Aristocracia clavada en sal o el complejo de la langosta, la vida cimarrona de Alfred, flotando electro añejo si te sigo me muero, a punto de vibrar por la crema chantilly, por momentos picante, la importancia de conocerse a sí mismo, la importancia de saber también cuando desconocerse, estrella sobre la línea, épica que rompe zoom, mi abuela hacía un postre de uvas todos los veranos que era algo increíble, apocalypsis now o la energía del mundo contemporáneo, tensar la contundencia, por momentos en una nube, la desintegración de algo & el nuevo comienzo como estilo de vida, así de golpe de ser niño actor a ser baterista en una banda de new wave en el Einstein, el atún al plato, la ley de existir, es un tipo exitoso porque siguió sus sueños, un minuto de lo que sea, es un rockstar bastante más frágil en muchos aspectos, unidad romántica ruptural, más de eso flotando como un veneno, no con marketing no con bandos, un crossover con gente de clase alta, me quedé mirando un fuego, tupé & rebenque, ya a las diez de la mañana se descorchaba algo: había un compromiso con el placer.                             

 

Alfred, cuando eras chico, al terminar el colegio, tu plan tenia que ver con esto, o directamente no existió nada parecido a un plan?

Tengo noción del mundo del espectáculo y de sus reglas, antes que las reglas de tránsito. Si hay algo que tuve claro de muy chico era que me iba a dedicar a ese mundo. A los ocho años ya estaba trabajando como niño actor dirigido por (Leopoldo) Torre Nilsson, con lo cual empecé a tener una conciencia muy clara de eso. Y antes, mi casa era una casa de artistas, estaba la música, las tertulias, la noche, las performances, habrías un ropero y había ropa de teatro, se respiraba eso. Yo nací con eso.

Plan nunca lo hubo y todavía sigue sin haberlo. Las cosas siempre se fueron dando de una manera determinada, una cosa fue llevando a la otra, fui pasando por distintos rubros, de golpe de ser niño actor a ser baterista en una banda de new wave en el Einstein  como teloneros de Sumo, o haciendo puestas de teatro con 14 años en el General San Martín, a los 17 dirigía un canal musical en Cablevisión… siempre se fueron dando las distintas cuestiones.

La creatividad es algo que no proviene solo de nuestra infancia, sino que tiene mucho que ver con nuestra propia personalidad. ¿Cómo terminaste trabajando en la dirección de documentales gastronómicos?

La creatividad es algo que no proviene de ningún lado sino que está en mí, es de las pocas cosas que puedo asegurar hasta el día de hoy que sigue siendo mi valor, mi diferencial cuando tengo que ponerlo sobre la mesa para cobrar un trabajo o para ofrecer un servicio. El hecho de terminar dirigiendo documentales gastronómicos tiene que ver con un acercamiento a la gastronomía pero porque me permitía contar las historias que quería contar, me parecía un gran ámbito para contar historias, básicamente. Y está más ligado al hecho de dirigir que a dirigir documentales gastronómicos.

Contanos de House of Chef, ¿plataforma audiovisual o sueño personal?

Es exactamente como lo decís. Son las dos cosas. House of Chef es una plataforma audiovisual y para bien o para no tan bien, es un sueño personal porque todavía para mi las cosas siguen siendo muy personales , con lo cual a veces se vuelven más incómodas pero definitivamente tienen un componente pasional muy alto. Nació a raíz de estar haciendo la serie de Deborah de Corral, Algo de mi, que habíamos armado para El Gourmet durante dos años. En ese momento entendía que existía un camino para contar alrededor de la cocina, sin necesariamente tener que hacer recetas de platos, sino que estaba muy ligado a todo lo que me interesaba en el mundo. Es un hecho cultural que incluye la música, los viajes, el territorio, las personas, la familia, los afectos, la pasión. El cocinero está muy ligado al artista de teatro o de música, se disfraza todas las noches, lo aplauden, se quema, se corta, son bastante locos, bohemios, románticos, apasionados. Había una analogía con el mundo del que yo venía que tenía más que ver con el mundo del espectáculo o del rock and roll.

Con lo cual fue un paso bastante natural en mi vida y creo que siempre en algún punto se fue dando cierta evolución, entonces nunca me quedé en un ámbito determinado y fui cambiando. La gastronomía fue un paso diferenciador. Tenía que oxigenar ciertos espacios que no daban, como por ejemplo el mundo del rock que en determinadas épocas se vuelve menos excitante que en otras, como el paso de los 90 a los 2000. También estaba saliendo con una chica que se dedicaba al mundo de la gastronomía, nuestros mundos se juntaron, se potenciaron y así fue como nació House of Chef.

