Pasaron 20 años de la detención que terminó con el suicidio de María Soledad Rosas, la chica nacida en Buenos Aires que arribó a Turín en julio de 1997, y en poco menos de un año, siguiendo el amor y su búsqueda existencial, se transformó en una militante anarquista miembro del movimiento italiano conocido como squatters, que ocupaba casas abandonadas. Martín Caparrós investigó su vida en su libro Amor y Anarquía. La vida urgente de Soledad Rosas 1974-1998, los Redondos la mencionaron en su canción Esto es to-to-todo amigos, y Agustina Macri lo transformó en la película Soledad, estrenada en estos días.

Soledad Rosas en su casa en Buenos Aires.

La historia de Soledad Rosas empieza en el primario y secundario en el Río de la Plata, un colegio de monjas de Barrio Norte, y sigue como estudiante de Administración hotelera en la Universidad de Belgrano. Hablaba cinco idiomas: inglés, francés, italiano, alemán y portugués, y nunca había militado en un partido político. Paseaba perros para ganarse su propio dinero mientras estudiaba en la facultad. A fines de 1996, sus padres –Luis, descendiente de Juan Manuel de Rosas y Marta Rey– decidieron premiar a Sole con un viaje a Europa. Su novio argentino se opuso, entonces Soledad cortó la relación y partió en compañía de una amiga de la madre. Primero fue a Brasil. Más tarde, Italia, donde conoció a Baleno, a principios de 1997. Edoardo Massari, alias Baleno, su pareja 11 años mayor y líder del movimiento squatter en Turín.

El movimiento squatter era un grupo autónomo, anarquista y punk, que vivía fuera de las normas. Se apropiaban de casas desocupadas, hacían recitales, marchas de protesta contra el sistema político, se agrupaban en comunidad y trabajaban en cooperativas. La noche del 5 de marzo de 1998, Soledad, Baleno y su amigo Silvano Pelliseri fueron detenidos, la policía los había estado siguiendo y había puesto un micrófono en su auto. Los acusaron, sin pruebas concretas, de ser “ecoterroristas” y de atentar contra el TAV, un tren de alta velocidad de la compañía Val Sussa, en 1996, de vender armas y de formar parte de una asociación subversiva.

03.04.98. Soledad Rosas es arrestada en Turín.
ID de la Policía de Turin (AP Photo/Mauro Pilone)

“Nos volveremos a ver pronto, Baleno”, las palabras que Soledad expresó llorando sobre el cajón de su novio, Eduardo Massari. El 28 de marzo de 1998, el italiano acusado de integrar un grupo anarco que había cometido varios atentados, se ahorcó con una sábana en su celda de la cárcel de Valette, en Turín. 

Casi cuatro meses después, el domingo 11 de julio del mismo año, a la madrugada, mientras cumplía arresto domiciliario en una comunidad de rehabilitación, Soledad hizo lo mismo que su novio. Así la encontraron en la habitación que ocupaba en la comunidad Sotto i Ponti, en el pueblo de Bene Vagienna.

¿Quién fue Soledad Rosas para ustedes, una chica confundida de Barrio Norte o una persona que quiso buscar un sentido a su vida demasiado lejos?

Vera Spinetta: Conocía la historia de Sole y la amaba. Poder tomar su historia con mucha seriedad, con mucho cuidado, con respeto y con amor. A partir de ahí, contar nuestro punto de vista desde el lugar de cuidar a la familia y de cuidarla a ella y a todo su entorno. Siento que claramente fue una persona que buscó en su vida un sentido, una identidad propia, su conquista de libertad, su voz propia. Fue alguien que hizo una búsqueda completamente personal y sincera.

Agustina Macri: Es difícil sintetizarla en solamente una cosa o la otra. Me parece que era una mujer, una chica joven que a pesar de su juventud mostraba valentía y coraje, era una piba que iba para adelante, intuitiva muy amorosa, se relacionaba mucho con las personas de una manera fresca y sociable. Amaba a su familia pero le daba vergüenza demostrarlo como dice en su última carta que aparece en la película. Creo que fue una chica joven que sacó toda la mujer que tenía dentro a una edad, para mí, muy admirable.

Para ambas es su primer gran proyecto con una historia fuerte que exigió mucho compromiso. Cómo lo transitaron?

VS: Sí, fue re fuerte para mí. Era un desafío enorme y lo disfruté muchísimo. En el medio, tuve algunas crisis sobre todo porque en un momento estaba tan fuera de mi, estaba como tan metida en todo lo que estábamos haciendo y sentía a Sole atravesándome en todo sentido que hubo momentos en que me cuestionaba dónde estoy yo en todo esto. Agus me pasó la película de Jim Carrey, Jim & Andy, donde él intérpreta a Andy Kaufman y me cambió la visión totalmente, es decir existe que te pase esto, existe que sientas que algo te está tomando por completo y poder soltar eso y que sea una herramienta que la usás a favor. Más allá de esta situación, lo transité con mucha felicidad y con mucho agradecimiento,  siento que uno de los grandes aprendizajes fue sentir en cada momento que lo estaba viviendo y que era hermoso lo que estaba pasando. Fue una oportunidad para poder jugar, explorar, conocerme más y actuar de una manera súper libre.

AM: Creo que hacer una película ya de por sí es un desafío muy grande en todo sentido y esta película no se quedaba atrás en su complejidad, en sus dimensiones en todos los aspectos que incluía. Un poco también el confrontarse mano a mano con la realidad con el hecho real, te pone como directora en una responsabilidad de tratar esos hechos con mucha precisión y con mucho respeto. El hecho de que estaba Amor y Anarquía atrás de todo esto, nos obligó en el buen sentido de estar todo el tiempo en un vínculo con la realidad con mucha responsabilidad.

