Mi abuela guardó el secreto de un hijo extramatrimonial durante más de 40 años. Cuando todo se supo, ella ya no estaba en este mundo. Su secreto quizás la protegió de miradas reprobatorias, pero yo nunca conocí a mi tío ni lo conoceré.

Ya es tarde. Él tampoco está en este mundo.

Ocultar información termina trayendo consecuencias más negativas que decir la verdad. Las ollas se destapan. Tarde o temprano el secreto deja de serlo y la realidad se muestra en toda su desamparada desnudez.

La cuestión en general resulta no ser para tanto. Pero para el ocultador siempre quedará el estigma de haber sido descubierto.

Sabemos que las mentiras tienen patas cortas y consecuencias no deseadas, sin embargo, no nos privamos del gustito de ocultarle a nuestra pareja que tenemos unos dólares dentro de una media o en una cuenta en Suiza.

Ese turbio asuntito extramatrimonial de nuestro amigo que tenemos que mantener en secreto puede que nos moleste, ya que podríamos dejarlo escapar en la cuarta cerveza, pero -en el fondo- nos morimos porque algo así suceda y conseguir una nueva complicidad. Un secreto que se escapa pone a otro en la misma situación que nosotros. Va creando una fraternidad de silencio.

En definitiva, es otra forma de lograr la tan ansiada pertenencia.

A nuestra sociedad le encantan los secretos. Los secretos de la política, los secretos de la vecina y los secretos de estado. Son las noticias que más venden: las sociedades secretas, los archivos secretos y los romances secretos de la famosa de turno.

¿Por qué cultivamos el secreto con tanta fruición? ¿Que ganamos? ¿Que perdemos?

La cultura del secreto

Existen muchos tipos de secretos diferentes: los sexuales, los financieros, los familiares, las rupturas de confianza, los quiebres de las reglas de nuestra sociedad. La cosa no es fácil. Cuanto más artificial es una cultura, más alejada de la naturaleza auténtica de las personas, más reglas de etiqueta tiene, más protocolos que cumplir para no ser expulsado de la “normalidad”. Se vuelve muy complejo operar con fluidez en ella.

Por eso, la lista de secretos que una persona tiene en su bagaje personal es bastante amplia.

Dicen los estudiosos del tema que una persona mantiene –en promedio- 13 secretos al mismo tiempo, 5 de los cuales nunca revelará en toda su vida.

Y se ha llegado a la conclusión de que el 60 % de esos secretos tienen que ver con dinero. Este parece ser el pecado más vergonzante. ¿Quién lo hubiera dicho? Nos resulta más fácil confesar lo adúlteros que somos que lo ricos que somos.

Mantener secretos y elegir a quien contarlos forma parte de nuestro entramado social. Si te cuento mis secretos te estoy dando la señal más clara que existe de que confío en vos. El vínculo se fortalece. El secreto compartido tiene el poder de mantener ese lazo mucho tiempo. Quizás no te soporto, pero no quiero que mi secreto esté en manos de un enemigo, así que evitaré todo conflicto con vos. Tal parece que, en nuestra cultura, el secreto es más fuerte que el amor.

Nos entrenan desde muy pequeños en este arte. El hijo de una amiga (con solo 6 añitos) me dijo una vez: «Yo sé que ustedes son muy buenas amigas. Escuché que ella te contó un secreto.» Así nos vamos domesticando para considerar el ocultamiento de la verdad como algo inofensivo y hasta amistoso.

Pero, en realidad no es tan inofensivo. La carga de mantener un secreto es tan pesada, que puede dañarnos físicamente.

El costo físico de mantener un secreto

Parece paradójico, pero intentar mantener un secreto nos hace sufrir más que comunicar lo que ocultamos.

Resulta, que la corteza prefrontal del cerebro está diseñada para que digamos la verdad. Al intentar hacer algo opuesto (ocultar la verdad), se produce una presión extra en la corteza cingulada provocando una cascada de ansiedad y temor.

A partir de allí, la fantasía negativa de «ser descubiertos», genera una descarga constante de hormonas del stress, puede provocar hipertensión y problemas gastrointestinales, una baja de la inmunidad general y hasta pérdida de memoria. El miedo persistente y el stress, intoxican, aun cuando los hayamos naturalizado. No hay pastillita que cure esto.

Si, además, la persona a la que ocultamos información es alguien querido, empezaremos a sentir que estamos siendo falsos, y -tarde o temprano- haremos algo que dañe aún más al vínculo, provocando –involuntariamente- lo que estábamos tratando de evitar: la separación o el enojo del otro.

