vuelta. Me la paso en Instagram stalkeando putos. Llegan a unos niveles increíbles.

REGIA: ¿Qué tan importante es para vos desafiarte aún más con cada disco que haces?

Es vital, es mi motor. Lo principal es ir evolucionando, haciendo un camino, habitar otros arquetipos. Un disco es un paso. después vendrá otro y otro más, además de muchos remixes y versiones acústicas. Eso es lo lindo. Sino la vida es bodrio.

REGIA: ¿Qué fue lo que mas discutiste con tu productor en este ultimo disco?

Dónde colocar mi voz. Yo quería que no estuviera tan adelante, que se metiera más en las capas de música. Este disco es puro sintetizador y programaciones. Todo el tiempo le decía que no quedara frío, que fuese algo carnoso, jugoso, lujurioso, barroco, que tuviese una profundidad, que no escatimara en caprichos. Lo mismo con los ingenieros de sonido de los estudios de Andrés Mayo. Las canciones tienen una estructura pop clásica pero la producción es muy nerd. Nos reíamos porque yo decía “que no quede como argentino, con la voz tan adelante” y no me entendían. Es que yo, como no sé mucho de esas cosas, tenía el prejuicio de que la “música argentina”, como si fuese toda igual y una sola, ponía enfrente. No se me entendía. Lo que en realidad quería decir era que me interesaba que mi disco fuese más orgánico, que la voz entrara y saliera, que los arreglos fuesen intrincados y, a la vez, sonara ultra mega moderno. Dificilísimo.

REGIA: Siempre fue tu sueño ser cantante? 

De chico no soñaba con cantar ni ahí. Sí con ser escritor o artista plástico. Cuando comencé a cantar lo viví con fascinación pero sentía que tenía que definirme por algo. O dedicarme solamente a cantar o a escribir o a producir obra. No sé por qué no veía que todos los artistas que me interesaban eran multidisciplinarios, de Yoko Ono a Nekro. Ahora mi preocupación es cómo organizarme pero me siento muy libre y estoy en varios lugares. Por momentos estoy en un boliche, en otros pasos a algo más legitimado como una bienal, después estoy en algo más del mercado como una galería o una feria de arte para después mostrar lo que hago con mis amigos. A muchos nos pasa eso y me parece saludable. Siempre aparece un nuevo sueño.

REGIA: Es la melodía y el ritmo los más importante y, a continuación, las palabras y las imágenes, o como es en tu caso para componer?

Generalmente sale todo junto. Compongo la letra y la melodía a la vez. Es muy raro que musicalice versos ya escritos y lo de escribir sobre melodías ajenas no se me da tan seguido aunque lo he hecho. Es como si un verso fuese llamando a otro para hacer un camino hacia donde quiero llegar. Pienso “voy a llegar hasta este estribillo, o esta frase” y voy armando la carretera pero tratando de que sea un viaje gozado, lindo, con una panorámica interesante, con frases o palabras que vayan enredándose en su musicalidad. A veces meto grandes imágenes como si estuviera creando un meme, a veces son detalles mínimos, pero tengo esas estrategias y vicios de los compositores de canciones románticas de amplificar una escena. Soy bastante teatral y artificioso. Es muy raro que componga en plan catarsis, siempre estoy contando una historia a los saltitos, como un personaje de comedia musical.

REGIA: ¿De dónde vienen las influencias para escribir tus letras?

[AUDIO] Lo de escribir letras siempre me interesó, desde chico agarraba los discos y cantaba las canciones leyendo las letras o compraba los libros de cantautores que a veces no tenían nada que ver con los géneros que me gustaban. Hay mucho rockero que me gusta como escribe. Creo que uno aprende así leyendo también. En mi caso tengo muchas influencias que se notan claramente, por un lado me gustan mucho los cantantes y los compositores de música melódica, Camilo Sexto, un montón de españoles y de italianos, por ejemplo La Yuta es muy Loredana Bertè, tiene una cosa muy italiana. Las letras de Jacoby que hacía para Virus, Carlos Berlanga, Fangoria que es el grupo que más cerca tuve y me influenció muchísimo. Después hay un disco de un español que me vuelve loco, Pulpo Negro de Pedro Marin que era como un sex symbol cuando era chico, es un discazo. Siempre tiendo a lo melodramático mezclado con algunos guiños a cosas mas darkis, en el fondo soy un dark. Y la influencia de los cantaurores uruguayos también está presente aunque en mi casa se escuchaba mucha música brasilera y eso te influye. Y una que me encanta como escribe, me delira, es una española, en realidad es argentina pero vive allá, que se llama Silvina Magari.

Jekyll & Hyde, capaz de ser performer en el Pride de Madrid y escribir El vestido de mamá, un libro para los más chicos ilustrado por Rodrigo Moraes, que inspiró un musical que estuvo en cartel en el Centro Cultural 25 de Mayo de Buenos Aires hasta el mes pasado y que también se estrenó en Montevideo. Capaz, también este año, de exponerse como artista plástico en la Galería Hache, en una muestra curada por Gachi Hasper, donde profundizó su vínculo con el mundo del espectáculo y la comunidad gay meta Grindr y Manuela Trasobares.