En un punto se trata de una historia de amor que termina muy mal. ¿Pudiste mostrar todo lo que querías mostrar de Soledad, políticamente hablando?

AM: La política es un condimento y es una coyuntura. Es el contexto de una historia mucho más profunda y mucho más potente. Creo que Soledad abraza la anarquía desde el amor que siente por Eduardo pero también abraza a Eduardo a través de la anarquía, es decir, ella está como en un abrazo fundido entre las tres cosas y creo que la política tuvo el peso suficiente en esta película que le quería dar porque me parece que la historia de ella y su transformación, su viaje interior, el amor, la libertad, eran muchísimo más importantes y valores más potentes para contar.

El rodaje en Italia fue intenso.

AM: Filmar allá fue una experiencia espectacular, armamos un equipo de trabajo muy bueno de técnicos, jefes de equipo, gente muy grossa que había trabajado con grandes directores italianos. Y la verdad es que manejamos un idioma muy parecido. No hay un choque cultural en ese sentido, todo lo contrario. Somos como hermanos. Así que fue un placer. El director de arte, por ejemplo, había sido squatter en los 90s y estaba muy sumergido en la cultura y en ese mundo. Y yo sabía que iba a poder interpretar escenográfica y visualmente todo lo que necesitábamos y eso me daba mucha mucha tranquilidad.

¿Cómo fue el proceso creativo para interpretar en este caso a una persona real con una historia real, encontraste el personaje de una o fue una búsqueda a medida que avanzaban los días de rodaje?

VS: El personaje fue más bien como un proceso anterior al rodaje porque las primeras escenas comenzaban en la cárcel con la historia muy avanzada en cuanto a la narrativa y lo dramático, entonces había que saltar en el tiempo bastante y ya desde el primer día de rodaje tenía que estar re metida. Toda la parte final de la película que es en Ovada, en ese lugar de la prisión domiciliaria, en medio de la nada y ahí ya estaba muy metida y da la casualidad de que era casi el final del rodaje en Italia, después se filmó lo de Argentina en Montevideo, pero estaba bastante avanzado el tiempo de rodaje, habíamos filmado casi toda la peli.

El proceso creativo fue en un principio muy introspectivo, de poder vincular lo que yo sentía que eran las emociones que Sole transita a través de toda la película, poder conectar con eso desde mí. Y después fue un laburo con Agustina y con mi coach Francisca Ure, que tomó un papel principal porque me ayudó muchísimo en lo técnico, en las curvas dramáticas, en qué lugar qué cosa y poder ver el texto en profundidad y después la coach italiana Tatiana Lepore fue muy importante porque me situó en los jóvenes de los 90s, en el movimiento anarquista, ella es anarquista y es contemporánea de Sole y vivió todo lo que se vivía en ese momento allá.

¿Te costó salir de la historia, después de terminar el rodaje seguiste enchufada a Soledad?

VS: Me costó salir porque me fue difícil desprenderme de Sole. Fue tan lindo poder tener un rato contacto con ella de alguna manera. De todas formas siento que aún me acompaña.

¿Cómo llegaste a Vera? 

AM: A Vera Llegué por casting. Natalia Smirnoff fue la directora del casting en Argentina que no solamente es una directora con mucho ojo sino que es muy sensible. Hicimos una primera lista de casi 30 actrices de teatro de tele de cine que habían hecho o no habían hecho protagónicos, en esa lista estaba Vera y en el primer casting le fue muy bien. Después hicimos tuvimos dos encuentros más donde quería seguir explorando en ella y seguir sacándome dudas de alguna manera o realmente estar muy segura de lo que quería porque era una decisión que era fuerte, muy importante para mí y para el proyecto.

Entiendo que cada director es diferente. ¿Como definirías a Agustina como directora?

VS: Agustina es una directora que me parece muy talentosa, que sabe lo que quiere contar y que a la vez te da la libertad como actor de poder explorar en todo lo que necesites para llegar a lo genuino a lo sincero a lo que uno pueda dar desde lo intuitivo también. Fue muy generosa conmigo, me dio una libertad gigante y no pasa mucho eso o por lo menos en mi experiencia que no es tan grande pero que sí hice varias cosas. No es lo más común y me parece que eso es increíble para un actor poder dar algo más propio y que eso después termine siendo importante para la película.

¿Quiénes fueron los que te sirvieron como referencias para el armado estético de la película, hubo directores en el pasado que realmente te hayan inspirado?

AM: Muchos directores me inspiraron el trabajo que hice, a nivel visual tiene mucho que ver con todas las películas que vi, con directores que admiro desde todo punto de vista. Pero para esta película específicamente me basé en laburos sobre todo para las partes de acción y de cárcel, en Haneke que me gustaba mucho como hace el tratamiento de planos fijos, en V de Vendetta para la transformación de Natalie Portman bastante parecida a lo que yo buscaba visualmente con Vera, de Antonioni saqué también muchas cosas de su gráfica y un montón de cosas de su cine. De Tarkovsky siempre me gusta tomar algunos elementos sobre todo en el funeral. El espectro de referencias es muy grande, creo que está muy bueno basarse en referencias. También me volqué mucho en el mundo del arte pictórico, me inspiró mucho Caravaggio para el tratamiento de la luz de algunas escenas como hacia el final, y me gusta mucho una fotógrafa que se llama Francesca Woodman
para todo lo que tenía que ver con esa confrontación del personaje con su soledad.

Después de meterte en la historia de Sole, ¿Crees en el destino?

AM: Sí yo creo en el destino. Creo que las cosas siempre suceden por algo, no suceden porque sí. No es una casualidad. Creo más en las causalidades y en la sincronicidades.