Era un poco el test…, lo de saber si la represión policial, la fatiga y la frustración de los manifestantes lograron silenciar el movimiento de los chalecos amarillos y en filigrana, ahogar la contestación general en Francia? Todo daba para creer que este movimiento y esta protesta social sin precedentes, a pesar del apoyo masivo de la población francesa, ya se había vuelto parte del ruido ambiente en el curso de este último verano europeo. Pues no! La respuesta que enviaron al presidente francés Emmanuel Macron en este último 21 de septiembre fue clara. No solamente los chalecos amarillos parecen haber regresado inexorablemente al escenario político, pero al acercarse al primer aniversario del movimiento, la ira social se hace sentir más grande aún. Ya ni dudan en quebrar las prohibiciones en las que el gobierno francés trató de encerrarlos, además de un maltrato y un desprecio mediático feroz en su contra desde meses. De hecho, este último Acto n° 45 de la manifestación, anunciado junto con el sindicato Solidaires y la ONG alter mundialista ATTAQ, había sido prohibido por la prefectura de París en todo el territorio nacional.

Sin embargo, varios miles desafiaron las directivas del Eliseo y volvieron a desfilar. En Paris y especialmente en los Champs Elysées, la procesión de los chalecos amarillos tuvo que salir de « manifestación salvaje », aglomerados por grupos dispersos y enfrentarse con policías que bloqueaban las calles bajo la orden de dividirlos y separarlos… Si esta última movilización resultó ser menos impresionante que en el clímax de la protesta, en noviembre y diciembre del año pasado, se anuncio de forma masiva y con la novedosa particularidad de hacerse ahora mucho menos « visible », menos reconocible, en definitiva menos marcados. Por primera vez, los amarillos desfilaron en las calles sin usar su chaleco.

En el Jardín de Luxemburgo, se unieron con la ultima marcha internacional por el clima lanzada por la joven leader ecologista sueca Greta Thunberg, via el hashtag #FridayForFuture. Del lado de los defensores del clima, dieron la bienvenida a los chalecos amarillos, de ahora en más unidos por la convicción de que las desigualdades, las cuestiones sociales y el desafío climático están íntimamente relacionados e irremediablemente políticos. Prueba de la evidente maduración de un movimiento social surgido inicialmente por un aumento del precio del combustible, lo amarillo se tornó en verde y se volvió participante de todas las luchas, al unísono de una denuncia colectiva de la inacción de los gobiernos. Convergencia de colores y de luchas. « Fin de mes y fin del mundo, mismos responsables! » gritan los afiches y carteles por la capital francesa. En este sábado, la misma ira reunió a los manifestantes en contra de las mentiras y de la destrucción de las democracias. En el primer rango de la marcha, algunos grupos más radicales y partidarios de la estrategia de los black blocks fueron los primeros en desencadenar las hostilidades, en atacar agencias bancarias y grafitear las paredes con el lema « Green is the new Black ».

En reacción la represión policial fue ultra violenta, sin advertencia y sin distinción entre los manifestantes, que fueran mujeres, niños, gente de paseo, ecolo’ o no… Entre odio y gritos de pánico, nuevamente se pudo escuchar el siniestro ruido de los tiros de LBD junto con salvas de granadas lacrimógenas mandadas por las « fuerzas del orden », como allá suelen nombrar a los policías. La confusión fue total, hasta la ONG Greenpeace denunció « los tiros de gazes contra manifestantes y familias no violentas ». Este día, dentro de los 156 países y las 5000 marchas por el clima alrededor del mundo, Francia fue la única en reprimir, como si ya no se tratara de resolver el desorden sino de castigar la manifestación. Calentamiento global… Desde el comienzo del año escolar en septiembre, la actualidad de los fines de semana en París permanece decididamente social, bajo el control de impresionantes dispositivos de seguridad con casi 7500 policías concentrados en la capital cada sábado. « El orden y el desorden, son los dos peligros que amenazan al mundo », declaró el autor Paul Valery.