REGIA: ¿Cuánto de tu vida implica hacer música y pensar en música?

Todo el tiempo escucho música. Ando con un parlante en la mochila. El mejor invento del mundo para mí ha sido el Bluetooth.

REGIA: Cómo te llevás con el paso del tiempo en un momento en que hay gente que se está volviendo loca acerca de su edad cada vez más temprano, algunos incluso comienzan con botox en sus veinte años para que después no sea tan shockeante, algo muy normal en Hollywood!

Yo soy un poco loquito. Es raro pero cada vez me siento más divina. Tengo 43 años y seguir produciendo a una edad en la que muchos artistas ya dejan de producir obra, es bastante. No tengo pelos en la cabeza ni abdominales marcados. Siento que las canas en la barba me quedan estupendas y no soy tan tímido como antes, estoy más sociable, así que creo que la edad la llevo bien. Tengo todo el temita de las crisis de pánico y eso que te conté pero es algo muy corriente. Lo del botox no se me ocurre, lo he considerado aunque estoy a favor de las cirugías y de que, quien pueda, se haga como quiera. Me encanta, por ejemplo, lo que se hizo Leo García.

REGIA: ¿De qué se trataba ese álbum que fue un antes y un después en tu vida cuando eras chico?

El disco que más me cambió fue Boys for Pele de Tori Amos. Me educó su manera de componer, de cantar, cómo trabajaba su poesía, sus guiños a los mitos… trataba todos los temas que me interesaban porque, en el fondo, soy un duende gótico. La producción musical me pareció buenísima y la escuché sin parar. Me compré todos los singles.

REGIA: Con qué frecuencia vas a shows en los que no estás en la lista de invitados o en realidad directamente ya ni salís.

Estoy retomando el ruedo porque lamentablemente tiendo a la agorafobia y las montoneras me dejan mal. Me cansé de andar con algodones en los oídos, tener ataques de pánico en pleno show o de mirarlos con un Alprazolam bajo la lengua, así que estoy dando pasos para llegar a estar en medio de un pogo en breve. Este año canté en el World Pride de Madrid. Mi presentación fue temprano así que el resto de la noche me la pasé de escenario en escenario por Chueca viendo muchísimos artistas en random porque era una mega fiesta. Había demasiada gente y la fui piloteando. Fue como una prueba. En otro momento estaría atacadísimo pero la pasé genial hasta que en plena presentación de Fangoria, que es de mis grupos preferidos, tuve que alejarme un poco porque me vino una crisis de ansiedad, pero termine de verlos a lo lejos tomando un cafecito, así que lo disfruté dentro de mis posibilidades.

REGIA: Cómo estuvo el show presentación en Buenos Aires de Lechiguanas, cómo lo viviste?

[AUDIO] La presentación del disco en La Confitería la disfrutamos un montón, salió re lindo, sonó perfecto, las visuales me encantaron, la banda estaba aceitadísima, la gente sabía ya las canciones nuevas eso no podíamos creer, y era como una euforia. Fue muy buena la experiencia de tocar con Hana que es nuestra compañera y fundadora del sello, responsable de que el disco estuviera en físico. Igual nosotros ya lo habíamos presentado en Córdoba, en Belle Epoque, unos días antes, ahí también hay un público que a nosotros nos gusta mucho, muy eufórico.

REGIA: En tu último disco Lechiguanas hay una especie de distancia irónica, distancia bailable, pero hay mucha melancolía de fondo.

Eso es porque soy uruguayo. Es un disco muy contemporáneo, soy un freak cantando, pero se nota más que nunca de dónde vengo, mi educación musical en la música popular uruguaya que antes no la reconocía. También es una cuestión de… iba a decir madurez pero no es eso. Yo venía haciendo un laburo más autoparódico, más bufonesco, con referencias más inmediatas y cierto chim pum efectista, hasta que me largué más por este lado.

REGIA: También se nota que te sentís cómodo en los duetos, ademas de ser hermosas las canciones que compartís de este disco en especial.

Muchísimo. Me encanta cantar a dúo. Hay voces que me maravillan y si puedo cantar con ellas, lo hago. Me gustan las voces con personalidades extremas.

REGIA: ¿Qué es lo que te hace sentir seguro a la hora de provocar, de agitar?

Cada vez me interesa menos. Al principio me basaba casi que exclusivamente en eso, en ver cómo enojar al facho y al progre a la vez, era muy rompepelotas, estaba muy de vivo. No me parece malo, es una forma de crear. Después me centré más en encontrar mi propia voz y mi propio imaginario. Es que provocar es facilísimo, lo importante es tener qué decir y hacerlo de una manera interesante, digna.

REGIA: Siempre te sentiste cómodo en el escenario o te pasó de tomar conciencia de lo incómodo que es estar parado ahí arriba con luces encima y grupos de personas mirándote mientras cantas canciones de amor. Te pasó de preguntarte ¿Qué estoy haciendo?

