El nuevo documental del director y productor Sam Pollak -que se transmite por HBO y HBO GO- comienza con una entrevista en el programa Today, de 1976. Tom Brokaw, el anfitrión, conversa con David C. Driskell, un artista e historiador del arte, responsable de la muestra titulada Dos siglos de arte afroamericano: 1750-1950, montada en el Los Ángeles County Museum of Art y principal eje temático de Black Art: In the Absence of Light.

Era la primera gran exposición sobre este tema y Brokaw quiere saber qué piensa Driskell de la despiadada crítica que hizo Hilton Kramer en el New York Times. Si bien la exhibición comprende 200 obras de artistas consagrados, el crítico considera que tiene más valor por la historia social que por sus revelaciones estéticas. En otras palabras, la propuesta es más antropológica que artística. La antigua mirada racista que distingue entre artefactos interesantes y verdaderas obras de arte, es decir, entre objetos producidos por culturas “primitivas” o «civilizadas» era ineludible. Pero Driskell no muerde el anzuelo y no intenta articular una defensa innecesaria ante semejante disparate. En cambio, ofrece una respuesta devastadora. Hace una pausa ante la mención del nombre del crítico y responde: ¿Quién?

La opinión de una de las figuras más relevantes de la crítica de arte frente a una retrospectiva sobre la historia del arte negro –el cual durante mucho tiempo fue ignorado por los museos y que recién comienza a ver la luz en el contexto de la lucha por los derechos civiles-, resultaba poco menos que irrelevante. En la misma entrevista, Brokaw se pregunta si el uso de la etiqueta “arte negro americano” no es en sí mismo una forma de aislamiento. “Sí -responde Driskell-, pero en este caso se trata de una estrategia. Siempre hemos intentado ser parte integral de la corriente principal, solo para ser excluidos. Si no se hubiera organizado esta exposición, muchos de los artistas que la componen nunca se hubieran visto”, señala con razón.

De algún modo, Driskell pone en escena lo que Ralph Ellison demostró en su novela El hombre invisible: el poder controlador y sofocante de la invisibilidad social y cultural. La historia presentaba a un protagonista anónimo que se piensa a si mismo cómo una persona invisible. La invisibilidad, según el autor, era una metáfora por la ceguera de la sociedad con respecto a su singularidad como individuo. El documental continúa con el foco puesto sobre la obra de Kerry James Marshall, un artista que vio la muestra de Driskell cuando tenía 21 años y le cambió la cabeza, tanto como la novela de Ellison. Este tipo de conexiones culturales se revelan sutilmente en la trama, mientras se disecciona una infraestructura institucional crucial que ha crecido exponencialmente en el último tiempo y que puede llenar un documental hasta desbordarlo alentado por una cultura en estado de hervor que agita la bandera del #BlackLiveMatter impulsado por las últimas respiraciones de George Floyd.

Hacia el final, el artista Theaster Gates ve la ventaja, incluso la necesidad, de este posicionamiento. “Arte negro significa que nosotros hacemos cuando nadie está mirando. Y así ha sido la mayor parte de nuestras vidas. Hasta que no tengamos nuestros propios espacios de exposición, de descubrimiento y de investigación, prefiero trabajar en la oscuridad. Mi miedo es que nos entrenan y nos condicionan para que hagamos solamente si hay luz. Y eso nos hace dependientes de algo que no controlamos. ¿Están dispuestos a hacer en ausencia de luz?”, les pregunta Gates a sus compañeros artistas.

En su anterior documental, titulado MLK / FBI, Pollard describe la campaña racista del jefe del FBI J. Edgar Hoover contra el líder de los derechos civiles Martin Luther King Jr. Tal vez sea mejor verlo antes que Black Art: In the Absence of Light, para comprender la profundidad de una demanda de equidad cultural que ya tiene 45 años. Desde la Marcha sobre Washington en agosto de 1963 hasta su asesinato en abril de 1968, King fue una obsesión para Hoover. Lo veía como una amenaza para la seguridad nacional porque, según su mirada distorsionada, representaba el desorden, el comunismo y la ruptura de las jerarquías raciales.

En la misma línea y apoyando esta tendencia, HBO Max estrenó recientemente Judas and the Black Messiah, una película, coescrita y dirigida por Shaka King que sigue las historias cruzadas de Hampton -líder del partido de las Panteras Negras y fundador de una “coalición arcoíris” multicultural que defiende a las comunidades de negros e hispanos pobres-, con William O’Neal, un criminal callejero reclutado por el FBI para infiltrarse en su organización. En una escena, la novia embarazada de Hampton le expresa su temor por traer al mundo un bebé en medio de esa lucha de poder. El líder del Black Panther Party le responde que siempre supo que iba a buscar justicia para los afroamericanos, que ese era su destino y que eso podía costarle la vida.

El menú de opciones lo completa Netflix con el estreno de Enmienda, una miniserie documental de 6 episodios que tiene a Will Smith como presentador y dedica uno a cada colectivo que debería estar protegido por el articulo XIV de la Constitución que proclama que nadie está por encima de nadie y que todos tienen los mismos derechos. Esa que no siempre se cumple.

“Vivimos días sin precedentes como sociedad, como país y como familia. Creo que el cultivo de la comprensión personal e histórica es la chispa que enciende las llamas de la compasión y la curación que necesitamos desesperadamente”, escribió Smith en sus redes sociales, con la esperanza de que esta serie ayude en el progreso “hacia la verdadera igualdad prometida”.

En este contexto de oferta cultural donde las raíces de las luchas por los derechos civiles avanzan tanto en las calles como sobre las plataformas de streaming en forma de entretenimiento, Black Art: In the Absense of Light es un documental histórico necesario que no fuerza las preocupaciones del presente hacia el pasado, sino que nos invita a reflexionar en cómo sucedieron los hechos en un determinado momento para comprender mejor donde estamos ahora. Una historia que ya lleva mucho tiempo y que aún no ha terminado.