Tegui, un asunto de familia fue tu primera incursión en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. ¿Cómo viviste esta experiencia única?

Los festivales son espectaculares, los de cine tienen esa cosa de otra época que todavía se mantiene en el presente, que lo hacen como una postal del pasado y del glamour, sobre todo en el caso de Cannes.

LLegar al Festival de San Sebastián el año pasado, que parece como lejísimo, fue mucho más que eso. Para mi marcó un cambio de época en mi mirada profesional, mis horizontes y mi situación artística. Me abrió un montón de nuevas puertas. Y la verdad es que lo más relevante fue haber podido superar mis propias dificultades de creer que eso no podía ser para mi  o que no podía tener una película en un festival clase A. LLegué por necesidad, como muchas veces sucede, no teníamos salida para editar Tegui, y apareció la posibilidad de mandar la película, como motor y motivación para poder terminarla, y convertirla en una película porque hasta ese momento no era definitivamente una idea tan redonda como terminó siendo después. El hecho de que la seleccionaran y que después abriera Culinary Zinema ese año, me marcó un antes y un después sin lugar a dudas.

Además de presentar las películas, se brindan cenas temáticas. ¿Cómo fue la camaradería y proyección de este año con Don Julio? 

Sí, Culinary es en este momento la sección de cine gastronómico mas importante del mundo, antes estaba la de Berlinale (Festival Internacional de Cine de Berlín) que ya no está más, y es acompañada con cenas temáticas. Lo hicimos con Tegui y lo hizo fantásticamente, recreando la experiencia de Tegui SuperUco. Este año se trató de una experiencia completamente diferente porque fue volver a un lugar que ya conocía, con un trato tan cercano, tan amable, por parte de toda la gente del Festival, tan amorosos y cuidadosos con respecto a los directores y a la gente que se dedica al cine, que fue estar en casa. Y volver a subir al escenario a presentar en este caso La leyenda de Don Julio: corazón y hueso es maravilloso, me encanta hablar en público, poder contar lo que siento en momentos donde realmente siento cosas muy importantes, como es el momento de presentar una película. Son momentos culminantes, de muchísimas horas y días y meses de trabajo, de muchísima pasión puesta, y vuelvo sobre esto una vez más, donde cualquier cosa que hago sigue teniendo un componente pasional y personal fuertísimo . Así que la experiencia con Don Julio fue maravillosa, y se pudo ver cómo se combina también el hecho cinematográfico con el gastronómico.

La gastronomía argentina, ¿crees que está empezando a escribir su historia gracias a una nueva generación de cocineros que están contando algo nuevo y orgánico?

Creo que sucede lo que sucede en muchos otros ámbitos también, en donde tiene un crecimiento, un desarrollo, incluso un desafío mucho más amplio y poderoso en creatividad y en provocación, que lo que la situación del país puede promover. Estamos en un país con una situación muy complicada, y sin embargo siempre hay un plus de generar algo, con lo cual creo que es así, es Argentina por un lado y Buenos Aires por otro, porque somos una ciudad de inmigración, con lo cual tenemos características diferentes de lo que es el resto del país, y hay que entenderlo de una forma que sume, que logre aunar esos dos conceptos y no negarlos, y por otro lado entender que la regionalidad también es clave a la hora de nuestro poder crecer, desarrollarnos y mostrarnos frente al mundo en relación a lo que es Latinoamérica, que posiblemente sí estemos hablando de la región más importante y con más proyección a nivel global en gastronomía hoy.

En el boom de documentales sobre chefs que salieron en los últimos años no queda tan al descubierto el lado b de estar al frente de una cocina. 

Yo trabajo sobre lo que veo, y lo que veo es lo que vivo. Y entiendo que hay un montón de clichés que hoy día no están. El otro día hablando con un periodista brasilero me hablaba del chef cocainómano, y de toda esta cosa de la cual no se habla… a mi me parece no solamente que es retro sino que no es real. Y eso es lo interesante en este momento en el que uno de mis temas favoritos es la gastronomía, porque tiene una problemática más minimalista, tiene que ver con una lucha para establecer su trabajo, para equilibrarlo con una vida, para que su negocio sea rentable, para mantener la fama y que se yo, con muchas dudas, o sea, es mucho más personal y mucho menos estereotipado. Cuando se habla de rockstars no es tan así, tan a los años 70, es un rockstar bastante más frágil en muchos aspectos  y donde sí entienden que los motores tienen que ver con cosas muy interesantes o muy nobles como el tema de la identidad o de la pasión. Después si un restorán quiebra o no, realmente no me ocupo de fracasos en muchos aspectos, no hago «Kitchen Nightmares», porque es el trayecto lo que me interesa.

