Estábamos charlando y fumando, no había ningún cartel. El empleado de Metrovías me pide que lo apague. Le digo que no había carteles. Con un movimiento de mano llama al policía Jonathan Rojo. Rojo me dice “che pibe”. No me deja irme. Me pone una mano en el pecho y me dice “quedate vos vas a ser detenido”. Me trataba de varón todo el tiempo. Hay un forcejeo, me esposan, nunca me responden. Cuando quiero salir me retuerce el brazo. Cuando me caigo sobre Rojo, intento agarrarme de lo que sea y le termino agarrando el pelo a la oficial. Me llevaron a la oficina de policía en la estación Boedo. En el calabozo me hicieron una requisa desnuda.

Esta historia de odio y de agresión que persigue a Mariana Gómez comenzó en Plaza Constitución el 2 de octubre de 2017, cuando junto con su esposa, Rocío Girat, decidieron resguardarse de la lluvia en el domo vidriado y gran hall por el que se accede al subte C. Tenían tiempo para conversar un rato, besarse y fumar un cigarrillo, esto último como lo hacían decenas de personas que traspasaban los molinetes.

Mariana ahora deberá esperar el veredicto para este viernes, porque los cánticos y bombos de la manifestación en su apoyo, en la calle, hicieron imposible escuchar en la audiencia el martes de esta semana, según dijo la jueza. Pero todo siempre puede ser peor: el próximo viernes la lectura del veredicto coincide con el Día Internacional del Orgullo Gay, lo que parece anunciar una manifestación bastante más fuerte en apoyo. La fiscal que la quiere meter presa, pide dos años de cárcel.

“El comportamiento de los policías Jonatan Rojo y Karen Villarreal se adecuan de manera casi perfecta a las todas las descripciones que hacen la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre los ataques de odio por lesbofobia que se están sufriendo a lo largo y a lo largo de América Latina. Estamos en un momento donde las fuerzas policiales y de seguridad están siendo muy agresivas en todo el continente en su persecución por disciminación de orientación sexual y de género”, dijo Lisandro Teszkiewicz abogado de Mariana en el juicio que le están haciendo desde la semana pasada por estar procesada por el “delito de resistencia a la autoridad en concurso real con el de lesiones graves”.

Mariana, Rocío y un testigo que observó lo ocurrido desde un comienzo –antes de que otros comenzaran a registrar en video con sus celulares- refieren que el policía llamó despectivamente “pibe” a Mariana. Cuando Mariana aceptó apagar el cigarrillo, el policía Jonatan Rojo la obligó a permanecer en el lugar mientras le ordenaba: “Pibe, vas a ser detenido”. Los cargos que se le imputan a Mariana son “resistencia a la autoridad y lesiones graves” por no acatar el arresto y por la pérdida de cabello que sufrió la policía femenina Karen Villareal, quien participó en la detención.

El mechón de pelo que Mariana le arrancó a la policía femenina fue cuando se tomó de su cabello para evitar ser detenida por el policía masculino.

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????PROCESADA POR BESAR???? Hoy empieza el juicio oral a Mariana Gómez #ProcesadaPorBesar. Quien vive un calvario desde hace casi dos años, cuando la policía de manera sumamente violenta la detuvo por besar a su esposa y por fumar en el subte. La jueza ignoró buena parte de la parte de la prueba: el testimonio de Rocío, la esposa de Mariana y algunas filmaciones. Sólo se basó en el testimonio de los dos policías y del empelado de Metrovías y enfocó todo el hecho en que fue por fumar en un lugar prohibido y que la resistencia a la autoridad fue consecuencia de tratar de impedir eso. Mariana quedó imputada. La discriminación, persecución y criminalización de las lesbianas no es nueva, y muestra una vez más la (in)justicia cisheteropatriarcal haciendo abuso de poder y atacando nuestras identidades. Hoy no sólo los derechos de Mariana, sino también los de su pareja Rocío estan en riesgo. Exigimos ¡JUSTICIA YA! ¡BASTA de reprimir nuestros #BesosLesbianos!???

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No sé qué les diría. No pensé en eso todavía. Me gustaría que escuchen a Rocío. Porque hasta ahora solamente los policías hablaron por ella. Quiero que la escuchen a ella porque parece que lo que yo tenga para decir no vale. Yo digo “A” y todo lo que pueda decir lo invalidan porque soy lesbiana, torta, negra, pobre, mujer. A pesar de que me identifique como mujer a mí me juzgan por vestirme con ropa de hombre o de talle más grande de lo que ‘se debe’. Me ven lesbiana e inmediatamente dicen ‘violenta’. Es la primera vez que me pasa sentir el lesboodio de policías y jueces. Todos avalan lo que dicen los policías. Y lo que ocurrió ese día en Constitución no comenzó donde empiezan los videos, empezó con el maltrato del policía. El policía te hace sentir que sos nadie y que le tenés que obedecer aunque te dé una orden injusta. A mí me hicieron agachar la cabeza mucho tiempo. Tengo la fortaleza como para pararme sobre mis pies y enfrentar esta situación. No me queda otra. No voy a agachar la cabeza para decir ‘el policía tiene razón’. Voy a pelear por mis ideales hasta último momento.

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“Yo no soy homofóbico, ni sé qué significa eso”, dijo Jonatan Maximiliano Rojo, el oficial de la Policía de la Ciudad que detuvo a Mariana Gómez en octubre de 2017 luego de que ella besara a su esposa, Rocío Girat, en la estación Constitución.

Por su parte, el empleado de Metrovías, José María Pérez, defendió a la Policía de la Ciudad. Dijo que el policía le pidió “amablemente que lo apagara” y que Mariana “dio golpes de pecho y levantó las piernas no sé con qué intención. Yo me retiro superado por la situación. No soy homofóbico. Mi hermana es igual que ellas. Ellas hacen lo que sienten”. El oficial Jonatan Rojo, de la Policía de la Ciudad, declaró: “Tres veces se lo pido, siempre con respeto, que apague el cigarrillo. Ella emprende su marcha y le digo que en ese momento no se puede retirar. Como me dice que no la podemos tocar porque somos masculinos llamo de refuerzo a la oficial Karen Villarreal. Ella me da un golpe con su pecho. Yo en ningún momento forcejeo, intento que no me pegue. Intenta darse a la fuga, a los cinco metros se patina y se cae. Yo la tomo de los brazos y la reduzco. Rocío no fue violenta conmigo, no me clavó las uñas como se dijo en TV, eso no es cierto”.

Pero los testigos de la causa, Gianfranco Berttachini y Eliana Piromalli aseguraron que el maltrato policial existió y que uno de ellos grabó un video para “mostrar cómo la estaban reduciendo como un hombre”.

Aquel día lluvioso en Constitución, Mariana la estaba consolando a Rocío porque tenia que viajar a Mar del Plata para asistir por al juicio contra su padre, el ex oficial de la Armada Marcelo Girat, quien abusó sexualmente de ella desde los 13 hasta los 17 años en su casa y en la Base Naval de Mar del Plata. Mariana sabía exactamente cómo se sentía Rocío. Ella también fue abusada durante 16 años por su padrastro y el padre de éste, mecánicos de la ciudad de Olavarría.

Tanto Mariana como Rocío son sobrevivientes de abuso sexual infantil. Ahora viven en un espacio que construyeron en la casa de los abuelos de Rocío, en Avellaneda.