Mientras los algoritmos invisibles y silenciosos desarrollan su fría racionalidad numérica, aquí abajo, todo es espíritu y materia, las pasiones se encienden. « Lo digital carece de carne! », escribió Régis Debray en la última publicación de su revista Médium. A la creciente desmaterialización de los signos, de los valores y sus símbolos, responde una fuerte demanda de encarnación en el ámbito de las ideas y como de las instituciones. En Francia, esta paradoja parece formar parte de un momento espiritual y democrático más amplio, lo cual cobra vida en una respiración civilizatoria y societal, empezando por ejemplo con la noción de desobediencia civil que gana terreno en la conciencia colectiva, en nombre de un humanismo internacional y de una emergencia climática innegable. El economista y Keynesiano super star Thomas Picketti informa en su último libro Capital e Ideología, « la mitad de las emisiones de CO2 en la Tierra se deben al 10% de las personas quienes emanen lo más como también son los que más poseen, … incluso el 1% de quienes emiten lo más, todavía emiten más de la mitad de la población mundial! » Hoy en Francia, según una encuesta del diario Libération, el 49% de los franceses declara confiar primero en los ciudadanos para luchar contra el cambio climático y renovar las estructuras políticas, en comparación con un solo 15% de confianza en los estados.

Desde que nació el movimiento, el acto del 1ero de mayo resonó en Francia como la fiesta de todos los temores, al rebotar después del último discurso público de Macron a la hora de cerrar el llamado/dicho «gran debate», lo cual fue rechazado abrumadoramente por los franceses. Según los medios, 2/3 de los franceses no creían en la comedia del «gran debate». Meses después de este supuesto debate, hoy Macron da la sensación de haber recién redescubierto Francia, su propio país. En su última entrevista por el Time publicada en el 19 de septiembre, el presidente francés se atrevió a declarar « la crisis de los chalecos amarillos, de alguna forma, fue algo muy bueno para mi. Porque me recuerda quien debería ser. Me reenvía a mi mismo, para mi, el real mensaje fue « No decidimos tener algo (votar por Macron en 2017) para que nuestras vidas no cambiaran. »

En respuesta, los slogans y lemas gritados en la calle siguen siendo muy anti Macron, quien en realidad representó apenas más del 20% de los votos en las últimas elecciones presidenciales. La canción más común entre los chalecos amarillos « Estamos aquí », originalmente cantada por los trabajadores ferroviarios durante el acto 2 del movimiento, el 24 de noviembre de 2018, proclama : «Estamos aquí, estamos aquí, por el honor de los trabajadores y por un mundo mejor, aunque Macron no quiera, nosotros estamos aquí ». Si bien el apoyo a los chalecos amarillos parece estar erosionándose, no dejan de representar la única fuerza de oposición real en Francia. Con solo un 28% de opinión favorable para el jefe de estado, según las encuestas, 2/3 de los franceses consideran que Emmanuel Macron no entiende la gravedad de la crisis política y social.

A la hora de asociar el fin de mes con el fin del mundo, potencialmente lo que parece jugarse podría ser un trastorno moral de la democracia tal como la conocemos hoy, respecto del que la joven Greta Thunberg o los chalecos amarillos podrían encarnar algunas figuras. De por el mundo, por un lado los manifestantes apuntan a un cambio de poder a favor de los ciudadanos y por otro lado, en el marco democrático actual, abren un nuevo debate entre la autoridad y la libertad, un nuevo clivaje que probablemente busque rediseñar los equilibrios políticos. Desde el último discurso muy mediatizado que dio la líder ecologista Greta Thunberg en el 22 de septiembre, ¿habrán ahora dos mundos en el seno de la ONU? Sujeto de crecientes tensiones geopolíticas internacionales y disputas diplomáticas, ¿se establecerá una nueva escisión entre los países que rechazan el futuro y aquellos países que aceptan perspectivas reales de una profunda renovación de nuestros sistemas de producción y de consumo, del capitalismo financiero y más globalmente de nuestras formas de vida? Si bien Karl Marx no tuvo que encarar el panorama del cambio climático, ya recordaba que en cualquier época, « son las condiciones de la existencia que determinan el nivel de conciencia ». Hoy ante las crisis económicas y sociales, parecen triunfar o resonar cada vez más fuerte los discursos que asumen una postura anti-sistémica o más rupturista y en definitiva, los chalecos amarillos como Greta Thunberg llaman a reapropiarse de las estructuras políticas.

 

Fuentes de información

Le Monde Diplomatique, septiembre 2019 – « Le Media » en YouTube – Mediapart – http://regisdebray.com/mediologie:medium55 edición avril/junio 2018 – diario Liberation – Time https://time.com/5680174/france-emmanuel-macron-transcript-interview/ – Denis Robert – David Dufresne, « Dernière sommation » – Thomas Picketti, « Capital e Ideología»