Bocinas, bombas de estruendo, vidrios rotos, helicópteros sobrevolando. El soundtrack de Quito irradia tanta tensión como vértigo político. El descontento popular por un gobierno que no cumplió sus promesas y una inflación que golpea a la población, finalmente llega a un acuerdo de paz, pero nadie sabe por cuánto tiempo.

De paso circunstancial por la capital de Ecuador, el clima que se vive por estos días amenaza con continuar el paro general de casi tres semanas, a pesar del encuentro entre el ministro de Gobierno, Francisco Jiménez; el secretario de la Administración Pública, Iván Correa y el titular de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), Leónidas Iza, en el cual prometieron regresar a una mesa de diálogo a pedido de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, que se ofreció de mediadora.

Los reclamos no son solo por el precio del combustible. “Esta movilización es por la reivindicación de nuestros derechos y por la crisis económica -explicaba Iza a los medios Internacionales- pero también hemos visto cómo el Gobierno intenta instalar el tema de la violencia, del vandalismo, convirtiendo al movimiento indígena en un enemigo interno dentro de la sociedad”.

Leónidas Iza estudió ingeniera ambiental en la Universidad Técnica de Cotopaxi, y antes de llegar a ser líder de Conaie fue presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC). Sus ideas están ligadas al mariateguismo, derivado de la obra del pensador peruano José Carlos Mariátegui, que vincula al marxismo con el indigenismo.

De acuerdo con el sitio web de la Conaie, Iza es miembro de la nacionalidad kichwa y forma parte del pueblo panzaleo.

 

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Que la Conferencia Episcopal sea la institución que garantizará la paz no es algo casual. Ecuador es un país profundamente católico, donde la religión se respira en cada diálogo. La cantidad de Iglesias de Quito por metro cuadrado es una de las mayores del mundo. En total son 60 iglesias, capillas, monasterios, conventos y salas capitulares. “La culpa no es del presidente, es nuestra, porque no le hacemos caso al de arriba. Tengo una tiendita pero ni la abro, porque no hay a quien venderle. Como dos veces por día, agüita de canela y arroz. La gente no entiende que si seguimos así el señor va a venir y va a recoger su iglesia”, explica un ciudadano en el mercado popular.

El proceso histórico ecuatoriano comienza con la Revolución Alfarista de 1895, fruto de la lucha de indios, cholos y negros. Todo un pueblo que formaba fila en las “Montoneras Alfaristas”. Eloy Alfaro permitió la apertura del marco institucional del estado, y la iglesia dejó de ser el ente ideológico de control. Pero su poder continúa.

A pesar de la Paz anunciada, por las ventanas del hotel siguen sonando algunas bombas y las barricadas con fuego todavía arden en algunos puntos de la ciudad. Que uno de los principales reclamos sea el aumento del precio de la gasolina resulta una paradoja, cuando ese mismo combustible es utilizado para poder alimentar la llama en la mayoría de esos cortes de calles, puentes y túneles.

“Esto no tiene nada que ver con la gasolina. Acá no hay trabajo y no hay plata. No estoy de acuerdo con esto que están haciendo”, dice un vendedor del puesto de fruta. “Está todo caro. No me alcanza el sueldo. No hay trabajo. Se come poco. Solamente arroz. Y al mediodía arroz y a la merienda arroz. Esto está muy duro. El tomate está caro, la lechuga está cara. Todo está caro. Antes comía carne frita, chuleta, pero ahora no hay nada de eso. No se hasta cuando vamos a aguantar esto. No hay billetes, no hay negocios”, explica otro ciudadano en el mercado. “Yo me hago mi agüita de Jamaica y almuerzo arroz de cebada. Carne y pescado no hay”, apunta una señora mayor.

El reclamo por los aumentos tiene una cláusula que apunta a la gestión, con la incapacidad de los entes controladores de velar por los precios. “Que venga el intendente y que vea las pesas. Acá no hay nada raro. En el cielo no hay nada. Solamente bendición”, explica un vendedor de carne mientras pesa un corte en una balanza que, según los clientes, está adulterada.

La otra gran problemática es la inseguridad y el aumento de la delincuencia. En la televisión muestran un informe sobre la destrucción de cámaras por la madrugada. “Esto está duro. ¿Que hacemos con los pillos? Hay que darle palo. Ellos son los que dañan la ciudad y por ellos pagan justos por pecadores. Ellos consiguen su moto y la usan para delinquir, para hacer cosas malas. Hay que ignorarlos para que se alejen. Mucha delincuencia, mucho fumón en estos mercados informales”, señala un cliente la feria. “Ellos vienen todos los días y se meten en las casas. Yo soy un comerciante que trabaja y la gente es unida. Pero estos pillos vienen de otros lados, vienen del fondo . Aquí la gente es unida. Al pillo se le da golpe y se lo lleva a la policía”, señala el dueño de un local.

“Hay tricimotos que no pagan la licencia y están delinquiendo. Se ve mucha delincuencia. Lo dejamos en las manos de las autoridades y de Dios, que todo lo ve y todo lo sabe”, apunta el chofer de uno de estos vehículos utilizado para el transporte de pasajeros. “Los pibes del barrio son mascotas. Los grandes pillos tienen traje y corbata”, agrega.

En el comedor Patrón Santiago, de Guayaquil, unos sujetos ingresaron a un local de comidas y mataron de un balazo a un amigo del dueño. “Aquí no hay ni un policía que Patrulle. El otro día hasta una señora terminó baleada. Ahí dónde está la camioneta llego un tipo armado. Ahí se ve el hueco de la bala”, dice y señala una parrilla. “La bala sale por ahí y llega hasta ahí”.

Y en ese punto es donde se confunden las miradas y las condenas entre quienes reclaman y quienes cometen delitos. O ambas cosas. Los infiltrados son personas no identificadas de las fuerzas de seguridad. “Pero también hay infiltraciones de algunos grupos delincuenciales, que muchas veces no quieren luchar, sino que se aprovechan de la lucha para generar caos, saqueos, como se ha visto en algunos vídeos”, continúa explicando Iza.

“En las estructuras organizativas donde hay control no se provocan desmanes. Cuando la organización está mezclada con el resto de la población que también se está manifestando, aparecen grupos delincuenciales e infiltración de la misma fuerza pública, las mismas FFAA que son las que provocan lanzando piedras, enfrentando físicamente, levantan los ánimos de los manifestantes. Por eso hemos dicho para no generar condiciones de enfrentamiento, es importante controlar a los miembros que están dentro de las estructuras organizativas de las comunidades y no permitir infiltraciones, con eso garantizamos una lucha mucho más pacífica”, añade el líder. Una lucha que continúa y que por ahora solamente se mantiene en suspenso. Y si nos ponemos todos de acuerdo, llegará la paz.