La catástrofe ambiental plantea la urgente necesidad de reestructurar la economía global en torno a un modelo sustentable. Sin embargo, es imperioso rechazar las panaceas que los gurúes del tecno-capitalismo nos ofrecen desde hace décadas.

Fuego enemigo

La selva amazónica está en llamas. En lo que va del año se han reportado más de 72.000 incendios, de los cuales 9.500 se iniciaron solamente en la última semana. El presidente de Brasil Jair Bolsonaro, dio luz verde este año para que el Ministerio de Agricultura delimite las reservas indígenas y naturales, expandiendo la frontera agrícola, industrial y urbana. Gran parte de los incendios en curso se encuentran convenientemente sobre el trazado del corredor bi-oceánico que unirá Perú y Brasil, pasando por Bolivia y Paraguay.

Entonces, las llamas del Amazonas encendieron la mecha de otro foco ígneo, mucho más módico y decididamente irrelevante: El de las redes sociales. Los medios apuntan contra la figura presidencial: Esta vez, el villano es racista, misógino, homofóbico y xenófobo. Esta vez, el villano también piensa, habla y luce como villano. Sin embargo, olvidamos que gran parte de los gobiernos disque-progresistas de la región- Dilma, Lula, Evo, Mujica, CFK, etc.- con sus discursos amables y sus ideologías inclusivas, también atentaron sin remilgos contra el medio ambiente, en favor de la mega-minería, el neo-extractivismo y otros monstruos. Nos olvidamos, principalmente, que ningún gobierno, se encuentre en el punto del espectro ideológico que se encuentre, cuestiona o ha cuestionado la raíz del problema, sin lo cual lidiar con los síntomas se torna cada vez más complejo y hasta imposible.

Otra vez, la culpa no la tienen solo Bolsonaros y los Trumps, imán del desprecio fácil y bienpensante, sino los humanos en general porque, según algunos ecologistas, somos muchos y consumimos demasiado.

¡Mueran humanos!

En el año 1991 Sir Alexander King y Bertrand Schneider publicaron La Primera Revolución Global, un informe para uno de los think tanks más prominentes y rodeados de suspicacias en todo el mundo: El Club de Roma. Fundado por el mismo King y el industrialista y francmasón italiano Aurelio Peccei en 1968, El Club de Roma es considerado en el ámbito académico como un grupo pionero en ecología y desarrollo sustentable. En su página 75, el informe de 1991 dice:

“En busca de un enemigo común que nos unifique, llegamos a la conclusión de que la contaminación, la amenaza del calentamiento global, la escasez de agua, las hambrunas y otros asuntos similares podrían cumplir esa función. […] Pero al designar a estos problemas como el enemigo caemos en una trampa […] que es confundir los síntomas con las causas. Todos estos peligros son causados por la intervención humana en procesos naturales y es por medio de un cambio de actitudes y comportamientos que podremos superarlos. El verdadero enemigo es, por lo tanto, la humanidad misma.”

En The Biggest Secret, su best-seller de 1999, David Icke señala el quid de la cuestión: “Los Rockefellers y los Rothschilds han manipulado al movimiento ambientalista como si se tratara de un violín. El Club de Roma ha usado la lucha por el medio ambiente para centralizar el poder y confiscar tierras. Aseguran estar luchando para “salvar el planeta” cuando en realidad es solo otro intento de control mundial y, más aun, un cenáculo atestado de gente que, se ha demostrado, están creando los problemas ambientales que dicen querer detener.”

50 sombras de verde

No es novedad que gran parte del movimiento ecologista mainstream culpa a la mera existencia humana por la debacle ambiental. Desde sus orígenes, el ecologismo y conservacionismo están, en sus versiones más funcionales a la agenda globalista, vinculados a altos miembros de la élite y a sus ideologías de control demográfico.

Un ejemplo que fundamenta las palabras de Icke es el caso del World Wildlife Fund, o Fondo Mundial para la Naturaleza. El WWF fue fundado en 1961 por varios y prominentes miembros de la élite global. Uno de sus co-fundadores fue Julian Huxley, hermano del escritor Aldous Huxley, quien en 1932 escribió Brave New World (Un Mundo Felíz), novela que para muchos es, junto con 1984 de George Orwell, una profecía del Nuevo Orden Mundial. Julian era un reconocido biólogo que abogaba por la Eugenesia y aunque criticaba las versiones más extremas, es decir abiertamente racistas, de la idelogía eugenésica, sí creía que debía limitarse la reproducción de los pobres e “irresponsables” y priorizar la las clases ricas y “responsables”.

