Si bien ya pasaron casi 50 años desde que los últimos aviones estadounidenses arrasaron los campos cerca de Danang en el centro de Vietnam, los cráteres todavía perforan la tierra. La Armada norteamericana dejó caer tres veces más municiones sobre Vietnam, Laos y Camboya que todos los bandos durante la Segunda Guerra Mundial. Se estima que al menos 350,000 toneladas de bombas vivas y minas permanecen en Vietnam, y que tomará 300 años para eliminarlas del paisaje vietnamita al ritmo actual. Se lanzaron bombas y otros artefactos sobre miles de aldeas. Las más comunes fueron bombas de racimo, cada una de las cuales contenía cientos de bombas del tamaño de una pelota de béisbol, diseñadas para explotar cerca del nivel del suelo, liberando fragmentos de metal para mutilar y matar. Para los vietnamitas, la guerra continúa.

El fotógrafo Stefan Giftthaler que reside en Milán, estuvo en Vietnam para documentar espacios de posguerra que ahora tienen que ver más con el silencio que con el ruido de las detonaciones.

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