Francis (Mallmann) creo sin equivocarme que prácticamente debe haber fundido todos los restaurantes que hizo hasta estos últimos que tiene ahora, y sin embargo nadie lo considera un fracasado, creo que es un tipo exitoso porque siguió sus sueños . Entonces el concepto de fracaso es puesto a consideración o reconsideración en este caso, y por ahí va la historia. Creo que el negocio de la gastronomía es muy difícil, y el éxito tiene que ver más con establecer tus prioridades y perseguir tus sueños, que lograr el éxito económico o lo que sea que idealmente lo podés lograr pero casi que es un añadido.

¿Qué chefs, o como decía el Gato Dumas, cocineros, te vuelven loco?

Al igual que me pasó con la música, se van generando vínculos de amistad, de admiración, House of Chef traza como una línea imaginaria de cocineros que están unidos entre sí, y que son los que considero más relevantes para mi punto de interés, no manejo otras listas manejo mi propia lista. Me siento muy contento y muy honrado de poder trabajar con ellos y compartir la época , desde Mauro Colagreco con su épica de frontera allí entre Francia e Italia pero tan argentino al mismo tiempo, todo este poderío de Latinoamérica con Rodolfo Guzmán, con Virgilio (Martínez), acá con Germán (Martitegui), Narda (Lepes) a su manera promoviendo y llevando todo adelante, Don Julio, Proper, Alo’s, un montón de gente buenísima que está haciendo las cosas super bien, es una familia y eso es lo lindo, con los problemas propios de la familia y es la primera que asume que tiene los problemas emocionales y disfuncionales de una familia, eso es lo que lo hace tan rico. En Asía me gustó mucho la propuesta de Gaggan (Anand), al mismo tiempo. Me parece que hay cosas muy interesantes en ese sentido, es una escena muy vibrante. Y sin olvidar que House of Chef nació en Uruguay, con gente y territorios muy queridos por mi como Fede de Marismo, Jean Paul Bondoux, Martin Pittaluga, (Fernando) Trocca, Lucia Soria, toda la tropa de allí que es maravillosa y es dueña de una riqueza sin igual.

También es verdad que de alguna manera todo es una generación hija o siguiente a la del Gato (Carlos Alberto Dumas Lagos), que realmente fue el último bastión de la elegancia que bebía de las escuelas tradicionales, como la francesa, la italiana, y de esa elegancia proverbial, del bon vivant, y a quien llegué a conocer por supuesto que sí y a ir a su programa que hacia en la tele y en donde ya a las diez de la mañana se descorchaba algo. Había un compromiso con el placer .

Yendo más a fondo con tu experiencia personal, ¿qué lugar ocupó la comida en tu familia cuando eras chico, tuviste alguna influencia, alguien que te marcara? 

Recuerdo por supuesto a la cocina de mi abuela, las frutas de estación como en esta época en Argentina con la llegada del verano, los damascos, las ciruelas, las cerezas, las frutillas con crema Chantilly, mi abuela hacía un postre de uvas todos los veranos que era algo increíble . Por supuesto una influencia netamente italiana, el melón con jamón, las entradas frescas de antipasto, el vitel toné, ella misma amasando ravioles en el jardín, es así. Mi bisabuelo era un importador de aceite de oliva, la raíz italiana ha sido siempre predominante.

¿Y ahora, conservás algún ritual o tradición de esos años en torno a la comida?

Bueno, nada, soy bastante desastre, vivo solo, en ese sentido extraño un poco mi vida de casado, donde teníamos un ritual bastante sencillo y muy poderoso , pero por otro lado cada tanto termino teniendo experiencias maravillosas en algunos de los restaurantes donde trabajamos o por situaciones en las que uno termina, sobre todo por el cariño y la atención de los mismos cocineros. Pero soy una persona que hace años que no cocino.

Se cumplen 25 años de El Rayo, cerrando los ojos, ¿qué imágenes se te vienen a la cabeza de los momentos que viviste con ese ciclo mítico de la TV y en esa época?!

