Una bisagra o un nudo en la garganta. Ojos verdes, metro ochenta y cinco, treinta años, leyenda de la movida de los 90 aunque su fama y metamorfosis fue warholiana, intensa y terminó rápido, es conocida en el 94 y se fue cinco años después, danza de la urgencia y de la fortuna. Para siempre ícono de un momento travesti de la política, tirando a porno, en donde irrumpe en escena montada desde el teatro de revista para saltar y quedar atrapada por la TV, la internet de ese entonces.

Hay un comienzo al final. El tema de desafiar su propia identidad mientras se hacía patente el touch and go, el sex appeal y el SIDA hacía estragos dentro del ilimitado territorio LGTB.

Sir James o Victoria Divine la primera drag queen argentina decía: «Alaska llegó con sus crenchas fucsia desde Madrid a montar el Morocco. Juan Calcarami montó esa especie de campus del placer adolescente que fue The age of comunication. Caniche estaba también cerca y había otros más. Igual yo trabajaba en cualquier sitio que me pagara bien. La querida Clotta Lanzetta me contrataba para Buenos Aires News, nada que ver con El Dorado. Mi vida era andar siempre en taxis, en uno de ellos conocí a Florencia de la V, a la que después invité a Buenos Aires News, donde aquel affaire-escandalete con el mago David Copperfield la hizo famosa de un día para el otro. Pero la esfinge era Cris Miró, siempre con esa cosa tan enigmática en la sonrisa y su glamour misterioso como de diva egipcia».

A 20 años de su último día en Buenos Aires internada durante un mes en una clínica de Caballito, su nombre se hace carne. En Hembra (Milena Caserola), del periodista Carlos Sanzol, es la única biografía de Cris Miró. En una entrevista con P12, Sanzol deja en claro el perfil de Miró, lo suficientemente hipnótica y cargada de hermetismos como para sellar definitivamente el poder de atracción.

¿Cómo era la vida antes de esa operación?

– De día chico, de noche chica. Si ves las fotos, la ves más despampanante, más del lado drag queen. Empezó en el Maipo, en el 94 cuando se pretendía que volviera a ser la Catedral de la Revista y la figura que encuentran es a Cris, que fue como chico a hacer la audición, como las que hacía en los boliches, en Confusión. Lino Patalano dio el ok para que subiera a escena. Cris no bailaba, no cantaba, nada; pero era imponente en el escenario.

¿Qué fue lo que más te costó en esta investigación?

-Encontrar gente que realmente la conociera en su intimidad. Nadie la conocía. Es un misterio. Era una persona muy reservada. De hecho su muerte tiene que ver con eso, con no contar. Creo que, entre otras cosas, se terminó muriendo por eso, entre otras causas. Oficialmente se muere de un cáncer linfático, el primero de junio del 99; es la versión que da la familia. Lo que insinuaban los medios era que el cáncer estaba asociado al HIV; que algo de eso hay. Fue una cantidad de causas más allá del HIV, que tenían que ver con el silencio, con un amor que había quedado trunco, y con exigencias que ella no podía asumir. Y con un extremo cuidado de su estética. También está el consumo de cocaína. No consumía en fiestas, sino en situaciones más de encierro, en su casa; se encerraba para tomar. No hay una sola causa, sino múltiples; y yo cuento ese proceso.

Florencia de la V aparece para reemplazar a Cris cuando tuvo la internación…

-Una neumonía en el 97. En la obra Más pinas que las gallutas. Ella hace el reemplazo de Cris. Cuando Cris vuelve se encuentra con Florencia y Florencia sigue estando en la obra, pero en otro papel. Florencia aparece envuelta en un escándalo porque en el Moroco ocurre un episodio: El RRPP del Moroco cuenta que David Copperfield se acercó a Florencia de la V y la quiso conquistar. Florencia termina en un programa de Mauro Viale. Y Viale le pregunta si tiene pito; que no eran preguntas raras para esa época. Cris en la obra hacía el papel de mujer, pero Florencia de travesti y los chistes tenían que ver todo el tiempo con sus genitales.

¿Cómo veía Cris a las mujeres para, después, ella transformarse en mujer; porque ella se consideraba mujer, no?

-Sí, ella se consideraba mujer. En todos los reportajes ella decía “Yo me siento mujer”, ése era su discurso, desde el sentimiento. Tenía una fascinación por la madre. Era una mujer muy linda, que había trabajado como actriz en una película, pero nunca supimos cuál. La madre tenía recortes de Rita Hayworth. La estética de Cris tiene algo, muy parecido, a Rita Hayworth, sobre todo en la película Gilda, que es muy icónica, ella con los guantes hasta acá. En el Maipo hace algo parecido, con un vestido de strass. La madre era un personaje central para ella, pero, a pesar de todo, fue la que tardó muchísimo en aceptarlo. La madre a los 15 años la mandó a un sexólogo. La madre le dice que, por favor, la sexóloga le explique que él es un hombre. Situaciones así… La madre termina por aceptarla cuando Cris es famosa, porque era amante de la farándula, y ve, de alguna manera, proyectado el deseo que ella nunca logró, en su hijx.