Cuando ocultamos un secreto bravo, de esos inconfesables, hay momentos en los que «no podemos pensar en otra cosa». ¿Cómo afecta esto nuestra creatividad, nuestra conexión con las cosas buenas de la vida? ¿Cuánto interfiere en nuestra vida cotidiana? ¿Cuántas veces, por estar dándole vueltas en la cabeza a un secreto estuviste a punto de cruzar un semáforo en rojo, de pura distracción?

Todo lo que afecte nuestra atención consciente, nos enferma.

Por eso les contamos a otros nuestros secretos. Alivia esa carga y nos hace pensar menos en el asunto. Contar nuestros secretos a nuestros amigos más cercanos afloja el stress y el miedo a «pisar el palito». Es como guardar el monstruo en una celda oscura y darle la llave al carcelero para poder respirar un poco en paz.

Sin embargo, para la persona que escucha el secreto, no es inocuo. Recuerdo encuentros sociales en los que la pasé realmente mal sabiendo que podía resbalar en cualquier momento y dejar escapar el oscuro secreto que me había confesado uno de los participantes. Ser el custodio del secreto de otro te genera una cuota de tensión innecesaria y -muchas veces- inmanejable.

Y así andamos todos: llenos de pensamientos obsesivos, enredos mentales, intrigas fabuladas y situaciones de tensión. Porque esto es «lo normal».

Pero, ¿es la única manera de estar en el mundo?

La sabiduría de la Naturaleza

Como siempre, cuando busco una respuesta, acudo a la Naturaleza.

¿Existe algo en ella que nos explique la conducta del secreto en términos naturales? O para decirlo con otras palabras: ¿guardan secretos los animales?

Depende de cómo definamos secreto. Si secreto es el intento de ocultar a otro una información, entonces sí.

El chimpancé oculta sus bananas para evitar que el chimpancé más fuerte se las robe. El búho camufla su presencia para no ser visto. El jaguar le oculta a su presa que está cerca de lanzarse a devorarla. La zarigüeya se «hace la muerta» manteniendo en secreto el hecho de estar viva, para que el predador pase de largo.

Los animales ocultan información. Lo hacen constantemente, para preservarse, para defenderse, para conseguir alimento. Para sobrevivir.

Observando nuestro mundo humano, podríamos pensar que ciertos secretos son un asunto de supervivencia: si tengo un secreto que compromete a mi jefe, contarlo quizás no sea buena idea si es mi propósito mantener ese empleo.

Ahora, si el secreto que mantengo de mi jefe es un daño que está infringiendo a la comunidad, a través de actividades ilegales, ¿no es defender la supervivencia de algo mayor -la comunidad- más importante que mi situación individual?

Vivimos una cultura donde el Yo individual se erige como el foco de nuestra atención y desvelos. Lo defendemos a capa y espada. Y ni siquiera es un asunto de supervivencia física. Lo que realmente estamos defendiendo es el Yo construido, el personaje que jugamos, la imagen pública, la máscara. Algo ficcional. Una cáscara vacía.

Mantener esa construcción nos está costando energía, nos está aplastando bajo toneladas de estrés acumulado, nos tapona las arterias y nos inmoviliza en contracturas diversas.

Algo hay que hacer con esto.

3 recomendaciones para que los secretos no te destruyan

Mientras no vivamos en una sociedad donde la espontaneidad y lo auténtico tengan más valor que la pose, las apariencias y las convenciones victorianas, tendremos que acostumbrarnos a soportar cierta dosis de secretos en nuestras interacciones.

La decisión que tomemos, de mantenerlos o revelarlos, dependerá mucho de las consecuencias esperadas. No todas las verdades que revelamos tienen el mismo impacto. Es relativo a las personas protagonistas del suceso, el tipo de vínculo que tienen e incluso de la forma en que el secreto se destapa. Siempre es preferible que quien mantuvo el secreto sea quien lo comunique y no que el descubrimiento se produzca por azar o infidencia de otra persona, pero esto no es aritmética. Como siempre, es buena idea tener en cuenta el contexto en lugar de manejarse con recetas pre existentes.

En esas consideraciones, es saludable reflexionar sobre los efectos físicos del secreto. Conservarlos –como hemos visto- nos daña emocional, mental y físicamente. Contárselo a otro alivia un poco, pero le transfiere al otro esa tensión. ¿Existe una forma de lidiar con estas situaciones sin generar consecuencias para nosotros o para otros hasta tanto podamos comunicar la verdad?

