Miembro de la banda killer ícono de los 80s en Argentina, Daniel «Maguila» Arquímedes Puccio, el entregador del clan familiar de San Isidro que secuestró a cuatro empresarios y asesinó a tres de ellos en su casa, fue encontrado y detenido ayer por la Policía de Brasil en Foz do Iguazú.

Maguila, de 58 años, cayó cuando viajaba a San Pablo en un colectivo para turismo con otros 14 pasajeros. Había truchado la identidad y lo detuvieron agentes brasileños cuando descubrieron que tenía un documento falso durante un operativo con perros antidrogas en una ruta, a 100 kilómetros de la San Pablo.

Según dijeron los policías, Puccio había comprado una nueva identidad y su DNI.

El sitio de noticias O’Globo, dijo que Puccio temblaba y se puso paranoico al momento de entregar la identificación a los policías. «El dijo que tenía identidad falsa porque pensaba quedarse más tiempo en Brasil, pero no creemos en su versión. Subimos al micro en un operativo antidrogas», detalló uno de los policías al diario brasileño.

También se comprobó que llevaba encima dólares que según él eran para comprar una casa.

El ex rugbier del CASI seguirá detenido en Brasil. Y lo estará por un tiempo aún no determinado en la cárcel CDP Pinheiros, ubicada en el barrio Vila Leopoldina, en la zona oeste de San Pablo, un penal común que tiene capacidad para 2.100 presos.

Después, será llevado a la penitenciaría de Itaí, unos 300 kilómetros al oeste de la ciudad de San Pablo, donde funciona la única cárcel de extranjeros para Brasil, hasta el fin de su proceso por falsificación de documentos.

Fue uno de los artífices del secuestro y asesinato de los empresarios Ricardo Manoukian, Emilio Naum y Eduardo Aulet, pero nunca cumplió la sentencia a 13 años de prisión por los delitos porque se fugó, luego regresó al país sólo para certificar la prescripción del caso y desde entonces no se sabía nada de él. Su padre, Arquímedes Puccio, capo del clan, falleció en 2013, cuando estaba excarcelado.

En 1995 los Puccio fueron condenados a prisión perpetua y Arquímedes pasó varios años en la cárcel hasta que por su edad empezó a gozar del beneficio de la prisión domiciliaria, en la misma casa donde se habían cometido los crímenes. Luego en 2008 se resolvió su excarcelación bajo el beneficio del 2 x 1.

El hermano de “Maguila”, Alejandro, también había conseguido la excarcelación pero murió en 2008, a los 49 años, como consecuencia de una infección generalizada.

En la banda colaboraban, en distintos grados, los familiares de Puccio. Sus hijos, los rugbiers del Club Atlético de San Isidro (CASI) Alejandro y Maguila, fueron los más activos.

Hoy habló un ex juez que fue el que más investigó y logró atrapar al clan Puccio y dijo que Maguila «era el más parecido a su padre. Había heredado el costado más perverso de Arquímedes».

«Se piensa que estuvo escondido por un tiempo en Argentina (San Luis) y después fue a Brasil. Maguila era el más parecido a su padre (Arquímedes)», dijo a Radio Continental el ex juez federal de San Isidro Alberto Piotti, encargado de la investigación que determinó la caída de la banda.

Hoy también se conoció que habló el mismísimo Daniel que dijo que se encontraba en Brasil por una razón espiritual: «Vine por una nueva vida».

Maguila, fue jugador de la tercera del club CASI, era el preferido del padre, amante de los viajes, convertido al budismo zen y fanático vegetariano.

«Mi hermano estaba encerrado en el baño contiguo a las habitaciones. Estuvo once días atado de pies y manos y le llevaban comida. ¿A nadie le llamaba la atención que llevaran comida?», decía Ricardo Manoukian en el año 2000 en el programa de TV Hora Clave, apuntando al resto de la familia Puccio. Era el hermano de Ricardo Manoukian, víctima del clan.

Fue Manoukian quien recordó los peritajes psiquiátricos que determinaron en ese entonces que Alejandro Puccio era un «psicópata y que era extremadamente peligroso que esté en libertad», que «no tiene compromiso emocional» y que «conserva una buena imagen de sí».

Rodolfo Palacios, uno de los periodistas que más siguió de cerca el caso y escribió un libro espcialmente dedicado a esta historia, decía en relación al perfil psicópata de los asesinos: “El Puccio absurdo en la pensión de General Pico era un punto mucho más atractivo que el oscuro vecino que secuestraba en San Isidro. Y lo mismo Barreda, que se conmovía viendo videos de Fellini y Bochini al mismo tiempo que seguía destratando a su nueva novia Berta. O Robledo, que todos en el penal me decían que era incapaz de derramar una lágrima y una tarde conmigo lloró de improviso recordando a su padre”.

«Los Puccio se constituyen como un colgajo, un resto de la maquinaria asesina que persiste más allá de la dictadura. La familia Puccio tampoco se constituye como una banda delictiva en la cual las asociaciones de los miembros son por intereses en común: salvo excepciones, los miembros son de la familia consanguínea. Los pocos lazos sociales que mantiene la familia con el exterior son a los fines de conseguir a las víctimas. El clan tampoco se encuadra dentro de la mafia, Arquímedes no interviene simbólicamente sino operativamente», escribe la psicoanalista experta en Lacan, Alejandra Jalof.

«El clan Puccio es incestuoso en la medida que impide la separación de sus miembros. No es contingente sino necesario que los secuestrados permanezcan en la casa familiar. El peligro de ser descubiertos los confina al secreto y aislamiento junto con la madre. La comidas familiares entre los gritos de las víctimas evocan los rituales totémicos, propios de los clanes», continúa Jalof.

Y remata: «Hallarse bien en el mal es lo que Freud llamaba pulsión de muerte, y lo describe con detalle en El malestar en la cultura. Freud descubre que los sujetos gozan activamente al repetir el trauma y llama a esto masoquismo primordial. Lo que Hanna Arendt describe como la “banalidad del mal” merecería pensarse a partir de que los goces humanos siempre son banales e inútiles, pero no por ello menos activos. No hay sujetos sin goce. La pasividad, la complicidad, la obediencia, el encubrimiento conllevan goces específicos según la estructura y el fantasma de quienes los portan».