¿A 13 años de haberla pensado y dirigido, sentís que Ayerza sigue vigente?

AGUSTÍN ADBA: Ser irreverente, mal aprendido, desfachatado, digamos estar fuera de la norma siempre estará en vigencia. Ayerza es el puntapié a la creación. Si hablamos del tarot podríamos hablar de la carta del loco, el personaje que con su pequeño bolso decide ir en busca de sus sueños. Ayerza es eso, ir en busca no de los sueños sino del existir, de vivir el presente de manera digamos, propia. Le debo todo a Ayerza, me formó y me dio identidad como artista. Ayerza me ayudó a despegarme de mi, de mis amigos, de mis condicionamientos. Desde el momento que comenzó el rodaje logré despegarme de mis ismos para ponerme en el lugar de la interpretación consciente y respetuosa. Ayerza es mi punk, gracias a ella aprendí a que lo material no sirve para nada. A desprenderse del dinero y de la posesión. Desde ese momento soy tan feliz como cuando tomo sol en un balcón en alguna parte agraciada de la ciudad o como cuando tengo que consumir algo del piso.

La historia va del centro de la ciudad, con momentos en los márgenes dentro de espacios abandonados repletos de maleza, y un viaje relámpago a un campo en una isla. ¿Pensaste en esa tensión entre lo urbano y lo rural que tanto nos cruza a los argentinos?

ADBA: Para nosotros y para la Argentina entera, ya con el tema de unitarios y federales este es el conflicto que encarna a nuestra nación. Para nosotros fue fácil tratar este tema porque de eso se trata la idiosincrasia del país. Vivimos divididos y conflictuados por estos dos puntos que lo único que hacen es destruir nuestra alma y nuestra creencia. El proceso fue demandante, no podíamos evitarlo, era más fuerte que nosotros. Te podría decir que todas nuestras películas en Selva Cine tratan del campo y de la ciudad, es una disyuntiva más grande que nuestras historias, es algo por lo que estamos atravesados sin querer, ya por ser una cuestión de patria. Me parece mal dividirnos en dos. No hay dos, somos uno que se pelea consigo mismo. Ojalá ésta disyuntiva termine en el 2021 y que solo seamos una Argentina.

¿Cómo fue el armado del protagonista absoluto de Ayerza que tiene que estar todo el tiempo en cámara y en carne viva?

PIWA LA PIWA: Cuando escribimos el guión con Agus Adba, siempre pensamos que el personaje no debía tener un nombre. Ese fue el punto de partida, que carezca de identidad, que sea un nómade, un náufrago urbano. Porque queríamos darle forma desde la acción, y con un vestuario original. Si bien el personaje es callejero y tiene elementos de ciruja, siempre está vestido de camisa y saco, y le da un tono más poético, casi intelectual a su vagar. Ese aire melancólico, tan característico de los tangueros bohemios, o incluso beatnik, se refleja en su forma de abordar temas universales como la soledad, la muerte o el amor. El personaje carga con una angustia existencial que se puede asimilar a la letra de la canción (I can’t get no) Satisfaction de los Rolling Stones, que habla de la insatisfacción propia de la adolescencia, de ese espíritu al que nada le viene bien. Lo mismo pasa en Ayerza, el protagonista está insatisfecho con su vida y por eso es curioso, está dispuesto a sacrificar su propia libertad con tal de sentir emociones reales. Necesita salir de su zona de confort, por más que no la tenga, y buscar experiencias que lo hagan sentir vivo, en muchos casos llevándolo a situaciones peligrosas, donde explorará los límites de la locura.

¿Hubo algún retoque para el estreno que se viene en CineAR? 

