El dictador más cool del mundo mundial. Así se presentaba en su perfil de twitter el actual presidente de El Salvador. Ahora lo cambió por «Emperador de El Salvador». Cuando pensábamos que la excentricidad y los personajes grotescos ya estaban cubiertos por Bolsonaro y Trump, un nuevo contrincante esta compitiendo por ser el presidente más desfachatado del planeta tierra.

Nayib Bukele, con 40 años y se autodefine como millennial, con su triunfo electoral en 2019 puso fin a tres décadas de bipartidismo protagonizado por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y al Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional (FMLN).

Su originalidad estuvo presente desde el inicio de la campaña electoral, prescindiendo por completo de los medios de comunicación tradicionales y utilizando exclusivamente Twitter y Facebook para la difusión de sus mensajes de campaña.

Esta estrategia fue efectiva ya que logró imponerse con su partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) con más del 50% lo que le posibilito triunfar en primera vuelta electoral.

Es difícil ubicarlo dentro del espectro ideológico, aunque es importante destacar que integró el FMLN, un partido de izquierda del cual fue expulsado por descalificar verbalmente a sus integrantes históricos.

Muchos que lo conocen de cerca, dicen que su motor principal es la búsqueda del poder y por lo tanto su lógica pragmatista para alcanzarlo. Temen que de no ser debidamente controlado por otros poderes del estado (Legislativo y judicial) puede fácilmente convertirse en un nuevo tirano al estilo Ortega (en Nicaragua) o los Castro (en Cuba). Seguramente él dirá que es el mas trendy de todos los tiempos.

Ahora bien, si su objetivo era pasar a la historia en cierta medida puede decirse que ya lo consiguió: impulsó y obtuvo sanción en el parlamento estableciendo que el bitcoin (BTC) a partir de ahora es una moneda de curso legal igual que el dólar americano.

De esta manera El Salvador se transformó en el primer país del mundo en usar las criptomonedas como medio de pago lícito. Para esto, su gobierno desarrolló la billetera oficial CHIVO para hacer las transacciones.

Sin embargo, esta situación no fue apoyada por una parte importante de la población que salió a las calles a protestar y solicitar que el presidente retroceda: creen que contribuirá al lavado de dinero y la restauración de pandillas delictivas en el país. También protestaron por la intervención y reemplazo de jueces de la suprema corte de justicia salvadoreña junto a la jubilación compulsiva de magistrados mayores de 60 años quienes fueron reemplazados por funcionarios afines.

El Salvador es el país más pequeño de centroamérica, el más densamente poblado y el único que no cuenta con costa caribeña. Es, también, uno de los pocos países de la región que logró márgenes de estabilidad social y política poniéndole fin a la guerra civil en 1992. Este es, en cierta medida, el principal aspecto que preocupa a los analistas políticos y a parte de sus ciudadanos: que este desfachatado presidente, que dice querer modernizar el país, se convierta en un nuevo tirano generando derramamientos de sangre en la sociedad civil para lograr su entronización permanente en el poder.

Nayib por el momento sigue relajado y ajeno a estos cuestionamientos; el tuitea todos los días a sus más de 3 millones de seguidores a quienes incita a comprar BTC y a utilizarlos para girar remesas al país sin cobro de comisión; también comenta sobre los partidos de fútbol de la selección. Después de todo, como él dice, si es un dictador será uno con mucha buena onda y carpe diem.