Ya se sabe: la felicidad no está allá afuera.

La felicidad es el estado mas debatido por científicos, filósofos y religiosos, pero hay algo en lo que todos hemos acordado: nada externo puede brindarnos felicidad si no lo acompañamos con un estado interno acorde.

Esto es natural, si tenemos en cuenta que mas allá de sus aspectos espirituales y románticos, la felicidad está sostenida por ciertos químicos de nuestro cerebro, hormonas, sustancias mensajeras que al ser liberadas dan instrucciones a nuestro cuerpo. Parte de esas instrucciones consisten en decirle al cuerpo “estamos muy bien, así que hagamos las cosas bien”. De esa manera, nuestro cerebro se encarga de que cada célula cumpla con la función para la que ha sido diseñada y eso rebota como efecto que consolida el estado de armonía general.

Se conocen 4 de estas hormonas de la felicidad. Activarlas en tiempo de pandemia no es fácil, pero te ofrezco algunas alternativas:

Dopamina

«Me siento bien!», grita esta hormona. Es un neurotransmisor que forma parte del «sistema de recompensas» del cerebro. Está asociada con el aprendizaje, la memoria, el sistema motor y mucho mas. Liberamos dopamina cuando comemos un chocolate o nos preparamos un café. Te ofrece una energía de motivación rápida.

Claro que si para estar motivados todo el tiempo tenemos que acudir al chocolate cada cinco minutos estamos en problemas. Existen otras formas de disparar el botón de esta droga de gratificación instantánea:

Completar una tarea. Por ejemplo, cuando terminás de ordenar una carpeta o de liberar espacio en el disco.

Recibir una notificación positiva, como un me gusta o un comentario elogioso en tu post.

Tomar una decisión y empezar a actuarla. Como ver un curso que te interesa y anotarte en él sin dilatarlo.

El método ancestral: hacer cinco respiraciones cortas, con levantamiento de hombros y tensión corporal. Los guerreros la practicaban antes de las batallas. Una vez hechas esas inspiraciones relaja tu cuerpo durante 1 minuto.

El problema de la dopamina es que no dura mucho en nuestro organismo y se requiere una nueva dosis en seguida. Esto la vuelve adictiva y es la razón por la que tantas personas chequean su celular cada cinco minutos en busca de su dosis de “me gusta”. El cuerpo te pide. Por suerte, existen otras de estas maravillosas ayuditas químicas internas.

Serotonina

Otra de las droguitas que tenemos en el cerebro. Ayuda a regular el humor, el sueño, el apetito, la digestión y también el aprendizaje y la memoria. Tiene un efecto menos euforizante y mas estabilizador. En el diseño humano su propósito es evitar que nos devore el estrés. Aquí algunas formas de lograr mas serotonina en el mundo pandemia:

Motivar a otros, felicitarlos, elogiarlos. Cuando esto sucede, ambas personas reciben sus dosis. Aunque es mejor alentar desde la mesa del bar, también es posible hacerlo a través de una videollamada.

Ver transmisiones en vivo en donde se comparte información positiva. Si, además, hay una persona invitada y los comentarios en pantalla son positivos, las personas que están mirando también reciben sus dosis de serotonina. Los corazoncitos flotantes nos hacen bien a todos.

Celebrar tus propios logros. Todo lo que te de satisfacción por la tarea realizada. Es buena idea llevar un registro de estos, desde las grandes victorias a las pequeñas satisfacciones cotidianas, como haber pagado los servicios a tiempo.

También existen formas orgánicas: tomar sol, caminar descalzos, jugar con la tierra, darse un baño con aromas, todo lo que de un placer físico. Si no tienes una plaza cerca, te recomiendo incluir plantas en tu hogar y abrir las ventanas para que entre el sol.

Oxitocina

La llaman la «hormona del amor» porque es esencial para mantener los lazos entre las personas. Tiene un rol fundamental en el parto, la lactancia, la relación entre padres y niños recién nacidos.

Es una hormona que promueve la confianza y la empatía. Ayuda a pensar mas claramente, levanta el sistema inmunológico y combate el estrés.

Todo lo que es afecto físico libera oxitocina: besarse, abrazarse, hacer el amor. En el mundo pandemia, donde resulta mucho mas difícil el contacto físico, puede que a muchos nos esté faltando este químico. ¿Cómo podemos activarlo?

– Ofrecer regalos (en la forma de recursos, información y hasta gifs animados) a otros a través de las redes.

Concentrándonos en el canal abierto de autentica consideración por el otro y no como mera estrategia de marketing.

Abrazar a nuestras mascotas o peluches.

– Hablar por teléfono con alguien querido y escuchar a corazon abierto lo que está expresando.

Existe una técnica de autosanación ancestral llamada “acunamiento”. Consiste en sentarse en el suelo, abrazándonos fuerte a nosotros mismos y empezar a balancearnos como lo hacían con nosotros cuando eramos bebés. Este ejercicio libera oxitocina y nos ayuda a reparar heridas emocionales del pasado.

Endorfina

La hormona analgésica. Alivia el dolor, la incomodidad y -cuando no -el estrés. Se libera cuando hacemos actividades que nos empujan mas allá de nuestros limites, como correr.

Si volvemos a Fase 1 y otra vez te quedás sin la posibilidad del running, de todas formas puedes liberar endorfina de estas maneras:

Reír fuerte. Busca aquellas comedias que te hacen estallar a carcajadas.

Bailar con tambores. La música africana tribal es una excelente opción, sobre todo si te mantienes en pie durante toda la pista.

– Incluir 30 minutos por día de ejercicio físico en tu casa.

– Realizar 5 respiraciones amplias abriendo los brazos (como si fueras un águila en vuelo), en lo posible en tu ventana, donde recibas el viento.

Estamos diseñados para la felicidad

Cuando nos sentimos bien, nuestro cuerpo funciona mejor, y si nuestro cuerpo funciona bien, estamos mejor preparados para hacer un aporte significativo al bienestar de nuestra comunidad y de nuestro planeta.

Enfocarnos en los aspectos externos que supuestamente nos brindan felicidad (alcanzar el éxito, un matrimonio ideal o la casa de los sueños) han venido demostrándonos que nos dejan vacíos.

En cambio, los instantes cotidianos de conexión con nosotros mismos, con los demás y con la Naturaleza, resultan en un estado mas duradero de plenitud.

Todo empieza por casa. Sobre todo en cuarentena.