Es fuerte volver a pensar en la época del Rayo, fue intensísima, una época muy propia, muy única, pero no fue la primera vez donde me pasaban determinadas cuestiones. El Rayo fue como una segunda oleada donde ya había vivido lo que era la TV, lo que de alguna forma era el rock and roll stardom y también el ser conocido popularmente, con lo cual fue al mismo tiempo más salvaje pero también mucho más profesional y claramente lo que había como elemento diferenciador era el compromiso con el trabajo, casi desaforado. Uno se tomaba un avión a ver a los Stones o a Kiss, teníamos ideas loquísimas y las llevábamos adelante, y no parábamos hasta conseguir lo que estábamos buscando, y así dimos la vuelta al mundo de Buenos Aires a Bangkok, creando todo el tiempo. Sí hay una diferencia con el hoy en cuanto a que es una bisagra entre las creencias, en relación al arte que había cuando era chico y las de ahora. Cuando era chico crecí entendiendo que el verdadero artista se inmolaba en nombre del arte. En esa época nos inmolábamos un poquito . Y ahora se supone que uno no se inmola un carajo.

El Rayo era esencialmente un programa sobre el peso de la fama. 

No estaría tan seguro, creo que estaba muy basado en gente que hacía cosas en un momento donde esas cosas tenían una relevancia especial. Entonces el star system consistía en rockstars, modelos, actores, nuevos productores, porque en esos años se dio el giro en la TV, de golpe tenías un (Diego) Guebel, un (Mario) Pergolini, lo que fuere, (Roberto) Pettinato haciendo realmente lo que se le cantaba el orto, en ese sentido había como una mayor amplitud para los espacios más tradicionales. Creo que lo que marcó esa época fue la ruptura dentro de las estructuras más tradicionales de los medios. Ahora hay rupturas pero en lugares más rupturistas con la llegada de lo digital. Pero en ese momento era ir al corazón, era ir a romper el espíritu de Romay, de Felíz Domingo , de Grandes Valores del Tango, de golpe estaba pasando algo que no tenía nada que ver con eso. Y ahí estábamos para contarlo y para vivirlo.

¿Cómo fue crecer en Buenos Aires en la década de los 90?

El tema de los 90 es muy emblemático. Hubo dos momentos, porque se habla de El Rayo como de los 90 pero fue en la segunda mitad de la década. Hubo una primera mitad que fue la proto-versión, la prehistoria de lo que fue después la época más menemista. Ahora está la retrospectiva de Sergio De Loof en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y podés ver realmente lo que fue ese comienzo de los 90, a partir de Bolivia y de los distintos lugares que él fue haciendo, como El Dorado, donde mezclaba lo que era la noche y el nigthclubbing con el arte, la cultura y lo underground, también haciendo un crossover con gente de clase alta , algo que no había pasado nunca en Argentina, quizá en los 60, pero que, de alguna manera, se daba de una forma más neoyorquina si se quiere, de juntar lo alto con lo bajo.

Esa fue una época sencillamente maravillosa, romántica, donde la moda realmente era un compromiso estético, era una decisión política y cultural . Ese comienzo fue un momento de quiebre y de cambio, de apertura cultural, espectacular. Hay que atender eso porque queda tapizado en los 90, Menem, el champagne, y que se yo, pero hubo muchísimas cosas en donde una fuerza artística cultural proveniente del under nos regaló posiblemente las mejores épocas de los últimos años.

¿Alguna vez tuviste un momento en el que querías renunciar a todo?

Lo he tenido. Renuncié un poco a todo cuando terminó El Rayo allí por 2001, me quedé en Barcelona y ya estaba como medio retirado, haciendo vida de jubilado, tardé un par de años en volver a armar una productora, y me dedicaba a poner música en bares. Después cuando volví a Argentina, también tuve que tomarme un tiempo para estar en buena forma y volver a entrar en lo que sería una nueva etapa de mi vida. Yo lo veo como esas vidas cíclicas de Miles Davis, donde el tipo elegía una droga y la vivía al máximo, inventaba un ritmo musical, se retiraba, pasaban unos años, volvía, inventaba otra cosa, inventaban otra droga, no digo que sea la misma analogía pero sí esa cosa como que parece que sube la estrella y va a ser para siempre, y no es para siempre , hay algo que hace que ese ciclo termine y luego algo que hace que un nuevo ciclo comience y eso me acompaña hasta el día de hoy. La verdad es que podría verse como un coñazo pero es la más grande bendición que uno puede tener en la vida: que tu vida esté signada por algo más grande que lo que vos podés decidir .