ADBA: Claro que sí, cuando nos dieron la noticia de que se estrenaba, y acá quiero hacer una gran mención a Eduardo Flores, una persona genial que desde que vio Penélope en el 2018 viene apañando todo lo que hacemos en la Selva Cine. Él miró Ayerza y le encantó. Entonces desde ese momento con Piwa comenzamos a pensar qué le podíamos hacer a la peli para que se adapte más a lo que pensamos y sentimos en este momento. Las obras cambian, se adaptan a la época y Ayerza a mi entender está más actual que hace 13 años. Ahora ese punk no existe más. El rock murió. Estamos gobernados por el trap. La electrónica también ya murió. Imaginate si no pasara el tiempo y la identidad del planeta. Ayerza a su vez sigue siendo actual en el proceso de identidad. El ser alguien sin nombre en un mundo completamente capital. Amo Ayerza por ser irreverente. Fue irreverente en el pasado y la menospreciaron. Nos ningunearon, nos hicieron sentir raros y desplazados. Los anormales como diría Foucault. Ahora esa resistencia es la que le da alma y esperanza a la vida dentro de cualquier sociedad. Ya no importa el ismo al que defiendas, lo que vale es ser fiel a tus convicciones.

Hay varios shocks en la trama que pueden ir de una escena de sexo a un  cementerio emblema de la Ciudad o situaciones random como cuando Piwa sale de dormir en un lugar abandonado y de pronto está por pelearse con una persona desconocida que encontró en una escalera afuera.

ADBA: Queríamos mostrar los espasmos de ser un lumpen. Piwa representó al artista argentino en su máxima expresión. Ese ser que no tiene identidad, que solo deambula por Buenos Aires completamente desprendido de la culpa. Tiene algo de Miguel Abuelo y de Luca Prodan. Nunca lo hablamos entre nosotros, sólo que ahora que pasa el tiempo lo puedo notar más. Ayerza no te da tiempo a comprender, se trata de seguir el impulso vital del existir, creyendo siempre en ser. Y cuando hablo de ser hablo de trascender con actuar dignamente. Cosa que la humanidad entera no hace porque está mediada por millones de conflictos existenciales y placeres no satisfechos.

¿Qué le dirías a la gente, con qué historia se va a encontrar?

PIWA: Ayerza es una película divertida, que a pesar de mostrar la crisis existencial que atraviesa un joven rockero en la ciudad de Buenos Aires, también muestra el lado más visceral de la sociedad utilizando elementos de la comedia. El personaje es tan libre y espontáneo que nunca sabés dónde va a terminar. Es como el Uróboros, la serpiente que se muerde su propia cola, un viaje hacia el eterno-retorno.

Hay dos cosas que están muy presentes en la historia. Lo porteño tanguero-fiestero, y la secta campestre como escapismo.

PIWA: Curtí mucho desde siempre el microcentro porteño, como voyeurista, laburando o deambulando por ahí. Tiene esa doble vida, de que cuando se termina la jornada laboral queda vacía, y esa sensación nostálgica es única de las grandes ciudades, ahí es cuando salen los fantasmas de la noche y se encienden esos faroles amarillentos tan característicos de las peatonales, que tienen ese dejo tanguero en su belleza. El anonimato de ser uno más en el mar de gente también es atractivo para pasear y buscar inspiración, y el personaje adopta estas formas de contemplar la vida citadina. La fantasía de escaparse al campo e irse al verde es un pensamiento común en cualquier persona que vive entre tanto cemento, pero en el caso de Ayerza lo presentamos como un elemento irruptivo en la trama, para darle más resignificación a la ciudad, desde una perspectiva poética y reflexiva.

¿Crees que esa ciudad de Buenos Aires que presenta Ayerza no la veremos nunca más?

PIWA: No. Ese tiempo ya pasó, ya fue. De hecho, cuando filmamos la película, las plazas todavía no estaban enrejadas, la 9 de Julio no tenía el Metrobus, y era otra Buenos Aires. Ni hablar de la pandemia que ha llevado todo a otro nivel. Pero eso es lo bello también, cada época tiene su qué sé yo, y por aquellos años éramos jóvenes y aventureros, y por suerte ese espíritu está en la película, en aquella Buenos Aires que tantas risas nos regaló.

AYERZA se estrena el 7 de noviembre a las 00HS en el canal CINEAR TV y el 10 de noviembre a través de la plataforma Cine.ar Play.

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