Este originalmente bizarro, border y marginal espectáculo es cada vez menos marginal y empieza a tener mayor incidencia en América Latina y en especial en Argentina. Toda la campaña del actual presidente de Brasil Jair Messias Bolsonaro fue apoyada por los sectores evangélicos tanto en dinero como en votos.

Pare de sufrir, acérquese, lo vamos a ayudar. Tiene insomnio? no sufra más, venga a la Iglesia Universal del Señor y lo vamos a ayudar. Quiere ser político, ya no sufra más, colabore con el Señor y el Señor lo va a ayudar a usted. Los pintorescos pastores, esa imagen aislada en un solo canal de la TV argentina trasnochada le está dando paso a una presencia mayor. Pasaditas las 12 de la noche en la mayoría de los canales (de cable y de aire) empieza el show de la fe de la iglesia del señor. Muestran las historias de los feligreses: desde el que no podía caminar, hasta la madre preocupada porque el hijo quiere ser filósofo.

Brasil fue uno de los primeros países en tener en su Congreso un partido directamente evangelista con 80 diputados, pero el número llega hasta casi 200 si se tiene en cuenta el Frente parlamentario evangélico que lo conforman el mismo partido evangélico y otros diputados de diversos partidos pero que tienen en común ser miembros de la iglesia evangélica brasileña. Hace unos días, Bolsonaro llevó a un pastor al Congreso y celebraron una misa ahí dentro. También dijo que quiere que un juez de la Corte sea «terriblemente evangélico«.

En Brasil arrasan. Las últimas investigaciones y estadísticas, muestran que hay 42 millones de fieles en todo el territorio, lo que equivale al 22% de la población. Sí 42 millones, casi la totalidad de la población de Argentina, lo cual es una masa de potenciales votantes que a cualquier político le gustaría tener a su favor.

Ellos tienen a Jair, pero nosotros tenemos a Amalia, nuestra ex chica de Gran Hermano y ex de Robbie Williams en poco tiempo ya logró ser diputada por Santa Fe. Es evidente que la fe mueve montañas y si la montaña no va a Granata, Granata va a la montaña. En 2017 fue candidata por primera vez, pero no pudo ingresar al Congreso. Esta vez volvió con más fuerza aprovechando el contexto, se postuló y no solo ingresó, sino que junto a ella entraron 6 miembros más de su partido «celeste»: en el segundo lugar de la lista entró Walter Ghione, pastor evangelista, aleluya.

La ex Gran Hermano empezó a pisar fuerte en el ambiente político a partir de su posicionamiento sobre el aborto. Esa postura en contra del aborto legal, seguro y gratuito propuesto por la ola verde, fue un imán que atrajo a los pastores y evangélicos, aprovechando su fama y presencia en la TV.

El apoyo en este caso no fue económico sino de votos, los referentes evangelistas santafesinos a través de las iglesias (solo en Rosario hay más de 750 templos y 160.000 fieles) y de la viralización via WhatsApp, solicitaron a sus fieles el votito para pipi girl y así fue como a Amalia desde diciembre de este año la tendrán que llamar Diputada Granata. Obtuvo casi 300.000 votos y contó con más de 600 fiscales (entre evangelistas y católicos).

Los evangélicos tienen algo que no tienen el resto de las religiones frente a la política: le aportan fanatismo y militancia fuerte. Es un fenómeno no solo provincial, sino que se está dando en todo el país. Son 9 millones los fieles evangélicos y sus pastores quieren hacer de forma explícita lo que durante mucho tiempo hacían en las sombras: tirarse a la pileta de la política, concentrar más poder con bancas propias en el Congreso de la Nación.

Siguiendo una lógica matemática, Eduardo Zenz (pastor de la iglesia Centro Familiar Cristiano) afirma que los evangélicos son el 10% de la población y que por lo tanto le corresponden al menos 25 bancas en la Cámara de Diputados. Lo fundamenta en el número de fieles y que son mucho más que una religión ya que dan apoyo escolar, enseñan a cocinar, aprenden el uso de nuevas tecnologías; se definen como una familia en la que se dan mutua contención y que eso debiera tener su reflejo en representación política parlamentaria.

Este fenómeno recién está saliendo de las sombras a tomar fuerza, organización y ser visible su poder financiero, pero sobre todo de votos concretos, es una tentación para muchos. Antes que Granata fue Alfredo Olmedo, quien se declaró evangelista, pero nadie le creyó hasta que apareció un video tomando el bautismo evangélico en una pelopincho. Ahora también se lo disputan a ese voto tanto Macri como CFK, ya que ambos saben que en este contexto apocalíptico, cada votito suma para cruzar un río cada vez más lavado y turbio.