Otro miembro fundador del WWF fue el entonces príncipe consorte de Holanda, Bernardo de Lippe-Biesterfeld, abuelo del actual rey de Holanda. En los 80’ Bernardo se vió envuelto en el escándalo del “Proyecto Lock”, por medio del cual el WWF financió en secreto un ejército de mercenarios que, se suponía, combatirían a los cazadores furtivos en las reservas naturales de Sudáfrica. Resultó ser que, las milicias mercenarias de Bernardo pasaron de infiltrar las mafias contrabandistas de marfil a formar parte del negocio, terminando por entrenar terroristas pro-apartheid para atentar contra la vida de activistas y políticos miembros del partido de Nelson Mandela.

En 2017 un reporte de Survival International señaló que paramilitares financiados por el WWF estaban cometiendo crímenes de lesa humanidad y destrucción ambiental en áreas protegidas de la cuenca del Congo. Este año, una investigación de Buzzfeed confirmó esos delitos y acusó de WWF de encubrimiento.

Otro hito que vincula la agenda de reducción demográfica con el ecologismo, es un misterioso monumento en Georgia, EE.UU. Conocido como Las Piedras Guia de Georgia (Georgia Guidestones) el megalito fue erigido en 1979 por encargo de un desconocido bajo el pseudónimo de R. C. Christian. La mole de piedra, de casi 6 m de altura, se encuentra a 140 km de Atlanta, tiene tallado un decálogo en 8 idiomas modernos y un mensaje más corto en 4 lenguas de la antigüedad.

La primera y la última de sus máximas son, a mi entender, las más “jugosas”: Mantengan a la humanidad siempre bajo 500 Millones en perpetuo equilibrio con la naturaleza y No sean un cáncer en la Tierra ¡Dejen espacio a la naturaleza, dejen espacio a la naturaleza!

Problema, reacción y solución “verde”

El frondoso prontuario de los ecologistas pro-establishment no termina ahí. El impacto de los chalecos amarillos franceses dejó a la vista que muchas de las políticas pseudo-ambientalistas, como impuestos ecológicos y racionamientos varios, solo pretenden ajustar las tuercas del sistema en favor de las corporaciones sin solucionar las causas de fondo. En la misma sintonía están los nuevos “bonos verdes”, que financian la energía renovable succionando fondos de los sistemas previsionales del Commonwealth Británico.

El esquema delineado por David Icke de Problema-Reacción-Solución, u Ordo Ab Chao (Orden por medio del Caos)- motto latino del grado 33 de la Masonería- se cumple a rajatabla. La élite produce los problemas buscando generar una reacción de psicosis colectiva en el público. Esa reacción predispone a la población a la renuncia de derechos, soberanía y recursos. El tandem mediático esparce la versión oficial de los hechos, culpando al chivo expiatorio o a la entelequia de ocasión. Entonces, la élite ofrece la “solución” al problema que ellos mismos crearon, siempre favorable a sus intereses de concentración de poder y recursos. Por eso, resulta sintomático que quienes, como Ted Turner, más machacan con esta filosofía son quienes más acumulan tierras, recursos y poder.

Como reza un artículo de Red Voltaire, titulado Reducir la población para luchar contra el cambio climático: “Después de comprobar las dificultades que la población mundial está enfrentado en su medio natural, Jonathan Porrit (líder del Partido Verde Británico) no ha llegado a la conclusión de que se impone una revisión a fondo de la sociedad de consumo sino de que se hace indispensable reducir la población mundial a la mitad. […] El problema del calentamiento global como causa del cambio climático es en definitiva un aspecto secundario de este debate. Lo esencial es que se trata de un renacimiento del maltusianismo.” Cualquier parecido con Thanos y sus Gemas del Infinito no es en absoluto una coincidencia.

Desde esta perspectiva, Bolsonaro y la catástrofe amazónica son la exacerbación de un problema manofacturado a medida cuya solución “mágica” nos vienen ofreciendo hace mucho aunque ya sepamos lo que implica. Eliminar humanos no solo es éticamente reprobable, sino desde el punto de vista pragmático, ineficaz. El problema no es la “naturaleza humana”, algo tan inasible como atado al devenir histórico, tampoco el número de humanos ni, en menor medida, los líderes y sus ideologías. El problema es el comportamiento predatorio de un sistema basado en la maximización de ganancias y el “crecimiento perpetuo” a ultranza. Ese problema, que se llama capitalismo, está siendo cuestionado únicamente por los verdaderos ecologistas.