No podés no hablar de El Diego…

-Eran amigos, Cris con Diego. Quise entrevistarlo a Diego, pero no pude. Se sabe que tuvieron una relación.

¿Sexual o amorosa?

-No sé cómo llamarla, pero sí sé que fue íntima. Hay dichos, por mucha gente… De hecho, oficialmente Diego lo que le decía a todo el mundo era que quería casarse con Cris Miró; lo decía sin ningún tipo de problema. En el libro está contado que, en pleno caso Coppola, Cris tenía mucho miedo de que se difundieran los audios entre Diego y ella. Estaban como muy aterrados con eso.

Hay una conversación que encontraste…

-¿Querés venir a mi casa? Estoy toda desarreglada, dice ella. Bueno, dale, voy. Y Cris fue a la casa del Diego. La conversación termina que hay una invitación y que ella va. Hay otra anécdota que cuenta un amigo, que dice que Diego va a un boliche, Buenos Aires City. Ella está con un grupo de vedettes y se acerca el de Relaciones Públicas del boliche, y le dice: “Te está esperando Diego en una oficina”. Diego fue a pedirle que no tuvieran contacto porque estaban en pleno escándalo Coppola y no querían que ella saliera perjudicada. Entonces deciden cortar la relación, si es que la había (eso es lo que cuentan los íntimos de Cris). Ella hacía alarde de la relación con Diego. Me falta la palabra de Diego, que sería lo único que queda para confirmar todo.

En otra nota, Willy Lemos, la primera drag en una pista principalmente hétero, la de Palladium, a fines de los ’80, decía:

Sobre las travestis que se convierten en fenómenos televisivos como Flor de la V o Lizy Tagliani, ¿qué pensás?

– Como bien vos decís, Florencia de la V me parece un fenómeno. Lo bueno de eso para ella es que cumplió con su sueño: ser una diva. ¿Por qué fue apoyada por la prensa? Porque a todos ellos les vino bárbaro: era un exponente de una manera casi te diría de la derecha. Lizy Tagliani, que empezó de la misma manera, dice que hay diez mil chicas como ellas en los boliches y le vienen bien a la cosa consumista, a Tinelli. La adoro a Lizy pero lo que la gente compra no es solamente eso. A mí la gente me adora, pero no tengo la aprobación de los empresarios, porque desde el vamos yo dije que la cargada, la cámara oculta, el humor barato, no me gustan. Yo decidí no aceptar eso y tiene un precio. Tengo el respeto de la gente y sobre todo de la gente joven. Se nota cuando uno no transó nunca, y no sabés lo difícil que es. Cuando la mayoría de los críticos son gays, que son los que más crudos han sido conmigo.

Hija de un retirado de la Armada y jefe de seguridad privada, fallecido en el 95 al mismo tiempo que empezaba a explotar su fama copando la pasarela de Roberto Piazza y las tablas del Maipo, hubo una construcción de identidad que avanzó, en planos distintos, al ritmo en que las travestis se organizaron políticamente y también ocuparon el espacio mediático.

Pese a ese destape, la sociedad seguía enquistada con la mayoría de las travestis que no salían en la TV ni tenían espacio en los teatros. Lohana Berkins, una de las militantes referentes del movimiento, lo dejaba más en claro. “Para cuando ella decide en 1996 operarse las lolas, tomar forma definitiva de mujer, ya había varias miradas sobre nosotras. Hay un paralelismo entre aquella nueva Cris Miró, el afianzamiento de su identidad y la presencia fuerte de las travestis organizadas en los medios. Nosotras seguíamos siendo revulsivas para la misma sociedad que pagaba para ver a una travesti famosa en el teatro».

«No sé mi amor cómo tratarte: ¿señorita?, ¿señor?»; «Vos votaste, ¿no? ¿y en qué mesa votaste?»; «¿Cuál es tu verdadero nombre? ¿Querés decirlo?», le preguntaba Mirtha Legrand a mediados de los 90 en sus clásicos almuerzos a Cris Miró.

Y ella respondió: «Mi verdadero nombre es el que siento».

Cris Miró además decía sobre su identidad: «A pesar de que nací con un determinado sexo que hace que tenga documentos con nombre y género de hombre, lo más importante es lo que yo siento. Yo soy una sola persona, y eso es lo que a mí me importa. Eso de los opuestos lo ven los demás, yo lo vivo de una sola manera. Mi verdadero nombre es el que siento y el que quiero: que es Cris Miró.»

En 1998, canceló sus presentaciones en el boliche La Diosa y su estudio de odontología por problemas de salud, que requerían reiteradas internaciones hospitalarias. En 1999, falleció a los 33 años.

Artículo anteriorROCKETMAN
Artículo siguienteEL CÁRTEL DE LA SOJA: LLUVIA ÁCIDA Y PÁNICO EN EL COLEGIO
REGIA MAG
REGIA está compuesta por secciones cuidadosamente confeccionadas, con contenidos nuevos, seleccionados con rigurosidad y agrupados de manera clara y sólida. La visión editorial, más sofisticada y vanguardista, convive con el criterio estético y la curaduría que ya nos caracteriza como un medio transgresor y de culto.