¿Sentís que estás disfrutando más de tu trabajo en estos días?

Disfruto muchísimo de mi trabajo, siempre. Prácticamente nunca hice cosas que no me gustaran. Quizá haber estado en algún programa muy masivo por poco tiempo. Pero muestro muy rápidamente la hilacha cuando algo no me convence o no me gusta o no puedo estar ahí dando lo mejor de mi, que es lo único que tengo para dar. Básicamente, lo único que tengo para dar es lo mejor de mí .

Hace poco dijiste sobre los cambios en la industria de la TV, con el streaming y las series, que estamos viviendo un momento muy excitante de la industria.

Sí, definitivamente es un momento muy loco, muy dinámico, lo disfruto porque siento que me está permitiendo mover hacia áreas que tal vez en otros momentos me hubiesen parecido imposibles como fue el primer paso en la entrada al mundo del cine de la mano del documental gastronómico y de House of Chef, y a partir de eso al mundo de la ficción tanto para series como para películas que es lo que estoy desarrollando ahora y que empieza a ser mi nuevo 50%.

Cuando trabajabas en El Rayo, ¿la moda era algo en lo que pensabas mucho?

Es anterior a la época del Rayo. Creo que a partir del 83, que fue cuando vuelve la democracia a la Argentina, y del 82 con la Guerra de Malvinas y la llegada del new wave y del punk, es el primer momento rupturista donde la moda adquiere un condimento político, de diferenciación, de decir «estamos acá, queremos otra cosa, no somos como vos», y donde la moda y la música se unían para marcar una vanguardia única e influenciarse mutuamente. Hasta el día de hoy te diría que los grandes movimientos que marcaron la cultura popular provienen de la música y de la moda , y dentro de los estilos provenientes serían del punk, del rock and roll y por supuesto ahora de la calle, de la cultura urbana, en muchos aspectos eso llega a influenciar hasta la gastronomía hoy.

Si vos juntás el punk rock con lo que representa la revista Vogue, y a eso le sumás la cultura del hip hop, ahí tenés la cultura pop de los últimos 30 años.

Alfred, llegamos al final, por tu historia como productor en los medios y ahora en la dirección en cine, cómo estás viendo los casos de abusos en el mundo del espectáculo y en artistas de todo rango,donde se vuelve cada vez más complejo separar la vida privada de la obra o dejar que ambas se retroalimenten.

Creo que es un tema muy sensible, mucho más amplio de lo que nos imaginamos. Por supuesto está el abuso en los clichés, conozco la vieja escuela de los teatros de revistas de calle Corrientes, los pasillos, el camarín, los canales de TV, pero el abuso está bajo muchísimas formas en nuestra sociedad , no solamente del hombre con la mujer, sino también de mujeres a hombres, padres a hijos, hijos a padres, entre hermanos, o sea el abuso está en nuestra sociedad y creo que recién ahora estamos empezando a entender que eso existe y bajo qué formas.

Yo mismo he sido abusado y recién ahora me entero . Y voy a hacer una película autobiográfica al respecto, que espero poder estrenar en 2021, y que será mi ópera prima como autor y director en una película de ficción que me lleva a un lugar nuevo y distinto. Pero creo que el abuso es mucho más sutil y más amplio, y es una manera más de conocernos como especie social en nuestros vínculos. Lo que sería bueno extenderlo a otros órdenes, es que sea con amor y no con marketing, no con bandos . Creo que todos podemos ser víctimas de un abuso y que los abusadores también tienen una enfermedad propia de nuestra naturaleza tal vez un poco más exacerbada que otras. Tenemos que tratar todos como especie de tener un trato más amoroso y de mayor piedad, no para perdonar los abusos sino para entenderlos y tratar de cambiar.

 

@alfredoliveri lleva más de 25 años trabajando en el sector audiovisual, como productor, director o creador de formatos televisivos. En España desarrolló los formatos de Caiga quien Caiga, El Rayo y Trip. Desde su productora GlamoramaTV ha desarrollado contenidos para diversos canales televisivos de España y Argentina. Es el fundador de la plataforma de contenidos gastronómicos House of Chef, que a través de cortos, series y largometrajes cuenta historias alrededor de la cocina y retrata a los más importantes cocineros del mundo. En 2018 y 2019, dos de sus documentales que produjo y dirigió, los presentó en Culinary Zinema, la sección de cine gastronómico mas importante del mundo en el Festival de San Sebastián.