La característica voz de la Dama de Hierro anuncia que ese año de 1983 no podrá hacer descender el elevado índice de desocupación que aflige a los ingleses. Imágenes documentales muestran lo que nosotros estamos acostumbrados a ver, indigentes durmiendo en las calles, jóvenes que han arribado a Londres esperando encontrar un trabajo y que se acurrucan debajo de cartones para atravesar la fría noche, transformados en desechos a los que la sociedad esquiva o no presta atención.

Pero hay quien se ocupa de ellos y puede darles una utilidad, poco habitual, desorbitada. Se llama Dennis Nilsen, un funcionario público de 37 años, parecido físicamente a Norman Bates pero en versión escabechada. De alguna manera, tras tomar algunas copas en un pub, los lleva a su casa, los baña, los estrangula, los pone como muñecos a hacerle compañía acomodándolos en un sillón o a su lado en la cama, en algunos casos, durante varios días. Cuando se cansa de su presencia, los desmembra: puede hervir la cabeza de alguno en una olla, enterrar una pierna debajo del piso, frizar alguna entraña, arrojar restos triturados por las cañerías.

Es un un plomero, llamado por un vecino de Nilsen, quien descubre que algo que parece carne humana obstruye las cañerías del edificio. Se advierte a la policía que, tras esperarlo, ingresa al departamento: el hedor es como un golpe en el estómago; los hallazgos, escalofriantes. Detienen a Nilsen. A poco de subir al auto que lo conducirá a la sala de interrogatorios, comenta como quien dice “llueve”, que pudo haber matado entre 12 y 15 jóvenes, asombrando a los policías.

Esta extraordinaria miniserie de tres capítulos (producida por ITV) que ha cautivado al público de su país de origen, no muestra los crímenes, nos ahorra detalles visuales espeluznantes. Es un policial psicológico de investigación, que se centra en la tarea de los policías –escasos de recursos, amontonados en oficinas iluminadas lúgubremente, pobladas de máquinas de escribir, cansados de rogar que les suministren un procesador de textos. Como en todo gobierno que aplica medidas económicas neoliberales, las reparticiones públicas se encuentran empobrecidas en su máxima expresión.

Las denuncias por desaparición de personas, de existir, tienen la exigua vigencia de 24 horas. Cumplido ese plazo, ya nadie investiga, ya nadie pregunta en los hospitales, ya nadie recorre las estaciones de trenes. Hay que ahorrar recursos, no hay tiempo para invertir en los que no cuentan y son excluidos, a menos que sea el hijo de un diplomático.

Presionado por los tabloides que hablan de necrofilia y antropofagia, una opinión pública, autoridades y miembros del gobierno que aprietan el pedal, el inspector Peter Jays, interpretado por Daniel Mays (el hijo de Vera Drake, que presta su enorme corpachón y su rostro de bebé enfurruñado), trata de sonsacarle el nombre de las víctimas al asesino que de a ratos recuerda, de a ratos calla. Sin la identidad de una de esos desdichados muchachos, la investigación no podrá ponerse en marcha.

El juego de poder y de voluntades tiene otro vértice en Brian Masters (Jason Watkins), que también interrogará al asesino para escribir su biografía y se verá manipulado por su poderosa mente.

Dennis Nilsen es un personaje de la vida real que realizó su macabra labor entre 1977 y 1983. Por lo que puede apreciarse en documentales sobre su triste figura, la interpretación que de él logra David Tennant (Broadchurch, Doctor Who) es casi una reencarnación. Ácido, seco, cortante, hierático, es capaz de contar que observaba la cocción de algún fragmento humano mientras comía una tostada sin que se le mueva una pestaña.

De origen escocés, Nilsen es uno de los asesinos seriales más cínicos que hayan existido. Siempre dispuesto a colaborar con las autoridades y su biógrafo, con la excusa de querer saber qué lo llevó a matar, delinea una tela de araña que deja pequeño a Hannibal Lecter. La miniserie crea un retrato de él y del contexto en que se originaron sus crímenes en la mejor tradición del realismo social inglés, desnudando una sociedad injusta, desigual, homofóbica, victoriosa apenas terminada la guerra de Malvinas.

Búsquenla. Es de visión imprescindible.