Si un secreto que guardas te está torturando, te dejo aquí algunas recomendaciones de la espiritualidad natural que puedes poner en práctica:

1. Escríbelo como contándolo. Escribe una carta dirigida a la persona de mayor confianza en la que podrías pensar (puede ser un amigo o una abuelita que ya no está, puede ser tu ángel guardián o un ser de luz en el que crees). No es una carta para entregar, así que siéntete libre de escribir todo lo que sientes. Cuéntale como te hace sentir ocultar esa información, por qué lo hiciste, cómo te pesa ese secreto en el corazón. Escribe lo que quieras y cuanto quieras. Al finalizar, puedes quemar la carta. Entrega sus cenizas a la tierra, junto con un puñado de semillas para que esas energías sigan su curso y acompañar el intento de que algo fructífero nazca de todo el episodio.

2. Cuéntale al fuego. Los antiguos le contaban sus secretos al fuego. Construye un pequeño fuego (protegido y manteniendo la seguridad, por ejemplo, dentro de un cuenco que soporte el calor o en la parrilla de tu casa). Siéntate cerca y háblale, como le hablarías a un amigo. Escucha el crepitar, como una respuesta. Esta práctica ancestral trae calma al corazón y te permite despejar las tensiones energéticas de tu mente. Probablemente, mientras haces esto, el lugar de ese secreto en tu vida irá mutando, quizás hasta decidas que es mejor revelarlo. Y allí sí, una paz más duradera inundará tu alma.

3. Decide con el cuerpo. Revelar o no un secreto, cuando y como hacerlo no es algo que pueda decidir solo la mente. No existe algoritmo ni tabla que te pueda garantizar que el resultado será el esperado. La mente se enredará en laberinticos pros y contras y probablemente resuelva que cualquier decisión que tomes será equivocada y criticable. Mi recomendación es que escuches al cuerpo. Coloca tus manos en el pecho y pregúntate «¿Estoy listo para contar esto?». Respira. Siente hacia donde se mueve tu pecho. ¿Se expande? Entonces, probablemente ha llegado el momento de revelar la verdad. ¿Se contrae? Entonces, quizás es tiempo de preservar ese secreto un poco más. El cuerpo es sabio, su intuición es poderosa. Siempre pregúntale a él primero.

Los secretos, vuelan

Ciertos estudios indican que existe casi un 80 % de probabilidades de que cuando confías un secreto a alguien, esa persona se lo cuente a una tercera casi inmediatamente.

Parece que los secretos no tienen intenciones de quedarse como tales mucho tiempo. Su destino es ser descubiertos.

Quizás el sentido profundo de los secretos es que enfrentemos el desafío de expresar la verdad de quienes somos y así poder crecer como humanos. Dejar la máscara de lo que «queda bien», empezar a ignorar las miradas reprobatorias, hacer oídos sordos a los cuestionamientos, aceptar de una vez por todas que no vamos a gustarle a todo el mundo.

Tenemos una sola existencia para vivir en el presente y no vale la pena transitarla enfermos de angustia y temor, aterrados por la posibilidad de que alguien publique la foto comprometedora.

Soltar las ataduras de nuestros condicionamientos para nadar libres y despojados en el océano de la autenticidad no solo es posible: es definitivamente mucho más saludable.

 

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Un viaje desde el miedo hacia la realización del sueño verdadero.? ? 4 encuentros en tribu, 4 semanas de descubrimiento y empoderamiento.? ? Porque en mi noche oscura pude salir adelante con la fuerza de los aliados animales y las fuerzas de la Naturaleza, hoy te propongo esta experiencia con la energía del jaguar como guía para superar los desafíos y desarrollar plenamente tu propósito.? ? Si estás sintiendo que los miedos te detienen, te estancan o te paralizan, permite que este taller sea el activador de tu poder real.? ? Comenzamos el 4 de octubre.? ? Compartiremos:? ? ? ceremonias,? ? prácticas rituales,? ? actividades creativas,? ? meditaciones,? ? canciones medicina,? ? experiencias de sonido,? ? trabajo corporal,? ? ejercicios de escritura terapéutica,? ? danzas ceremoniales,? ? Inversión total: 2500 $ (moneda argentina)? ? Mas información: link en el bio o por whatsapp +5491167124526? ? ?? #chamanismo #espiritualidadnatural #poderpersonal #flaviacarrion #desafios #conciencia #energia #ritual #tamboreschamanicos #viajechamanico #sanacionchamanica #animalesdepoder #cancionesmedicina #escrituramedicina #online?

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