Después de una semana de empujones en el subte, discusiones en el trabajo, tironeos en tu casa y una lucha en tu mente que no te deja dormir, llega el sábado a la mañana. Podrías quedarte tirado en la cama todo el día, pero alguien te hizo llegar una invitación especial: unos locos que hacen una caminata en la Reserva y “dicen” que te vas a sentir muy bien.

Llegás y te explican las consignas, muy sencillas. Caminar lento y tener el teléfono celular apagado. Vos pensás: “Bueno, no puede ser tan malo ignorar las notificaciones por un rato.” y lo apagás.

Antes de comenzar a caminar te invitan a sentarte en círculo sobre el césped mullido. “¿Hace cuanto que no disfrutás de relajarte sobre la hierba fresca?”. Las personas conversan, distendidas. Se nota en sus caras que vienen de entornos muy diversos; sin embargo, esto de estar en círculo va disolviendo las reticencias y pronto descubren que comparten sensaciones parecidas sobre la vida. Se escuchan los pájaros cantar y una brisa suave trae hasta tu nariz el aroma de las madreselvas. Te recuerda a tu infancia, las tardes de siesta eterna, los abuelos en el patio…Tomas una inspiración profunda, aunque nadie te haya indicado que lo hicieras, y al exhalar, sentís que te estás quitando una mochila de piedras que hace años que llevás encima.

Mas tarde te invitan a formar parte de la caminata propiamente dicha. Juntos, en fila india, van recorriendo los senderos, entre los árboles. Al principio, tu cabeza intenta decir algo, irrumpir con sus típicas inquietudes, pero a medida que tus pasos avanzan es como si te fueras sumergiendo en un océano de energía verde que te va acunando, que te susurra “tranquilo, ya estás en casa ahora.” Si te dejas conducir, las maquinaciones mentales se van deteniendo, y descubrís que tu caminar forman parte de la danza armónica de las hojas, de las nubes en el cielo y del sol entre las ramas.

Estás participando en una Caminata Consciente.

Un tratamiento de salud natural

Las Caminatas Conscientes son una de las formas que asume un movimiento que lleva muchos nombres: baño de bosque, shinrin yoku, caminatas meditativas. Surge a partir de la necesidad de muchas personas de regresar a la conexión con la Naturaleza, limpiándose – aunque mas no sea por una mañana – de la intoxicación de la ciudad.

Consiste, básicamente, en pasar tiempo en un lugar natural, como un bosque, una selva, una playa; con los sentidos totalmente abiertos a la Naturaleza (y por lo tanto, cerrados a distracciones como teléfonos celulares o ruidos).

Existen cientos de estudios recientes que demuestran su efectividad para mejorar la salud y propiciar el bienestar. Especialmente producen un descenso en los niveles de la hormona del estrés (cortisol), responsable de muchas dolencias y condiciones dañinas, como la hipertensión, los problemas cardíacos, la diabetes y el asma. Además, ayudan a regular la ansiedad y la depresión, y refuerzan el sistema inmunológico.

Se pueden complementar las caminatas con otras actividades beneficiosas para el alma, como meditar, danzar en silencio, explorar, hacer yoga o simplemente acostarse en el piso para volverse UNO con la Tierra. Es un tratamiento completo para sanar en todos los planos del ser.

3 claves para que una Caminata sirva a este propósito sanador

No toda caminata es una Caminata Consciente. Cuando recorremos un sendero turístico, lleno de gente, con el guía explicándonos a los gritos qué es lo que tenemos que mirar, y apurándonos a llegar a tiempo al almuerzo, estamos caminando, pero es difícil que podamos realmente conectar con la Naturaleza.

Después de muchos años conduciendo grupos a sumergirse en ambientes naturales, recomiendo estas tres pautas básicas para quienes deseen practicarlo por su cuenta:

Ritmo pausado. Es importante bajar un cambio del acelerado ritmo que llevamos en el día a día. Una caminata consciente no es una actividad de trekking, no busca el entrenamiento físico ni exige a los participantes llevar la cuenta de los kilometros recorridos. Justamente lo contrario: es una oportunidad de hacer esa pausa reparadora, que alivie el stress de la ansiedad y la sensación de que algo nos corre para atraparnos. No hay tiempos estimados ni una velocidad determinada. De hecho, en nuestras caminatas recomendamos responder al llamado interno a detenerse durante unos minutos a simplemente estar entre los arboles cuando el caminante siente la necesidad de hacerlo.

Silencio. Como ya he dicho en este artículo, el silencio es fundamental para evitar distracciones. Los antiguos desarrollaron cantidad de recursos para comunicarse sin palabras cuando salían en sus partidas de exploración. En algunas de nuestras caminatas hemos experimentado con esta comunicación interpersonal silenciosa, que se produce cuando el grupo tiene buena cohesión. Estamos conectados mas allá de las palabras. En la Naturaleza, esa interconexión se siente con mayor intensidad. Además, el silencio es una hermosa ofrenda que le hacemos a los seres vivos del lugar, para no molestarlos demasiado con nuestra presencia.

Prestar atención. Para poder aprovechar plenamente los beneficios de esta actividad, es necesario abrir los sentidos. Cada aroma, cada sonido, cada sensación es un mensaje de la Naturaleza tratando de llegar hasta nosotros. Cuando abrimos la atención al entorno natural, bajamos los decibeles del ruido mental, y logramos escuchar nuestra propia sabiduría interna.

Por supuesto, durante la caminata no cortamos nada – ni flores, ni hojas, ni ramas -, tampoco interferimos con la vida animal o vegetal de ninguna manera, y evitamos toda contaminación, llevándonos en la mochila cualquier resto de basura o plástico.

Volver a la Naturaleza

Las caminatas o baños de bosque no son un invento moderno: es la manera en la que nuestros ancestros remotos vivían, sumergidos en la Naturaleza. Los resultados que provoca la experiencia en el humano actual demuestran que no todo está perdido, que todavía podemos encontrar en nuestro interior algo de esa naturaleza que constituye nuestra esencia.

Entender con el alma el lenguaje de los animales, aprender de las plantas sin enciclopedias ni apps identificadoras, rastrear los cambios del clima a través de la percepción sutil y otras habilidades similares, es lo que nos hizo humanos; y aunque nos hemos encargado de alejarnos de la Naturaleza por cuestiones ideológicas, evidentemente la vida siempre se abre camino.

Como esa flor que crece tenazmente a través de las baldosas de una vereda en el centro de tu ciudad, así es como se abre paso en nuestro interior nuestra autentica esencia.

Somos Naturaleza. Regresemos a ella.

Flavia Carrion es Directora de la Escuela de Espiritualidad Natural. La Escuela brinda gratuitamente Caminatas Conscientes en distintos lugares. Registrese en su web para estar al tanto de próximas salidas: http://www.espiritualidadnatural.com/comunidad