No, eso no me ha pasado. Me he olvidado alguna letra de canción o se me ha desconectado el micrófono pero nada muy grave. Una vez me corté un dedo. Generalmente me pongo más en personaje y encaro. Si estoy montado, con pelucas, tacos y toda la draguería, me siento bárbaro y no me pasa nada, piso fuerte. Necesito estar en personaje para encarar. No sé cómo hacen esos cantautores que se suben al escenario como si acabaran de salir de una siesta. Los envidio un poco. Yo no podría.

REGIA: El estudio funciona como una especie de confesionario donde exponés todos tus pecados, como algo catártico, para curarte en un punto, en las canciones o lo sentís diferente?

No tengo esa visión. No lo vivo de esa manera. Hay artistas a los que les funciona eso, que están más a flor de piel, como la gente de teatro. Yo soy más pragmático de lo que aparento. Prefiero hacer las confesiones en el psicólogo y que en el estudio el micrófono sea bueno, estar tranqui, que haya un operador que me siga la cabeza con buena onda, tener un té caliente y punto. Y eso que soy una persona muy ritualista pero no tengo una visión tan poética de la grabación. Nunca llegué a ese nivel de magia.

REGIA: ¿4 discos que escuchaste mucho este año?

[AUDIO] Los discos de este año que mas escuché no se cuales fueron pero si se los que mas me gustaron. Uno es el último de St. Vincent, Masseduction, creo que el anterior estaba mejor pero a este lo escuche más y me acompañó más, hacía cosas y sonaba de fondo todo el tiempo mientras yo comía, hablaba, estaba con mi novio, como que fue mucho más compañero. Después otro disco que me gustó mucho mucho es el de un australiano que se llama Alex Cameron, Forced Witness, re ochentoso con saxos y todo, me gusta la voz que tiene él en muchos sentidos, las melodías que hace, es un disco perfecto, los videos también son muy buenos. El próximo no es un disco sino un EP y me dejó ansioso esperando qué va a venir, es el de Alice Glass, la cantante de Crystal Castles, me gusta para el lado que está agarrando, como un electropop más industral o posindustrial, ella es canadiense pero suena como esos grupos industriales suecos, me gusta como canta, los arreglos, que sea algo radial. Por último, me gusta otro que ni se de dónde es, se llama Baths, el disco es Romaplasm. 

REGIA: Cómo te llevás con la industria del espectáculo mainstream donde actualmente son todos escándalos sexuales que salen del closet, en todos los niveles.

No me siento parte de eso. Tengo otro perfil. No soy tan popular y tengo un reconocimiento moderado. Tampoco consumo tele, no sé ni quiénes son los personajes mediáticos, qué hacen. Antes estaba más fascinado con todo eso porque es un gran culebrón, con miles de subtramas y niveles de disparate gozados. De adolescente tenía esa mirada camp fetichizadora y amaba ese mundo, me enloquecía, después fui cambiando. Ahora solamente me interesan Moria Casán y Oriana Junco.

REGIA: Volviendo a la música, uno de los grandes cambios se da en muchos conciertos que tienen como un ambiente de karaoke en vivo, donde hay instrumentos en capas y está el cantante más en un rol de crooner absoluto.

Antes había más prejuicio. Yo comencé así, con la música grabada y con una banda falsa de señoras o con bailarines. Con el tiempo pasé por varias formaciones de banda pero me seduce muchísimo lo de volver a esos formatos. En la música pop se concedía con más facilidad lo de hacer playback. En el hip hop, obviamente, también, pero siempre salta alguien que dice “eso no es música porque no hay alguien tocando”. Es una discusión vieja pero ocurre. Desde que se puede programar o “hacer todo en computadora”, como dicen mis padres, se puede llegar a un sonido perfecto, a una nota perfecta, pero el error o la impronta del músico que está tocando es irreproducible. No tendrían que competir o compararse porque depende de la propuesta que se haga, hay shows que son más performáticos y otros no. Pienso por ejemplo en Louta y lo que genera cuando canta. A nadie se le ocurre comparar eso con una banda de heavy metal. Son cosas distintas y lo bueno es que actualmente pueden convivir en un mismo festival o en una misma playlist.

REGIA: ¿Crees que la industria de la música cambió definitivamente?

Creo que se complejizó, que siempre hubo producción musical en diferentes planos pero había un eje rígido, una historia y una industria grande pero acotada a sellos, nombres de gran peso, caminos y carreteras fijas. Ahora pareciera que nadie sabe dónde está parado. Creo que la industria sigue pero hay otros ejes, otros caminos, otras escenas y otras lecturas que pueden ser tan válidas como lo más legitimado, como cuando viene un grupo de k-pop y no sabés de dónde salen tantos fans. Hay artistas que se rescatan, otros que se estigmatizan, artistas independientes que fidelizan a seguidores uno a uno y sellos que exprimen los fenómenos más populares y los descartan al segundo. Todo a la vez. Ocurre lo de siempre, que hay que ver dónde está tu público y a veces no está en tu país, está lejos o en el futuro.